¿Y ahora qué Madrid?

Los resultados en las elecciones del 26 M al Ayuntamiento y Comunidad de Madrid han sido un duro y dramático golpe para todas esas personas que creemos en un mundo más justo, en una ciudad más humana y en salvar la educación y sanidad pública antes de que sean finiquitadas por las privatizaciones, entre otras muchas cosas.

Y no es porque no se viera venir. El proyecto personalista de Errejón y Carmena con Más Madrid, en el último momento y sin poder casi reaccionar, y la improvisación en crear las coaliciones a última hora por el resto de los actores, denotan el caos y desbarajuste de los responsables políticos de todos estos partidos y facciones. Algo que por cierto suele pasar siempre un poco de factura electoral.

Pero a pesar de que se repita mucho que la causa de este ominoso resultado ha sido la división al presentarse en diferentes listas, no es cierto. Solo hay que ver que en el bloque derechista van a gobernar tres. Además, incluso sumando los votos de Madrid en Pie a los de Carmena, no hubiera dado para tener mayoría (aparte de que la mitad de esas personas nunca hubiera votado a la exalcaldesa).

La causa principal de la derrota de las izquierdas ha sido la ABSTENCIÓN, provocada y buscada, pero abstención. A la derecha se la motiva y estimula con MIEDO (a los okupas, manteros, Catalunya, Venezuela, etc.), mientras que a nosotros nos mueve la ILUSIÓN.

Ya hace unos meses escribí al respecto, avisando de los efectos de la desmovilización y aturdimiento general de la gente. Incluso defendí ir en listas separadas para que nadie pudiera decir que no había opciones a su forma de entender la política; abrir el espacio a posibles votantes que se pierden siempre por los extremos en las confluencias. Pero parece que ni así.

En Madrid ciudad, Más Madrid perdió votos respecto a 2015 (comparado con Ahora Madrid), Madrid en Pie no consiguió llegar al 5% y el PSOE perdió muchos votos también.  Es decir, ninguno consiguió ilusionar, y además algunos debieron hacer mal las cuentas.

Carmena no debió tener en cuenta las consecuencias en votos de echar o arrinconar del proyecto común a IU, Podemos, Anticapitalistas y los  municipalistas de Ganemos (parte esencial de la confluencia de 2015 que le dio las herramientas para ganar la alcaldía) y hacer un equipo exclusivo con sus más allegados; es evidente que pasaría que mucha gente se iría. Pero tampoco la izquierda alternativa integrada en Madrid en Pie ha conseguido las expectativas que tenían. A pesar de que su cabeza de lista , Sánchez Mato, hizo una labor magnífica como concejal de economía. Si los “rupturistas y transformadores” en Madrid son 41.000 personas, nos espera un negro futuro a medio y largo plazo. Sin duda la abstención de este espacio ha sido una gran sorpresa y decepción, teniendo en cuenta que se basa en mucha gente activista y politizada de IU, anticapitalistas y municipalistas. Esto sin duda marcará su futura influencia en el espacio que comparte con otros actores.

A todo esto habría que sumar, o más bien restar, la errática decisión del PSOE con Pepu Hernández, un pobre hombre que no debía saber donde le metían y que evidentemente no ha generado ninguna confianza ni a los suyos.

En la Comunidad, a pesar de entrar los tres grupos de izquierda, tampoco se consiguió gobernar por un diputado. Otro ejemplo más de que ninguna candidatura consiguió ilusionar, repartiéndose los antiguos escaños de Podemos entre Más Madrid y Unidas Podemos. El más beneficiado sin duda sería Íñigo Errejón, que casi triplicó en votos a Isa Serra y que le servirá para levantar el vuelo en el resto del estado. Creo que dará un salto político al resto del país sin la “mochila” de Podemos u otro partido político, volviendo a la estrategia de la “transversalidad”.

Podría tirarme un día escribiendo qué malo es este o aquél, o qué error estratégico fue aquello o lo otro, pero sinceramente creo que tenemos lo que nos merecemos. Con una amplia responsabilidad desde los dirigentes que elegimos o aceptamos hasta nosotros mismos. Por mucho que queramos culpar a egos, personas o partidos, al final, detrás de ellas hay mucha gente que piensa igual.

No es el momento de cuchillos, ni de seguir machacándonos en esta continua e interminable lucha cainita (algo que me tiene agotado). Luchas ideológicas y estratégicas que, por cierto, al 90% de la gente les importa un pimiento. Creo que todos deberíamos tomarnos un tiempo de reflexión y pensar en lo que realmente queremos y, sobre todo, cómo lo queremos.

Hay como poco dos almas muy claras en la actual izquierda al PSOE y, a mi pesar, creo que irreconciliables. Por un lado saldrá el nuevo proyecto de Errejón, que sin duda tendrá bastante tirón de gente del PSOE y despolitizada, pero se estancará por la izquierda. Y luego una izquierda “más clásica” con lo que quede de IU, Podemos y otras izquierdas, que también se quedará estancada a no ser que movilice a todos esos barrios de trabajadores que suelen tener el doble de abstención que los barrios pudientes.

Tendremos que pensar si queremos este mundo político que no nos llevará a ningún sitio, más allá de darnos hostias entre nosotros, o empezar a aceptarnos como somos y encontrar soluciones a la diversidad ideológica. En esta opción habría que hacer un gran ejercicio de generosidad, flexibilidad y no estar siempre pensando cómo te puedes quedar todo el pastel deslegitimando e insultando continuamente a tu oponente.

Y así reivindico la mejor confluencia que ha habido hasta el momento: Ahora Madrid. No solo funcionó, sino que sobre todo ilusionó con un sistema democrático y plural. Tenemos cuatro años para replantearnos todo y reinventarnos. Ver como la caverna ultraderechista va a meter mano en las instituciones, y sus consecuencias, espero que sea la chispa que nos haga ver la necesidad de recuperar los organismos que deben ayudar a las personas y no a los negocios.

Aunque sí me gustaría hacer mención especial de ese grupo de personas que, aun siendo progresistas, se abstienen por las más diversas causas. No sé si será que la sanidad pública, la educación pública, los servicios sociales o la contaminación es menos importante que irse al campo o la playa, irse de cañas o simplemente pensar que así haces un ejercicio de “crítica”. Tal y como están las cosas, no estamos para acciones individuales inútiles y con graves consecuencias para nuestro futuro. Esta actitud abstencionista de la izquierda (pues en la derecha no se da) es nuestro fracaso más grande, una irresponsabilidad que paga toda la ciudadanía. Y aquí la responsabilidad también es nuestra y de los que no saben o no pueden ilusionar.