Medidas sin cost€

La Nación

Los partidos que han facilitado que Mariano Rajoy fuese renovado como Presidente de Gobierno tratan de convencer a la ciudadanía de que han actuado inteligentemente y  se han colocado en una situación que les permitirá realizar reformas, eso sí parciales y mínimas, basada en la falacia de que siempre es mejor un pequeño avance que nada, que serán favorables a los intereses de los perjudicados por la política que el P.P. había mantenido en la anterior legislatura y que tienen una mayoría suficiente para mover al PP de sus posiciones sociales restrictivas. Eso justificaría su actuación bajo el disfraz de la responsabilidad, palabra que siempre suena correcta. El primer frenazo en seco ya se lo han puesto. El Gobierno puede vetar cualquier decisión parlamentaria que trastoque los Presupuestos Generales del Estado. ¿Lo sabían y era una mera disculpa frente a sus votantes para acometer su felonía? No los valoremos tan pobremente en su capacidad, más bien son ellos los que así lo hacen con la ciudadanía respaldados por los resultados que electoralmente alcanzan. Y la creciente mayoría de los que no logran convencer optan por no votar, que en la práctica acaba siendo parecido a respaldar sus actuaciones. Todavía estaría la posibilidad de pensar que consensuando una mayoría parlamentaria se van a lograr avances en aquellos aspectos que no supongan un incremento del gasto en los Presupuestos. De nuevo la pregunta ¿saben que no va a pasar o es un problema de ignorancia? De nuevo la respuesta coherente es la misma.

En la teoría económica se recorren unos pasos para tomar las decisiones. En primer lugar la economía normativa se encarga de concebir las ideas y los planes que han de ser puestos en práctica, basándose siempre en principios éticos o morales.

Las distintas ideologías que constituyen la economía normativa es lo que se denomina economía política. El mercantilismo, el liberalismo, la socialdemocracia, el socialismo,…y todas sus corrientes o derivados son ejemplos de esa conformación.

Finalmente, en virtud del análisis económico, se evalúa que medidas son más eficaces para el fin deseado. Es lo que se conoce como economía positiva.

Este es el orden correcto: objetivo, planificación (según ideología) y análisis. Lo  que vienen a decir para convencer, más o menos, es que practican lo siguiente: realidad, análisis y planificación. Es una solemne mentira, si reflexionamos un poco veremos que siempre se actúa (principios éticos o morales por delante), aunque se engañe diciendo lo contrario, siguiendo el primer orden.

Es evidente que a estas alturas algún llamado neoliberal, tan amantes de la economía positiva, estará diciendo que eso no es así sino mucho más complejo, o más simple depende del nivel de formación que acumule. Pero le pediría nos explicase coherentemente que no lo está expresando priorizando su perspectiva ideológica, añadiría de dogmatismo, y contestase convincentemente a las siguientes realidades:

 

Lo primero que proclaman siempre es que el gasto principal de los presupuestos es el llamado social. Así es porque evidentemente nuestra posición económica,  cultural y geográfica nos lo demanda, aunque sea muy a su pesar y estén trabajando firmemente en su reducción.

Pero lo que no suelen proclamar con igual énfasis, más bien lo esconden, es que el segundo capitulo en volumen de gasto, y el que crece más abundantemente, es el llamado “Servicios públicos generales”. ¿Qué comprende el gasto así denominado? Pues estos conceptos: Intereses, Organismos del Estado, Congreso, Senado, Casa Real, Poder ejecutivo, Embajadas,… es decir, salvando el tema de los intereses al que culpabilizan en un superficial análisis (no vaya a ser que se profundice) del crecimiento del conjunto del capitulo, obviando que sirve para engordar las prebendas de los que, como siempre, derivan el gasto para su mayor beneficio. El capitulo del gasto por intereses merece un análisis profundo que no cabe en este escrito.

Eso si, ahora nos dejan cada cuatro años que decidamos a quien le corresponde la mayor ración de tarta, y con mucha vehemencia se empeñan en explicarnos durante las interminables campañas electorales que defienden el primer capitulo del gasto cuando en realidad lo que les impele a dejar su tradicional reposo vacacional es el pescar la mayor parte del segundo, los “Servicios públicos generales”, en su propio beneficio. En esos momentos trabajan a fondo, recorren el territorio por los cuatro puntos cardinales (siempre curiosamente coincidiendo con los lugares donde se juegan el más fácil acceso al objetivo), realizan hasta cuatro actos en el mismo día y nos lo ofrecen como una proeza y sacrificio. Agotados por el esfuerzo inmediatamente vuelven a su habitual parloteo. La suerte ya se ha consumado.

Veamos las cosas aún más claras. Estudiemos a que capítulos de los Presupuestos dedicamos mayores esfuerzos que el resto de Europa y a cuales menores. Creo que es bastante significativo para que cada ciudadano saque sus conclusiones personales:

 

Más que Europa:

Servicios públicos generales (los relacionados anteriormente para el aparato estatal)

Asuntos económicos (infraestructuras, subvenciones)

Ocio, cultura y religión (incluye los gastos de las diversas Televisiones públicas)

Orden público y Seguridad

Gasto militar (Un 7,1% del Presupuesto total manteniendo un 81,29% opaco en otras partidas: intereses, inversiones, pago de personal o rentistas, etc.)

 

Menos que Europa:

Protección Social

Sanidad

Educación

Medio Ambiente

 

Esta es la terca realidad  con la que nos tropezamos y lo otro que dicen publicidad para inocentes crédulos. ¿Consideramos que se van a efectuar realmente mejoras substanciales violentando sus principios de concentración de riqueza en unos privilegiados y ensanchamiento del empobrecimiento del resto?

Por otra parte, ¿alguien cree que van a avanzar en medidas progresistas que no significan gasto o incluso lo disminuyen? Me refiero a la laicidad del Estado, los cuidados paliativos, la eutanasia, las libertades ciudadanas y un largo etcétera. De nuevo actuarán, como es lógico, anteponiendo sus principios éticos o morales como se ha indicado.

¿De verdad nos queda aún alguna duda al respecto? ¿Nos convencen o queremos meter la cabeza debajo del ala y dejarnos convencer?

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