Hay una señal que indica que cuando el peatón pasea o corre por un carril asfaltado, sea en la Casa de Campo, sea al lado de un carril bici, tiene prioridad.
Esto quiere decir que los vehículos, de dos ruedas o más, no pueden superar los veinte kilómetros por hora (20 Km/h) y que deben aminorar la velocidad, incluso parar, y dejar pasar a las personas que andan o corren.
Para hacer caso a este aviso es necesario tener una conciencia humana, un pensamiento honrado y una actitud educada en la humildad. Humanidad, honradez y humildad son valores que no entran dentro de nuestro sistema de consumo.
Cuando corro desaparezco, me cruzo con ardillas, búhos, pájaros variopintos, conejos, cigüeñas, rapaces haciendo vuelos rasantes, zorros confiados, insectos transparentes, y, cómo no, con seres humanos.
Una especie más, la humana, dotada de una inteligencia superior, que es tan soberbia que incluso se cree capaz de encontrar el sentido de la vida y lo que hay detrás más allá de ésta.
Sé que es difícil, duro, y triste aceptar que solo somos una especie más, que no somos más que las que he citado anteriormente, pero es lo que hay.
Como dije un día cualquiera en una tienda de frutos secos de la calle Illescas, en Aluche, Madrid, cuando me dijeron que estaba muy bien para los años que tengo, o que no los aparentaba, «tengo malas noticias, todos y todas vamos a morir».
Hace unos días, un conocido me dijo que en mi vida no había nada que no tuviera un «pero». Al principio no entendía nada. Luego deduje y traduje que en todo aquello que me pasa siempre hay algo malo.
Yo podría contar y publicar, si tuviera tecnología, lo bueno de mi vida sin ningún «pero», PERO sería faltar a la verdad.
Los «peros» sirven para que el ego no te invada y te destruya, haciendo olvidar que somos seres comunes y vulgares. También valen para que la empatía no se desvanezca por el desagüe del olvido.
El ser una persona honrada, humilde y humana también va en contra del consumo, y eso a este sistema capitalista no le gusta nada. Ser realista, que no pesimista, tampoco contribuye a la compra compulsiva de objetos, que no sirven para nada, salvo para competir contra seres iguales a ti.
En las diferentes reuniones sociales de ciudadanos de países desarrollados las conversaciones se basan en temas personales. A mí particularmente me parece aburridísimo hablar de mí o sobre mí, como soy, como vivo, lo que hago, el trabajo que desempeño, y lo que tengo o dejo de tener.
Me gusta conversar sobre el mundo, su funcionamiento, y de cómo cada día las élites nos aprietan más las tuercas y convierten nuestros débiles derechos en grandes privilegios. Pocas veces tengo la oportunidad de llevarlo a cabo. Inmediatamente, a las pocas palabras, me dicen que todo lo llevo a la política, y que aburro.
Lo entiendo. Mola más despellejar al que no está, o disfrutar, del último chisme, sabiendo que hay personas que están peor que tú, e incluso mucho peor que tú.
El peatón debería tener prioridad en todos los rincones del mundo. Manda el mercado. La mayoría de la población que se puede quejar está a favor de que exploten, opriman y destruyan a su igual.
Dentro de poco tendré que pagar por entrar a pasear o correr por los parques y jardines de mi ciudad.
Las privatizaciones y subida de tasas no las impondrán los gestores políticos, de derechas y ultraderecha, que representan los intereses de los oligarcas.
La esclavitud, la pérdida total de derechos y justicia social para el pueblo, serán impuestas por los gestores políticos, de izquierdas y ultraizquierda, que están al servicio de los amos del mundo.
La ciudadanía, la principal culpable por omisión, no hará nada al respecto, porque su ego seguirá alimentado y cegado por los logros de carácter individual y material.
Al escucharme decir que en el primer trimestre de este año han muerto más de 300 trabajadores por accidente laboral, un compañero de trabajo se quedó parado, observando sorprendido.
Continué diciendo que al año mueren más de 1000 personas en el tajo, y que se suicidan más de 4000. Se hizo el silencio. Imagino que estos son los «peros» que hacen que mi vida no sea plena y feliz.
Para rematar, añadí, que el ataque más cruel contra la clase trabajadora, más conocida como clase media, ha sido obligarla a trabajar hasta los 67 años, y que esto no lo habían hecho los fascistas, si no el gobierno de coalición más progresista de la historia,
La respuesta, la misma de siempre, que todo lo llevo a la política, y que soy un amargado, cuyos «peros», a la vez que demuestran mi insatisfacción, tiran por tierra los castillos de arena situados en los mundos de Netflix donde viven los trabajadores dichosos de nuestro entorno.
Voy a ser positivo. Venga, no pasa nada. Tranquilidad. No tendremos señales de Prioridad Peatonal. Nos pasaremos por encima los unos a los otros, PERO seremos felices. Esas señales, que antes indicaban urbanidad, solidaridad y empatía, mostrarán a unas personas con más derechos que otras, debajo de un letrero, que pondrá en letras grandes, ¡PRIORIDAD NACIONAL!
