Nostromo ibérico, o como la abstención nos destruirá


En 1904 el escritor británico de origen polaco Joseph Conrad escribió una muy interesante novela política llamada Nostromo. No voy a desentrañar un libro que aprovecho a que se lea todo el mundo, pero, como ocurre siempre que leemos algo, deberíamos sacar alguna reflexión que merezca la pena. En este caso la lucha interna de los personajes del libro frente a la lealtad, los ideales, el miedo, el ansia de poder, el desprecio por la vida, etc.

Unas luchas internas que veo reflejado diariamente en esta Torre de Babel ideológica que somos los que nos consideramos de izquierdas, progresistas, revolucionarios o como nos queramos llamar. Y justo ahora multipicada, en un momento histórico, cuando una nueva reacción de los poderes más conservadores y ultraliberales recorren España, Europa y el mundo.

Algo parecido sucedió en los años 20 y 30 del siglo pasado, cuando los poderes económicos de la época (grandes industriales y banqueros) financiaron y alentaron con todo su poderío a los elementos más reaccionarios de cada país (fascismo, nazismo, franquismo, etc.) para controlar y desarmar unos movimientos obreros que pudieron cambiar el destino del capitalismo. Ya todos sabemos cómo terminó aquella apuesta.

Somos muchos, muchísimos, los que creemos en unos pilares sociales que consideramos imprescindibles, una visión común que desarrolle un mundo justo socialmente, y que sin duda compartimos todos. Éstos serían una educación y sanidad pública de calidad, progreso democrático, servicios públicos de calidad, una economía sostenible y verde, fiscalidad progresiva real, y por supuesto, el cumplimiento de todas las garantías que nos dan los derechos humanos y sociales conquistados, (mujer, LGTBI, trabajadores, etc..).

Pero nos han impuesto un discurso cavernícola para la opinión pública, retrógrado, y representante de un viejo mundo que antes de hundirse quiere morir matando. Temas totalmente fuera de nuestras luchas sociales, aupado por unos medios de comunicación que ansían dar voz a sus desvaríos y estupideces.

Todos sabemos que estas conquistas que parecían infinitas en el tiempo están en riesgo. No solo no avanzamos, sino que retrocedemos, estamos a la defensiva.

Pero si no había ya problemas, les damos otra ayudita extra, como el último caso en Madrid, con Errejón y sus movimientos para tener su propia plataforma electoral con Carmena. Algo que denota un ejemplo más del desconcierto que provocan, en una muy gran parte de un electorado de izquierdas, unas acciones que parecen más de intrigas de palacio y proyectos personalistas que de fervor popular callejero. Por no hablar de las formas de hacerlo a cuatro meses de las elecciones.

Tampoco el mundo que rodea a I.U. va mejor, como el movimiento Actúa, llevado a cabo por Llamazares, y que sinceramente no se muy bien que quiere aportar.

Todo ello afecta a los movimientos sociales y municipalistas, totalmente desorientados ante la incapacidad del “brazo político” de garantizar que sus reivindicaciones llegarán a las instituciones.

El caso es que parece que hay actualmente dos almas irreconciliables en la izquierda. Para unos ser rupturista es la única manera de transformar el sistema con garantías de avanzar y movilizar a las clases más desfavorecidas. Para otros la “transversalidad” es la única manera de ensanchar el espacio electoral y conseguir así ganar las elecciones. Unos enfocados a la tradicional lucha de clases mientras los otros apostando por los “huérfanos políticos” que no se ven identificados con partidos políticos, pero que son progres.

Lo que para unos es muy radical, para otros es muy blando. Que, si éste o ésta me caen mal, que, si no es tan republicano como yo, o porque me parece un comunista trasnochado. Lo que está claro es que por estos problemas las confluencias no han funcionado. Esas dos almas parece que han tomado la decisión de que juntos no avanzan ni se crean mayorías. No sabemos gestionar las divergencias ideológicas o estratégicas en un mínimo común aceptable para todos. Algo que parece obvio, la suma resta ante la exigencia de un electorado que no pasa ni una y se abstiene ante cualquier elemento que le huela a chamusquina. Agravado por un problema mayúsculo que es la falta de liderazgos creíbles y motivadores.

La lucha no es solo votar cada cuatro años. La lucha obrera y los movimientos sociales siempre estarán como baluarte y defensores de nuestro mundo justo, sobre todo el feminismo, casi el único movimiento que se puede considerar actualmente como revolucionario, y en donde sin duda, pongo todas mis esperanzas

Y quizás por esto sea al final una buena opción presentarse las izquierdas por separado en las elecciones municipales y autonómicas. Eso sí, con esta opción se renuncia a ser un movimiento mayoritario electoralmente, pero por lo menos daría la oportunidad de aprovechar los votos “exigentes”. Aquí los proyectos personalistas y locales pueden dar buenos resultados a corto plazo, pero sus pies serán siempre de barro.

En estas elecciones de primavera los sistemas son casi proporcionales (si superas un 5%), quizás así se eviten esas desafecciones que nos desangran con la abstención. Por lo menos habrá donde elegir, y con posibilidades de sacar concejales. Un buen ejemplo el triunfo de las derechas en Andalucía. Y otro un poco diferente, pero parecido, sería el gobierno portugués, con socialistas, comunistas y el Bloque de izquierdas.

Pero esta división podría valer ahora, en estas elecciones de mayo, si se consiguieran movilizar a todos los potenciales electores (algo que empiezo a dudar). Pero esto ya no valdría para las Generales. Tal y como está organizado el sistema electoral por provincias, es casi imposible obtener una representación decisiva en el parlamento con unos cuantos diputados en provincias muy pobladas. Aquí la unidad si que será muy importante y no sé si hay alguien a la altura para afrontarlo. Habrá que reinventarse otra vez y ser conscientes que los trenes no pasan todos los días.

La lucha no es solo votar cada cuatro años. La lucha obrera y los movimientos sociales siempre estarán como baluarte y defensores de nuestro mundo justo, sobre todo el feminismo, casi el único movimiento que se puede considerar actualmente como revolucionario, y en donde sin duda, pongo todas mis esperanzas. El activismo social es imprescindible para ocupar el espacio que devoran los medios de comunicación, y acicate para que los representantes votados cumplan sus promesas.

Pero al final las instituciones son las que financian la educación y sanidad, los derechos sociales y las libertades. De poco sirve salir en masa en manifestaciones mientras desaparece lo poco que teníamos de estado de bienestar. A la hora de la verdad somos nosotros los que deberemos valorar si votar con la nariz tapada, si algo no nos gusta, o dejar la pista libre a los que nos quieren devolver a las cavernas en un mundo de precariedad, toros y pandereta. Una decisión que tendrá consecuencias, pues lo que perdamos ya no lo recuperaremos en mucho, mucho tiempo. Tú decides