Zapatos castellanos
ocupan tus calles.
Te dejas calzar
Madrid,
te dejas calzar
por horma de lujo
cuando ejecutan desahucios
los fieros lacayos de los amos
y no opones.
Madres con sus hijos,
ancianas desechadas,
mujeres rotas,
jóvenes sin techo,
aulas sin calor,
escucho voces que gritan
la intemperie
con un dolor desesperado
en medio de tus calles.
Escucho las protestas
y me uno a ellas.
Las oigo, las comparto,
aprendo sus lamentos,
repito a voz en cuello
y desgañito injusticias,
repito y las desgrano
en la calle que cruza
hacia una acera vacía de esperanza.
Duele esta ciudad descalza
que no opone,
mientras la calzan
herederos de sombríos señoríos,
fascistas con dinero,
mangantes y usureros,
amantes de la inversión sin riesgo,
buitres de la especulación sin rostro
que acumulan fondos
en un saco sin fondo
de odio desatado.
¡Despierta Madrid!
¡Te están robando la salud,
la escuela, el techo y la esperanza!
¡Despierta Madrid! ¡Despierta ya!
Abrígate los pies con mocasines,
con zapatillas de loneta,
con tacones alados
o alpargatas de moda,
abrígate los pies o camina descalza,
pero ¡despierta Madrid!
¡patea las calles!
¡Inunda de esperanza las aceras!
Despierta ya de este letargo,
despierta ya del pan y circo,
despierta del parpadeo estéril
de las luces navideñas.
¡Despierta Madrid!
¡Te están robando la ciudad!