La represión franquista contra la mujer «Guerra Civil y Posguerra» Capítulo 4. Encarceladas

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Nawal al-Sadawi ha descrito con gran acierto la peor de todas las torturas que sufrían las mujeres encarceladas: Comprendí que en la cárcel las torturas no se infringen mediante las rejas, ni los muros, ni las picaduras de insectos, ni el hambre, ni la sed, ni los insultos o las palizas. La cárcel es la incertidumbre. Y la incertidumbre es la peor de las torturas, La incertidumbre aniquila el intelecto y el cuerpo.

Vinyes señala de manera clara el objetivo que tenían las cárceles franquistas: […] transformar la humanidad en nada, vaciar la personalidad por la sumisión forzada hasta la ausencia total de sí misma.

La fiebre represora que invadía a los sublevados provocó que se produjeran en las cárceles hacinamientos difícilmente pensables. Cualquier excusa era suficiente para que acabaras en una cárcel franquista. En el caso de las mujeres a la mayoría se les imputó el delito de auxilio a la rebelión; lo que les venía a colocar como inductoras de los hombres para que estos llevaran a cabo acciones «revolucionarias». Pero hubo otras muchas causas. No fueron pocas las mujeres denunciadas, por el simple hecho de haber rechazado a antiguos pretendientes, ahora en las filas franquistas. El si no eres mía no eres de nadie, clara violencia de género, hizo que muchas mujeres acabaran en prisión.

Cualquier comentario, que a juicio de los sublevados fuera en contra del Nuevo Estado, por muy inocente que fuera podía conllevar ser condenada a prisión. A Dolores Gómez Silva la condenaron a 12 años por [74] haber comentado que había muchos soldados que estaban con los nacionales a la fuerza. Antonia de los Santos Romero y Rosa Gutiérrez Flores, fueron condenadas a seis años porque durante una partida de cartas, cuando salió el as de bastos, hicieron una comparación entre la carta y los «cuernos» de Franco [75].

El simple hecho de ser hija de un supuesto rojo era suficiente para ser condenada. Ángeles Continente Camparola contaba 16 años cuando fue denunciada por tres vecinas de la localidad donde vivía, Almolda (Zaragoza), detenida junto a su madre Dolores Camparola. El informe del alcalde manifestaba que no había nada que reprocharle, pero añadía una coletilla: como hija que es de Isma y Dolores participa de las mismas ideas que sus padres y por tanto es también contraria al Glorioso Movimiento Nacional. El informe de la Guardia Civil de Bujaraloz tampoco veía en la conducta de Ángeles nada reprobable. De nada sirvieron los informes, fue condenada por el delito de auxilio a la rebelión. Ingresó en la Tutelar de Menores el 1 de septiembre de 1939. El 14 de febrero de 1940 el Tribunal Tutelar de Menores dictó su resolución. Durante ese tiempo estuvo ingresada en el asilo de las Madres Oblatas de Zaragoza

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