El otro «virus»

Fuente: Huffpost

Aparte del Covid-19 en España tenemos, desgraciadamente, otra epidemia vírica: la clase política. Una clase política que ha demostrado que, ante la mayor crisis sanitaria que ha padecido nuestro país en época contemporánea, no tienen la altura suficiente para dirigir un país como el nuestro.

Empecemos por el Gobierno central, con Pedro Sánchez a la cabeza. Este Gobierno ha reaccionado tarde y mal. No se explica cómo sabiendo lo que se había hecho en China –casi todo bien- y lo que se había hecho en Italia –casi todo mal-, se haya copiado la actuación de la segunda y no la de la primera. Quizás sea porque desgraciadamente formamos parte de la economía más salvajemente capitalista, en la que el capital está por encima del valor de las personas.

Todo parece indicar que los intereses económicos han estado primando más que los sanitarios durante bastante tiempo, y aún siguen teniendo un peso fundamental en el retraso de poner en marcha algunas medidas que no hace falta ser médico para considerar que son las lógicas, y que son las que han dado resultado en China, Taiwán, Corea del Sur o Singapur

No es explicable la tardanza en tomarse algunas medidas como el aislamiento en las casas de los ciudadanos, que debería ser aún mayor de cómo se está llevando a cabo. En China pararon la producción totalmente de cualquier cosa menos de aquellos productos que eran básicos para la supervivencia. Pero aquí aún siguen estando abiertas las fábricas de cosas tan «imprescindibles» como aparatos de aire acondicionado; pantalones vaqueros, cualquier otra cosa que se les ocurra. La producción industrial sigue en marcha (las fábricas de automóviles han cerrado, pero no por gusto sino por falta de componentes) lo que implica que millones de personas continúen teniendo que utilizar transporte públicos –con la consabida masificación, como se vio ayer en Madrid y Barcelona-, con lo que miles de personas habrán quedado contagiadas.

Es increíble que aún no se hayan cerrado las fronteras a cal y canto, dejando solamente el paso de mercancías; y no la pantomima esta que han hecho de controlar las fronteras terrestres, ¿Qué pasa con las aéreas y las marítimas? Otra medida tomada a medias; la de la prohibición de andar por la calle. ¿Me quieren explicar cómo se controla esto sin que haya fuerzas de seguridad por la calle que obliguen a su cumplimiento? Dirán que sí las hay, ¡mentira! Las hay, yo vivo en Madrid, en el centro, en mi barrio, no hay un solo policía por la calle. ¿Qué ocurre que las personas que vivimos en barrios periféricos somos inmunes? ¿O es que como la mayoría de los habitantes de estos barrios son de clase media-baja importa menos que se mueran?

Todo parece indicar que los intereses económicos han estado primando más que los sanitarios durante bastante tiempo, y aún siguen teniendo un peso fundamental en el retraso de poner en marcha algunas medidas que no hace falta ser médico para considerar que son las lógicas, y que son las que han dado resultado en China, Taiwán, Corea del Sur o Singapur. Pero a lo mejor es que aquí el Gobierno hace caso a economistas como José Mª O’Kean al que otro día tuvo la ocasión de escuchar en una tertulia televisiva y no daba crédito a lo que decía –ni una doctora que compartía tertulia tampoco- que resumido venía a ser que « bueno que sí hay que curar a la gente, pero hay que tener cuidado no se vayan a tomar medidas que luego sean económicamente irreversibles» Este individuo da clases en el CEU, lo que es bastante significativo.

Y de la oposición que decir, en su línea de impresentables. Los del PP diciendo, con la boca chica y sacando pecho de patriotas, que apoyarán todas las medidas del Gobierno, porque ellos son «muy españoles y mucho españoles»

Pero si el Gobierno central está dando muestras de su poca entidad, algunos políticos están demostrando, no poca entidad, sino poca vergüenza y humanidad. Por ejemplo la indecente Clara Ponsati con su tuit «de Madrid al cielo», retuiteado por el cobarde Carles Puigdemont. O que personajillos como Pilar Rahola o Quim Torra digan que el estado de alarma es un 155 encubierto. Esta gente no solo es que sean unos ejemplos de lo peor de la clase política, es que son indignos de considerarse seres humanos. El lendakari Iñigo Urkullu también se ha cubierto de gloria, protestando porque se supone que le han quitado competencias. Nunca he sido nacionalista, pero desde esta crisis lo voy a ser menos y voy a combatir con todas mis fuerzas a quién continúe defendiendo posturas insolidarias, egoístas y decimonónicas.

Y de la oposición que decir, en su línea de impresentables. Los del PP diciendo, con la boca chica y sacando pecho de patriotas, que apoyarán todas las medidas del Gobierno, porque ellos son «muy españoles y mucho españoles». Pero que cada vez que dicen lo del apoyo sueltan las puyas de lo mal que los están haciendo en el Gobierno, y que habrá que pedir cuentas cuando esto pase. O los neofascistas de Vox que llaman de todo al Gobierno por no prohibir el acto lúdico-festivo que montaron en Vista Alegre. ¿Se puede ser más cínico?

En fin desgraciadamente en España los ciudadanos estamos, en la actualidad, luchando contra dos virus. Uno, el Covid-19 será erradicado tarde o temprano, desgraciadamente con el otro vamos a tener que seguir viviendo.