Un milenio de silencio por los campos nazis de Mauthausen-Gusen

El mal nunca es banal

Campos de concentración del mal 
de Mauthausen y de Gusen:
mataderos sacrificiales, exterminio
por condición judía o por causa antifascista,
de los pueblos libres de Europa
para los que el mal nunca es banal.

Trabajos forzados en régimen de esclavitud en la cantera de la extenuación:
cargar grandes piedras de granito más pesadas que la supervivencia
subiendo ciento ochenta y seis escalones por la escalinata de la muerte
hasta despeñarse por el suicidio inducido o por el sadismo acosador
como las púas y las descargas de los muros eléctricos de alambre.

El mal era una explotación, el mal nunca es banal.

Celdas de castigo y de tortura hasta asesinar de hambre, sed y desespero.
Flagelaciones hasta matar la carne viva con el látigo de la violencia y de la humillación.
Duchas heladas y sumergimientos prolongados hasta la extinción por hipotermia.
Masificación infrahumana hasta minar toda convivencia y dignidad.
Divertimentos de crueldad inconcebible hasta en el peor infierno imaginable.

El mal era un terrorismo, el mal nunca es banal.

Fusilamientos selectivos, tiroteos masivos y ahorcamientos individuales.
Inyecciones letales para ahorrar el esfuerzo de liquidar a golpes.
Experimentos médicos y sangrado de cuerpos para aprovechar su sangre.
Cámaras de gas móviles en camiones con tubo de escape dirigido al interior
y cámaras de gas extáticas donde se agonizaba en grupo hasta asfixiarse.

El mal era una economía, el mal nunca es banal.

Decenas de miles de presos mal acondicionados
para fabricar armas, municiones y piezas de metal
o explotar minas y canteras mientras eran útiles,
y después inmolados como material de deshecho,
incluyendo mujeres violentadas y criaturas famélicas.

El mal era un negocio, el mal nunca es banal.

Miles de antifranquistas atrapados en Francia,
enfermados, torturados, asesinados
y cercados con muros de horror y alambres de espino
en el llamado campo de los españoless en Austria,
pese a ser apátridas por estar su patria usurpada.

El mal era un saqueo, el mal nunca es banal.

Desde mil novecientos cuarenta, portaban
el triángulo azul con tres lados de esperanza:
la de la independencia, la de la justicia y la de la libertad.
Estaban en el campo irreductible de los con razón tachados
de enemigos políticos incorregibles del Reich Alemán,
contra el que desde mil novecientos treinta y seis
habían sido los primeros en luchar.

El mal era una invasión imperialista, una conquista calculada,
el mal nunca es banal.

Se cuenta que, cuando murió el primer resistente español,
sus solidarios compatriotas, ya bien organizados,
guardaron un minuto de silencio. Ellos hicieron y escondieron
las fotos de la infamia y ellos recibieron a los aliados con la pancarta
“Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”.

Resistieron porque sabían que el mal
siempre comienza por combatir la esperanza,
que el mal nunca es banal.

Solían guardar un minuto de silencio irredento
por cada victima de la más absoluta barbarie del nazismo.
Por eso yo ofrezco ahora un milenio de silencio
por cada resistente que luchó con esperanza
sabiendo que el mal, como el bien, nunca es banal.

https://www.youtube.com/watch?v=Iq_l4v5ddJs&t=6s&ab_channel=LaPeque%C3%B1aEspa%C3%B1aenParis

(Poema recitado en gallego y francés por Claudio Rodríguez Fer y María Lopo el 5 de mayo de 2025, en el cementerio Père-Lachaise de París, ante el monumento a los republicanos españoles internados en los campos de concentración nazis, con motivo del 80 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Mauthausen-Gusen, conocido como Campo de los Españoles porque en él fueron internados miles de exiliados del fascismo como apátridas, al no ser reconocida su nacionalidad por el régimen franquista)

Claudio Rodríguez Fer
Claudio Rodríguez Fer
Escritor y director de la Cátedra Valente de Poesía y Estética de la Universidad de Santiago de Compostela

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