Los verdugos de Franco en la Guerra Civil. Castilla y León: Territorio fascista (1)

En la mayoría de los trabajos relacionados con la represión franquista se ha incidido en las víctimas. Pero no a quiénes habían llevado a cabo estos crímenes. Esta serie pone nombres y caras a los responsables directos de las atrocidades que cometieron


En este capítulo además de señalar a los protagonistas de la represión en Castilla-León, también lo haremos con aquellos que la llevaron a cabo en La Rioja. Ambas zonas no se distinguieron porque se hubieran desarrollado procesos revolucionarios; todo lo contrario, eran de las zonas más conservadoras de España. Ello no fue óbice para que se llevara a cabo una represión encaminada a eliminar a todo sujeto que fuera mínimamente sospechoso de no ser totalmente fiel al nuevo régimen.

BELLOD GÓMEZ, Emilio. Capitán de Artillería, participó activamente en la preparación del golpe en Logroño. El día 19 fue Bellod quién detuvo personalmente al gobernador civil Abelardo Novo Brocas.

Bellod solicitó al general Mola que le encargara del orden público, en lugar de su inmediato superior el coronel Pablo Martínez Zaldívar, que ejercía de gobernador militar, ya que estimaba que éste era demasiado «suave». Mola accedió a su petición nombrándole para el cargo el 21 de julio, como gobernador civil de Logroño. Antes de marchar Mola de Logroño le dijo a Bellod: Bellod, mano muy dura, a lo que respondió éste: Mo pase cuidado mi general, que así se hará[1].

Desde julio de 1936 a enero de 1937; tiempo que estuvo en el cargo Bellod, cerca de dos mil riojanos fueron asesinados sin juicio previo. Todas las noches, durante ese período, una camioneta esperaba a los prisioneros que iban a ser sacados de la cárcel para trasladarlos a las tapias del cementerio, lugar donde eran fusilados. Varios sacerdotes fueron a visitarle pidiéndole algo de clemencia con los detenidos; Bellod los echó con cajas destempladas.

Sobre Logroño, Patricio Escobar, superviviente de tres cárceles franquistas, cuenta de la existencia de una «checa blanca», formada por el Bellod, cinco capitanes, el alcalde falangista y el jefe de policía[2].

Francisco Rivas Jordán

Cuando fue sustituido por Francisco Rivas Jordán de Urríes, los fusilamientos sin juicio prácticamente habían terminado, no quedaba casi nadie a quién fusilar. No obstante Rivas, se autodenominaba anticomunista, antiliberal y antidemocrático, también era de los que tenían el pensamiento depurador; en una ocasión dijo que la Nueva España no podía establecerse si no era purgada de todos los males que la habían conducido al borde del abismo.

 

Francisco Bravo Martínez

BRAVO MARTÍNEZ, Francisco.  Ferviente admirador de Hitler y Mussolini. Fue el fundador de Falange en Salamanca; anteriormente había pertenecido a las JONS. Miembro del Consejo Nacional de FET y de las JONS, y tras la guerra procurador en Cortes. Antes de la guerra era el redactor jefe de la Gaceta Regional. Participó en la redacción de borrador de los 27 puntos de Falange. Participó en la famosa reunión de Gredos, en donde Falange decidió sublevarse en contra de la República. Durante el período republicano fue varias veces detenido por comprar armas de forma ilegal.

Bravo fue uno de los organizadores de la represión en Salamanca, y responsable directo del asesinato de algunas personas. Fe García Encinas señala a Bravo como uno de los asesinos de su marido, el diputado José Andrés Manso

José Andrés Manso

José Andrés Manso fue fusilado el 24 de julio de 1936. Su viuda relata los hechos: Fue a buscarle a la cárcel Bravo, que luego sería director del periódico La Gaceta regional, y alcalde falangista de Salamanca; Bravo fue uno de los más responsables de aquí. Me han dicho que cuando Bravo fue a sacar de la cárcel a mi marido y a Prieto Carrasco, que había sido alcalde durante la República, les explicó que los trasladaban a Valladolid, pero cuando Prieto Carrasco guardaba sus cosas en un maletín, mi marido le puso una mano en el hombro y dijo «no necesitamos equipaje. Nos llevan a fusilar», y luego se giró hacia Bravo y le llamó matón y asesino. Manso fue asesinado en La Orbada, cerca de Salamanca; antes de matarlo le clavaron unas banderillas negras, y posteriormente un estoque.

Para sacar a los presos de la cárcel era obligado el permiso del gobernador civil el coronel Rafael Santa Pau Ballester. Santa Pau o era un ingenuo o era un cínico redomado. Juzguen ustedes estimados lectores, tras leer el bando que emitió el propio Santa Pau.

Bando del coronel Santa Pau sobre el traslado de presos.

Durante la reclusión de Unamuno en su casa, Bravo escribió una carta a su hijo mayor en la que le enviaba una advertencia: Sería doloroso que a tu padre, cuya contribución al movimiento nacional es tan significativa y magnífica, sobre todo para el extranjero, pudiera sucederle algún incidente desagradable; en la misma carta, unos párrafos anteriores avisaban: evita actuaciones públicas que indignen o alarmen a gentes que andamos metidos en guerra. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

Bravo no conocía la significación del término amistad. Su amigo y compañero en El Adelanto, José Sánchez Gómez, escribió, el 15 de marzo de 1933, un artículo titulado La hora de Bravo, lleno de elogios hacia el falangista: […] Porque yo creo firmemente que Bravo será el jefe, el jefe indiscutible de las aguerridas misiones fascistas, de las heroicas secciones de asalto, […], que ya bramará él –al fin y al cabo es suboficial de complemento del ejército- que desfilen con poco de garbo[3]. Y acertó, el 28 de julio Bravo desfilaba por la plaza mayor de Salamanca. Lo que no esperaba José Sánchez Gómez es que fuera sacado de la cárcel y fusilado en el monte de La Orbada el 21 de diciembre de 1936.

A finales de 1936 Bravo marchó a Galicia para reclutar soldados para la Bandera Legionaria Gallega. Esto molestó a Miguel Hedilla, por lo que Bravo fue cesado como jefe del Movimiento y enviado al frente.

Una vez terminada la guerra, tras escribir un artículo en La Gaceta Regional, en conmemoración del 18 de julio, se recibió en la redacción del periódico un anónimo dirigido a Bravo: No te acuerdas de mí, fui un camarada tuyo, que picó el anzuelo de eliminar personas porque si. Sólo fueron cinco mis paseados y no quise seguir en aquel horror. Aún los tengo presentes a esos cinco hermanos, si, aunque te extrañe hermanos […] Yo no maté de aquella forma por Dios ni por España. Dejo a ti, si sabes ver, si tienes conciencia, si eres creyente el calificativo, la sentencia que merecen aquellas muertes […] Es posible que tu último suspiro sea plácido, sin remordimientos, como el de toda persona que solo hizo el bien y no supo del odio, ni de la venganza. Quieres decirme [si] tú estás entre esos. Yo, camarada, ansío mi muerte fulminante. Vivo destrozado, siguiéndome aquellos que no han podido borrar esos veintisiete años. Perdona. Dudo que nuestras víctimas puedan perdonar[4].

DÁVILA ARRONDO, Fidel. General del Ejército –llegó a teniente general-. Participó en la toma de Bilbao y de Santander. Tras la muerte de Mola fue nombrado jefe de los ejércitos del norte. También fue miembro de la Junta Nacional de Defensa; presidente de la Junta Técnica nacional, y ministro de del Ejército en dos ocasiones; la primera del 31 de enero de 1938 hasta agosto del mismo año, y la segunda desde el 20 de julio de 1945 hasta que pasó a la reserva.

Fidel Dávila Arrondo

Fue Dávila el que pidió a los italianos que les entregaran a los 473 dirigentes vascos que se encontraban en los buques británicos Seven Seas Spray y Babie, esperando ser trasladados a Francia, tal y como se había acordado en el Pacto de Santoña. Se prometió que se respetaría sus vidas, lo que no fue cierto, ya que fueron trasladados a Bilbao y fusilados.

Como gobernador civil de Burgos, era el encargado, como su sucesor Francisco Fermoso y el teniente coronel Antonio Almagro, de firmar las órdenes de entrega de los prisioneros que sacaban de la cárcel de Burgos para ser «paseados». Latorre Roca le señala como uno de los culpables de que en Asturias hubiera tantos fusilados.

De su actuación en Burgo hay testimonios, por ejemplo, el de Ruiz Vilaplana, que ejercía como secretario de juzgado en Burgos. Ruiz Vilaplana tuvo que presenciar escenas atroces, de algunas de ellas nos dejó su testimonio: En grupo trágico, dos muchachos, casi niños, yacían aparentemente abrazados; el forense apreció en ellos también señales de apaleamiento. Un poco separado de ellos, el cadáver del padre, horriblemente mutilado y deshecho a golpes y machetazos impresionaba fuertemente, pues por la colocación de los cuerpos se apreciaba que el desventurado debió presenciar, antes de su tortura y muerte, la de sus dos hijos[5].

Ruiz Vilaplana cuenta la conversación que tuvo con un juez rural: ¡Es horrible!,- se atrevió a decir, rompiendo el silencio prolongado- En un partido como el mío, donde jamás ha habido nada ni ha ocurrido nada en absoluto, ¡Y van más de seiscientos![6]

Dávila con Franco

Cuando fue retirado su nombre de una calle madrileña, un nieto suyo, el general de división Rafael Dávila Álvarez, escribió una carta abierta a la alcaldesa Manuela Carmena; no reproduzco el contenido de la misiva porque me da vergüenza ajena; pero al parecer este señor no conocía muy bien la trayectoria de su abuelo; o es de su mismo pensamiento, lo que me parece más lógico.

Dávila fue imputado por el juez Garzón en el caso que abrió sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el franquismo.

Joaquín España Cantos

ESPAÑA CANTOS, Joaquín. Comandante de la Guardia Civil. Nombrado gobernador civil de Segovia. La represión en Segovia la llevaron a cabo, principalmente, falangistas bajo la supervisión de España. Lo cuenta el historiador Paul Preston: Unos grupos de Falange, bajo la inmediata dirección del gobernador civil, y con itinerario fijado por dicha autoridad y con órdenes concretas, recorren toda la provincia desarmando a los elementos marxistas[7]. En Segovia hubo 358 ejecuciones, de ellas más de 200 sin juicio previo. Fue el primer presidente de la Federación Española de Caza.

 

GARCÍA ÁLVAREZ, Manuel. General del Ejército y comandante militar de Salamanca en el momento de estallar la sublevación. La misma noche del 18 de julio juró lealtad a la República ante el gobernador civil, Antonio Cepas; el alcalde, Castro Prieto; y el diputado José Andrés Manso.

El 19 por la mañana dio orden al capitán José Barros Manzanares a que entrara en la Plaza Mayor, mientras se estaba celebrando una carrera de patinaje de niños, con muchos salmantinos viendo el espectáculo. Tras leer el bando preparado por el general Saliquet; hubo gritos entre los asistentes, unos a favor y otros en contra del golpe. En ese momento se oyó un disparo y Barros ordenó disparar contra la multitud causando la muerte a cuatro hombres y una niña.

García Álvarez tuvo el cinismo de terminar su primer bando de guerra con un ¡Viva España! Y ¡Viva la República! Entre el día 19 y el 20 ordenó la detención de cientos de personas, muchas de las cuales fueron ejecutadas.

García Álvarez, para llevar a cabo la represión, tuvo en todo momento la ayuda, del recién nombrado gobernador civil, el teniente coronel Rafael Santa Pau Ballester, y el líder falangista Francisco Bravo Martínez; de los que ya hemos hablado en líneas anteriores.

El día 21 hizo saber que el bando de guerra se cumpliría de forma implacable. Asimismo, ordenó que en los pueblos donde no hubiera Guardia Civil las fuerzas rebeldes de cada ciudad se incauten del Ayuntamiento, manteniendo el orden a todo trance[8].

Entre julio y diciembre de 1936, 197 personas fueron asesinadas tras ser condenadas en consejos de guerra; muchas más lo fueron sin existir juicio previo.

GARCÍA ESCÁMEZ, Francisco. Coronel del Ejército destinado en Navarra, colaboró activamente con el general Mola en la preparación del golpe. Al mando de unos 1000 hombres tomó Logroño, Aranda del Duero, Sigüenza y Segovia. En todas estas ciudades se llevaron a cabo atroces matanzas tras la ocupación.

Francisco García Escámez

Tras la guerra civil, ya como general de división, es nombrado gobernador civil de Sevilla en 1939, y un año después de Barcelona. Teniendo un importante protagonismo en la represión de posguerra en ambas ciudades.


Bibliografía reseñada en el capítulo.

ANGOSTO, Pedro L. (2017): Diccionario del franquismo. Protagonistas y cómplices, Granada.

GIL ANDRÉS, Carlos (2006): Vecinos contra vecinos. La violencia en la retaguardia riojana durante la guerra civil, en Historia y Política, nº 16, pp. 109-130

NAVAJAS ZUBELDÍA, Carlos y RIVERO NOVAL, Mª Cristina (1995): La militarización del Gobierno Civil de la provincia de Logroño en la dictaduras de Primo de Rivera y Franco: análisis comparativo, en  Berceo, nº 128, pp. 215-228.

PRESTON, Paul (2011): El holocausto español, Barcelona.

RUIZ VILAPLANA, Antonio (2012): Doy fe… Un año de actuación en la España nacionalista, Sevilla.


 [1] Tomado de Navajas/Rivero: 222.

[2]

[3] Tomado de Angosto: 68.

[4] Tomado de Preston, 2011: 674.675.

[5] Tomado de Ruiz Vilaplana: 86.

[6] Tomado de Ruiz Vilaplana: 89.

[7] Preston, 2011: 283.

[8] Tomado de Preston, 2011: 272.

José Luis Garrot Garrot
José Luis Garrot Garrothttps://asambleadigital.es
Historiador y arabista. Profesor de la UCM

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