Aquí estoy,
llamo a tu puerta
y me presento:
soy la humanidad,
que te mira al rostro y te pregunta,
¿qué hay de tus vecinas?
¿qué necesitan? ¿qué precisan?
¿acaso sal, amor, un huevo, cariño,
escucha, cuidados, almohada o techo?
Aquí estoy,
Toc, toc, soy yo
la humanidad,
que te mira al rostro y te pregunta,
¿qué hay del que camina
condenado a andar sin manta?
¿qué hay del que migra,
como ave voladora
que busca cobijo
y mijo?
Toc, toc, soy yo
la humanidad,
que te mira al rostro y te pregunta,
¿qué hiciste por él,
por ella?
¿Qué hiciste?
¿Miraste sus ojos,
sus manos y su boca?
¿Escuchaste los latidos de su corazón,
esa música interna
que invita a una danza en paz
e interminable por la vida?
¿Le has visto bien?
¿Me has visto bien?
¿Tocaste mi mano,
y me arropaste,
o me condenaste
al abismo del olvido,
al vacío
de estar sin existir?
Aquí estoy,
toc, toc, aquí estoy de nuevo,
una y mil veces,
llamo a tu puerta
y me presento y no me canso:
soy yo,
la humanidad, que insiste,
que salta las fronteras
y borra con sus pasos
las líneas que separan
aquí y allá,
la mentira ramplona,
la idea que aísla
tu corazón del mío
y nos impide bailar en paz
la danza interminable de la vida.
Aquí estoy,
soy yo,
la humanidad que habla,
la humanidad que grita,
la humanidad que lucha,
engendra vida
y saca un tallo de hojas imposibles
en el hueco de las botas viejas
de un caminante
que soñó
otro mundo posible,
y proyectó su risa sobre el tiempo.