En la anterior entrega vimos un plano general de la oposición al franquismo. En este capítulo, y en los siguientes, pormenorizaremos sobre los distintos grupos que protagonizaron el espectro antifranquista: partidos políticos, maquis, movimiento obrero, estudiantes, mujeres, protestas ciudadanas, y entidades religiosas.
En el capítulo que nos ocupa hablaremos de la oposición presentada por los partidos políticos y los sindicatos. Hemos entendido como tal también a los monárquicos próximos a Juan de Borbón, que, aunque no crearon propiamente un partido político sí puede considerarse que fue un movimiento organizado.
Partido Comunista de España (PCE)
Como no podía ser de otra manera comenzaremos por el principal partido de la oposición antifranquista; ya que fue el más organizado, el que protagonizó más actuaciones, y prácticamente el único que se mantuvo ininterrumpidamente hasta la muerte del dictador.

La primera reconstrucción del PCE comienza desde el mismo momento en que termina la guerra hasta diciembre de 1939. La protagonizan militantes que se habían quedado en España sin seguir ninguna de las directrices que surgían de los dirigentes exiliados. El primer núcleo organizado fue en el campo de Albatera, lo dirigía Jesús Larrañaga Cuenca, siendo su principal cometido servir a los camaradas que estaban en el campo y sacarlos del mismo [1]. A esta inicial reorganización siguieron Madrid, con especial protagonismo de Matilde Landa hasta su detención el 4 de abril de 1939; fue detenida por el infame Roberto Conesa Escudero, que llegaría a ser jefe de la Brigada Político Social. Tras Madrid seguiría la labor de reconstrucción en otras capitales y zonas de España.
Como ya mencionamos, en el capítulo anterior, el PCE intentó organizar la oposición antifranquista. Bajo esta premisa el 1 de agosto de 1941 el PCE propuso la creación de una Unidad Nacional de todos los españoles contra Franco, los invasores italo-germanos y los traidores. A partir de ahí se creó en México en febrero de 1942 la Unión Democrática Española (UDE), en el que se integraron el PCE, los negrinistas de UGT y PSOE, y a nivel personal algunos militantes de Izquierda Republicana (IR), Unión Republicana (UR), Partido Republicano Federal (PRF) y la Unió de Rabassaires. Poco duró el intento porque en febrero de 1943 la UDE fue disuelta.
Sin duda la mayor apuesta por una unificación de las fuerzas antifranquistas fue la Unión Nacional Española (UDE), Creada en Francia en 1942 por Jesús Monzón. Posiblemente si no llegó más lejos la UNE fue por la propia oposición dentro del PCE que tuvo la figura de Jesús Monzón.
Una cuestión paradójica es que el número de militantes del PCE crecía de manera proporcional al aumento de la represión. El testimonio de Antonio Sastre López apoya la anterior aseveración: Mis primeras noticias de la existencia del PCE fue cuando comencé a trabajar de chapista. Era el peor partido que podía querer el régimen. Era una injusticia, el pueblo pasando hambre, decían que se vivía mejor en otros sitios. Una noche empezaron a tocar el ¡Cara al Sol! Y no salimos a cantarlo, no nos dimos cuenta. Entraron ocho falangistas en mi casa y empezaron a pegar a mis padres, a mis hermanas y a mi. Yo tenía catorce años. A mi hermana de 18 meses la cogieron por un pie y le encañonaron con una pistola la cabeza, diciendo que era un engendro rojo. Eso no podía olvidarlo. A mi me hicieron comunista los falangistas [3].
La política del PCE fue variando conforme avanzaban los años. Al principio mantenía a ultranza del mantenimiento de la Constitución republicana, y de su gobierno. Cambió en septiembre de 1942 cuando propuso la celebración de unas elecciones para formar una asamblea constituyente que elabore la carta constitucional que garantice la libertad, la independencia y la prosperidad de España. Posiblemente el PCE fue el primero en darse cuenta de que había que llevar a cabo una nueva táctica de oposición; cambio que había anunciado cuando en 1948 decidió que la lucha debía centrarse en las condiciones de vida de los españoles. Bien es cierto que no sería hasta mediados de los cincuenta cuando está táctica se llevó a la práctica de forma consistente.
Disidencias internas y purgas

No fueron pocas las disidencias que se produjeron entre los militantes en el interior y los dirigentes establecidos fuera del país. Hablaremos de los que consideramos más importantes. Pero antes de hacerlo es importante señalar que el principal actor de las acusaciones de traición, la mayoría infundadas, y las depuraciones, incluyendo el asesinato, en su mayoría injustas, fue Santiago Carrillo.
Timoteo Ruiz Sánchez [4] habló sobre estas purgas: En el partido se usaban métodos sectarios y estalinistas que luego hemos conocido […] Se hizo mal contra muchos militantes que eran muy buenos combatientes. Aquellos que tenían menos penas y planteasen ante el partido que querían denunciar a los tribunales militares era suficiente para separarlos del partido: Las comisiones de depuración ante hombres que habían dedicado su vida al partido [no eran justas][5].
Uno de estos represaliados fue Heriberto Quiñones González, personaje muy controvertido[6] y esposo de Aurora Picornell[7]. Ya estando en prisión en 1939 defendía que había que crear una dirección en el interior, ya que los dirigentes del exterior no conocían la verdadera situación que se vivía en España. A finales de 1941 llegó a Madrid donde comenzó a reunirse con antiguos camaradas para reorganizar el PCE.

Quiñones se autodenominó «máximo responsable y organizador nacional»[8] El 17 de agosto de 1941 el Buró Político de Quiñones lanzó fuertes críticas a la dirección exterior. Quiñones fue detenido el 30 de diciembre de 1941 y ejecutado al 2 de octubre de 1942 junto a Luis Sendin, su mano derecha, y Ángel Garvin.
La dirección del PCE en el exilio acusó a Quiñones de traidor; según ellos había delatado a un grupo de camaradas enviados por la dirección del PCE en México y que se encontraban en Lisboa. Era una gran mentira, como se demostró más tarde; además de traidor fue acusado de trosquista. Santiago Carrillo escribió en 1950 en Nuestra Bandera que Quiñones había colocado en su grupo dirigente a «agentes de la policía, como el traidor Ibáñez, que es convertido por él en responsable de organización». Otra más de las falacias de Carrillo. La información que dio Agustín Ibáñez a la policía fue obtenida tras ser salvajemente torturado. Otro que metió mucha cizaña contra Quiñones fue Francisco González Montolin, que incluso planeó asesinarlo con la ayuda de Jesús Bayón[9].
Otros depurados y vilipendiados por el PCE, fueron Jesús Monzón organizador del PCE en Francia y posteriormente en España y principal impulsor de la invasión del Valle de Arán. Monzón también fue acusado de todo y salvó su vida, paradójicamente, al ser detenido por la policía, ya que la sentencia de muerte ya la habían dictado dirigentes del PCE, según Líster; la Pasionaria y Carrillo. Su compañera en la reorganización del PCE en Francia y España, Carmen de Pedro, de ella dijo Carrillo que «que era un ser enfermo moralmente».

La otra persona que colaboró con Monzón fue Gabriel León Trilla. León Trilla había sido uno de los fundadores del PCE en 1921. En 1932 fue expulsado del partido porque, supuestamente, no era fiel a la Internacional Comunista, fue readmito durante la guerra civil[10]. En la primavera de 1945 se le ordenó, como a Monzón, que fuera a Francia, orden que León se negó a cumplir. El 6 de septiembre de 1945 León Trilla fue apuñalado por dos miembros de la guerrilla urbana de la zona centro que dirigía Cristino García Aranda.

El profesor Fernando Hernández Sánchez[11] da con la respuesta al porqué de las distintas visiones que había en el PCE de cómo ejercer la oposición contra el franquismo: « Es la historia de las distintas maneras de ser un comunista español en el meridiano de los años cuarenta. No es lo mismo serlo en Madrid, sometido a la amenaza constante de la caída, las torturas, el juicio sin garantías y una muy probable condena a muerte o a largos años de reclusión, que, en Moscú, en el marco de un socialismo campamental, sujeto a un cóctel de sensaciones encontradas en el que se mezclaban fidelidad, gratitud y una gradación variable de frustración obligadamente silente. No era igual ser comunista en México y contemplar los acontecimientos desde la tertulia de una café del Distrito Federal que refugiarse en un «chautier» del Pirineo francés, rendir a una columna alemana en la Madeleine o manejar una multicopista entre las paredes toscamente insonorizadas de una nave clandestina en Carabanchel. Como el propio Hernández Sánchez señala[12] había « Un partido, tres direcciones y media: México, París, Moscú y el interior».
Los años cincuenta
Un grave problema del PCE es que, tras las purgas efectuadas contras los críticos, continuaba aferrado al estalinismo. En el V congreso celebrado en Praga en noviembre de 1954 se constató que casi la mitad del Comité Central elegido durante la guerra civil habían sido expulsados o lo habían abandonado. En este congreso se aprobó la creación de un Frente Nacional Antifascista, del que formarían parte todos los vencidos de la guerra y los disidentes del franquismo.
A partir del XX congreso del PCUS, celebrado en febrero de 1956, se fue abandonado el estalinismo y se comenzó a alinearse con las teorías de Nikita Krushchev. Tras el pleno del Comité Central del PCE celebrado en ese mismo año, fueron apartados antiguos dirigentes como Vicente Uribe[13].

Los dirigentes apartados fueron sustituidos por hombres provenientes de las Juventudes Socialista Unificadas (JSU) como Santiago Carrillo, Fernando Claudin, Ignacio Gallego o Gregorio López Raimundo. Ese mismo año el PCE lanzó un manifiesto «Por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español». La estrategia a seguir era potenciar la contestación social hasta llevar a cabo una huelga general que hiciera caer al franquismo. Mucho éxito no se puede decir que tuviera con esa iniciativa. El PCE hizo dos convocatorias de huelga que fueron un auténtico fracaso: la Jornada de Reconciliación Nacional del 5 de mayo de 1958 y la Huelga General Pacífica del 19 de septiembre de 1959. Tras esta segunda convocatoria fueron detenidos Simón Sánchez Montero y Julio Cerón líder del FLP[14].
Carrillo se negó a admitir el fracaso de ambas convocatorias, porque como apunta Sergio Villa[15]: «admitirlo honradamente habría supuesto presentar su dimisión o, por lo menos, renunciar a su gran ambición: desplazar a Dolores Ibarruri de la secretaría general del partido y ocupar él este puesto».
Según Claudin[16]: « […], redactó una Declaración del Partido Comunista de España sobre la huelga nacional donde llega a extremos delirantes, nunca igualados en documentos del PCE ni antes ni después, en el arte de presentar como hechos fehacientes lo que sólo existía en el deseo de sus autores».

Lo que sí consiguió la huelga fue una dura represión policial liderada por la Brigada Político Social. Entre los detenidos Luis Lucio Lobato que, junto a Simón Sánchez Montero, dirigía el PCE en el interior. Ambos fueron torturados salvajemente[17]. Luis Ucio fue condenado a 14 años y Simón Sánchez Montero a 20, otros condenados comunistas fueron: Euliquio Tudela, 2 años; Eduardo Reviejo, seis meses; y José Nicolás, un año.
A partir de estos momentos la oposición se canalizaría, sobre todo, en la infiltración en el sindicato vertical de miembros del partido en calidad de enlaces sindicales. Pero esto escapa del espacio temporal de esta serie de artículos.
Bibliografía mencionada
- ALCÁNTARA PÉREZ, Pablo (2020): El águila gris: la policía política durante la dictadura franquista en Asturias y Madrid (1956-1976), (TESIS)
- FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Carlos (2017): La reorganización y la oposición del PCE al franquismo (1939-1946), Madrid (Tesis doctoral)
- FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, Carlos (2020): Los otros camaradas. El PCE en los orígenes del franquismo (1939-1945), Zaragoza.
- FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ Carlos, VALIENTE OTS, Mauricio y VEGA SOMBRÍA, Santiago (2021): Comunistas contras Franco, Madrid.
- HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, Fernando (2015): Los años de plomo. La reconstrucción del PCE bajo el primer franquismo (1939-1953), Barcelona.
- VILLA, Sergio (1986): Franquismo y antifranquismo, Barcelona.
[1] Ver Fernández Rodríguez, 2017: 95 y ss.
[2] Tras pasar por varias prisiones, no aguantó la presión que ejercieron sobre ella las mujeres de Acción Católica para que se convirtiera al catolicismo. El 26 de septiembre de 1942 se suicidó arrojándose al vacío desde una galería de la prisión de Palma de Mallorca.
[3] Citado por Fernández Rodríguez, 2021: 47.
[4] Participó en el maquis francés y en la guerrilla antifranquista.
[5] Citado Fernández Rodríguez y allts. : 77-78.
[6] Ver Fernández Rodríguez, 2020: 286 y ss.
[7] Ejecutada en 1936, estando embarazada, por un grupo de falangistas.
[8] Ver Fernández Rodríguez, 2020: 295.
[9] En una carta posterior dirigida al Comité Central se desdijo de sus acusaciones.
[10] Ver Sánchez Tostado, 2025: 146, nota 183.
[11] Hernández Sánchez, 2015: 8-9
[12] Hernández Sánchez, 2015: 45
[13] En la defenestración de Uribe tuvo mucho que ver la Pasionaria, de la que Uribe había sido su mano derecha. Dolores Ibarruri pactó con Santiago Carrillo la destitución de Uribe, dejándolo completamente solo dentro del seno del Comité Central.
[14] El FLP se creó en septiembre de 1958 bajo la dirección de Julio Cerón, Ignacio Fernández de Castro y José Ramón Recalde.
[15] Sergio Villa: 68.
[16] Citado Villa: 68.
[17] Alcántara: 220-223.
