Maricarmen Abascal: Estudio de caso, instrumento político y objeto de odio


En la noche del 7 al 8 de octubre, tras la muerte de Maricarmen Abascal, las redes sociales han estallado en un aluvión de odio, memes e intereses políticos disfrazados de solidaridad, tras formar parte de las causas de su muerte prematura. El objetivo de este artículo es exponer y denunciar todas estas prácticas, además de tratar de comprender las fuentes de las mismas.

Por si alguien ha estado viviendo debajo de una piedra, el día 23 de septiembre se ejecutó el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años con un 50% de discapacidad acreditada, de su piso en el Retiro, Madrid, tras cuatro intentos de lanzamiento a lo largo del último año. Este piso fue comprado por Urbagestión Desarrollo e Inversión S.L. en 2018 para después comunicarle a su inquilina que debía desalojar el piso en el que llevaba viviendo desde 1956. El fondo le ofreció una subida inicial del alquiler de más de 500% tras negociar con el sindicato de inquilinas. Esta oferta excedía por mucho lo que Maricarmen era capaz de pagar, por lo que se mantuvo la demanda del fondo. A día 8 de octubre, 12 horas después de su muerte, el piso en el que residía Maricarmen ya tiene oferta en Idealista.

Este artículo no trata de defender el caso de Maricarmen, pues de eso ya se encargan las compañeras del Sindicato de Inquilinas, sino de mostrar cómo su caso está siendo instrumentalizado por las gentes que la han matado; y de cómo ciertos sectores de la población, en un aluvión de odio e impotencia, celebran la muerte de la misma como un hito en la defensa de la propiedad privada.

Maricarmen ha pasado de ser un nombre común para convertirse en Prometeo: ha dado al pueblo la llama que ha empezado una revolución contra el sistema de rentas y sus abusos. Una víctima en un caso tan exagerado del funcionamiento del sistema rentista ha hecho que la lucha tenga nombre y apellidos y que podamos empatizar. Las compañeras del sindicato llevaban un año trabajando con Maricarmen para evitar que se hiciera efectivo el desalojo, por lo que tuvimos tiempo de conocer, no solo su caso, sino también a la propia Maricarmen.

Sin embargo, parecemos olvidar por momentos que Maricarmen, lejos de ser un ídolo o un símbolo de lucha, era una persona como otras tantas que han sufrido las consecuencias directas de la mercantilización de una de las condiciones más básicas para el bienestar. No digo que no debamos abanderarnos bajo la imagen de Maricarmen y convertirla en un instrumento de lucha, sino que no solo es ella quien ha sufrido las consecuencias de la opresión.

Maricarmen ha sido utilizada por los movimientos sociales que vemos, pero ello no implica que esta práctica sea poco ética. Ella siempre ha sido un medio y un fin a la vez: un medio para dar visibilidad al problema, y a su vez, su derecho a la vivienda ha sido el fin a defender; el suyo y el de todo el mundo.

Por otro lado, hemos visto cómo esta ha sido utilizada como herramienta política por los partidos que han causado tanto la situación en la que se encontraba como su muerte prematura. El Partido Socialista, durante 8 años de legislatura, de los cuales 4 con un gobierno de coalición de izquierdas, solo ha aprobado una ley que combate el precio abusivo de alquiler, el cual, por la laxitud de sus condiciones, solo ha sido aplicado en 8 provincias, permitiendo los abusos del sistema rentista una vez más.

Maricarmen, en virtud de ídolo, ha sufrido un proceso en el que se ha obviado que, además de ídolo, es persona. Las consecuencias más directas se han visto la noche del 7 al 8 de octubre en diversas redes sociales, donde con publicaciones como “a tomar por culo

la vieja” celebra la supuesta caída de un ídolo de la lucha de clases, pero también, y lo más grave, la muerte de una persona. De alguna manera, como sociedad, y no solo con Maricarmen, hemos olvidado que las personas famosas, además de ser famosas, ante todo son personas. Esto ha llevado a una situación en que los mismos se convierten en objeto de acoso mediático y callejero, y, asimismo, objeto de odio por la que fuera que sea su implicación en cualquier tipo de polémica. Este odio se exacerba cuando llegamos al campo de la política: la dignidad humana desaparece, cosificamos a los sujetos políticos y empezamos una guerra contra una “idea abstracta” que ya no es persona.

El manto que nos dan las redes sociales, además, lleva al extremo todas estas prácticas deshumanizantes: olvidamos que quien está detrás de la pantalla es uno más, y por la máscara del anonimato total o parcial perdemos la vergüenza y cualquier tipo de empatía hacia el prójimo. Y esta pérdida de la empatía es la que nos lleva a obviar que la gente como Maricarmen existe y a defender un sistema de productividad y beneficio puramente lógico porque, como señala Musk: “La debilidad fundamental de la civilización occidental es la empatía”.

Musk, en cierto aspecto, tiene razón, pero erra: la empatía no es el obstáculo de la civilización occidental, sino de su forma de gobierno. Es el amor revolucionario el que nos lleva a alcanzar los hitos como clase. Algunos podrían pensar que aludir a la empatía como herramienta es un error político o una muestra de debilidad, pero yo creo que es precisamente la base teórica que debiera tener cualquier sistema político: es lo que nos lleva a la lógica chantajista de que o avanzamos todos o no avanza nadie; esto es lo que significa la empatía hacia la clase.

Maricarmen nos ha hecho darnos cuenta de dos cosas: que si olvidamos que el otro también es humano, a medida que dejemos gente atrás, nos pisotearán más fácil estando separados; y que solo nos hacía una imagen familiar para ser conscientes y organizarnos, para evitar que a la próxima persona que le pase lo que a Maricarmen sean nuestras propias madres y abuelas.

Xabat Álvarez
Xabat Álvarez
Estudiante de Grado de Antropología Social en la EHU

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