El barrio que nunca bombardeó Franco

El 23 de noviembre de 1936 se dio parcialmente acabada la que se llamó como la Batalla de Madrid. En ésta se enfrentaron un ejército profesional, el sublevado, y un pueblo empeñado en la defensa de su querida ciudad frente a un fascismo que iba avanzando por toda Europa, y cuya versión ibérica fue nuestra Guerra Civil.

La resistencia de los madrileños, que semanas antes se volcaron en fortificar sus defensas por el sur y oeste de la ciudad, hizo que el embiste fascista quedara estancado en las riberas del río Manzanares hasta el final del conflicto, aunque quedando sitiada por más de dos años.

Al acabar la batalla Franco no pudo controlar su frustración tras el fracaso. Antes de su derrota comentó que no quería bombardear a la población civil, pues pensaba que caería en breve la capital y deseaba mantenerla intacta como nuevo feudo para su ominoso régimen. Ya desde agosto de 1936 varias escuadrillas, alemanas sobre todo, bombardeaban Madrid de vez cuando, la mayoría de las veces buscando objetivos gubernamentales. Madrid fue la primera gran ciudad de la historia bombardeada desde el aire. La intensidad aumentó según se acercaban las tropas franquistas, ya no solo por el aire, sino también con artillería terrestre por la cercanía del frente al centro de la ciudad.

Pero Madrid resistió y el criterio del dictador cambió bruscamente. Tal y como dijo literalmente Franco: «Destruiré Madrid antes que dejárselo a los marxistas» o  «se acabaron los no combatientes». Esto provocó el ataque sistemático y rutinario de la ciudad por aire y tierra durante dos años, sobre todo desde la Casa de Campo. Las bajas se contaron por miles, día y noche los franquistas no daban respiro a una ciudad aterrorizada ante la brutalidad ejercida sobre la población civil. Hay que recordar que el famoso cuadro de Picasso «Guernica» realmente se inspiró en las crónicas de un corresponsal de guerra en Madrid, Louis Delaprée, aunque el posterior bombardeo de la villa vasca le pusiera nombre al nuevo horror que venía de los cielos.

Pero no toda la ciudad era bombardeada, por orden de Franco el único barrio que no se tocaría sería el Barrio de Salamanca, donde residían prácticamente todos los seguidores del levantamiento militar en la capital.

Son precisamente lo nietos de esos privilegiados los que ahora siguen pensando que son especiales, la “revuelta de los borjamaris” ha demostrado el mismo odio y sentimiento de superioridad sobre el resto del Madrid popular. Precisamente los que menos sufrirán este desastre sanitario mundial son los que salen a gritar libertad sin un ápice de vergüenza. Pero que nadie se confunda, los muertos les importan un bledo, como bien han demostrado en las aglomeraciones que han causado. Son los mismos que niegan el cambio climático o las desigualdades sociales porque quizás les cambie un poco su nivel de vida despilfarrador. Lo común no tiene cabida para los coronapijos. La libertad que hablan es la libertad para ir a jugar al golf, la libertad para ir comprar a la calle Serrano o la libertad para ir a la sierra o a la playa cuando les venga en gana, que para eso ganaron una guerra.

Con un patriotismo barato de pulserita repelente nos intentan hacer creer que su indignación egocéntrica es compartida por la mayoría de los ciudadanos, como si ver a lo más casposo de la sociedad jugando a las rebeldías pijas fuera la esperanza de algo, y encima por los que no han cogido el metro en su vida en hora punta o trabajado en condiciones indignas.

Como madrileño de siete vidas me repugna ver que mi amada ciudad sea relacionada con esa parte de la sociedad egoísta, acumuladora, corrupta, clasista e irresponsable. No buscan libertad (que les sobra) sino IMPUNIDAD, es decir, hacer lo que se les ha consentido siempre, porque son los señoritos de toda la vida. Si esto hubiera pasado en Lavapiés, Vallecas, Aluche o Tetuán ya se habrían acometido detenciones y palos por doquier, pero claro, ya sabemos que los del Barrio de Salamanca son “especiales”, antes y ahora.

Zonas del centro de Madrid bomardeadas durante la Guerra. Se aprecia como al norte y este del Retiro (Distrito Salamanca) los impactos fueron casi nulos