Y ahora qué

Tras la fallida investidura la izquierda –en la que no incluyo al PSOE- debe replantearse la estrategia a seguir en el nuevo intento que seguramente intente el PSOE en septiembre.

Está claro que el PSOE renovará sus ofertas al PP y Cs para que se abstengan, y por mucho que ahora digan que yo no descarto en absoluto que uno de los dos se avenga a esta componenda –particularmente me inclino por el PP-.

Siempre me ha parecido que era un error pedir formar parte de un gobierno de coalición. En primer lugar porque tener una cartera, con más o menos atribuciones, no significa que puedas influir en las decisiones del gobierno. En el ejecutivo se toman los acuerdos de forma colegiada, y en última instancia es el presidente del gobierno el que decide.

Pongamos un ejemplo de lo expuesto anteriormente. Imaginemos que se tenga la titularidad del ministerio de Trabajo y se proponga eliminar la reforma laboral del PP, y el consejo de ministros dice que no. ¿Qué hago?, ¿presento la dimisión o acepto y me convierto en cómplice del mantenimiento de la reforma?

En segundo lugar. Al formar parte del gobierno implícitamente soy responsable de todas las decisiones que se tomen en él, y muchas de ellas irán contra los propios principios ideológicos, ¿cómo le explico a mis votantes que se han aceptado leyes que no se comparten? Hay más razones pero no quiero hacer excesivamente largo este artículo.

Por consiguiente creo que la táctica a seguir es conseguir arrancar del PSOE un acuerdo de legislatura. La ventaja de esta opción es que dejan las manos libres para no aceptar aquellas políticas que vayan en contra de mi programa.

Un ejemplo para ponerlo más claro. Podemos siempre ha presumido de no disponer de créditos bancarios con lo que evitaba posibles sumisiones y evitaría la presión de las entidades bancarias; de esta manera se mantiene intacta la independencia. Si yo no entro en el gobierno no tengo ninguna sumisión respecto al mismo, por lo que estoy en disposición de ser fiel a mi programa electoral al cien por cien.

Por último, y no por ello menos importante. Estimo que en las posibles negociaciones que se pudieran llevar con el PSOE los interlocutores de UP deberían ser otros. En mi modesta opinión tanto Pablo Iglesias como la mayoría de las personas más próximas a él están amortizadas. Quizás Alberto Garzón sería un buen candidato para encabezar este nuevo grupo negociador.

Algunos lectores se habrán echado las manos a la cabeza con mi propuesta. A estas personas les plantearía algunos interrogantes. ¿Qué es mejor que el PSOE llegue a algún tipo de acuerdo con el PP o Cs? ¿Es mejor ir a otras elecciones, en donde es más que probable que UP siga perdiendo votantes, y pueda propiciar el triunfo del «trifachito»?

En el arte de la política a veces es mejor, y permítanme una expresión castiza, envainársela y conformarse con el mal menor. De esto Maquiavelo sabía mucho, habría que releerlo.