Votad malditos votad

Este 10 N volveremos a votar en unas nuevas Elecciones Generales donde, si bien todavía casi nadie entiende por qué se han tenido que repetir, nos la volvemos a jugar, y esta vez todavía más que hace unos meses. El error de cálculo del Sr Sánchez puede ser de magnitud 10 en la escala de Richter.

Tras los acontecimientos posteriores a la sentencia del procés, con las protestas pacíficas multitudinarias y los disturbios nocturnos, el nacionalismo españolista y el catalán parecen estar buscando un enfrentamiento directo que no pare de darles más justificaciones a sus propias burbujas patrióticas. Un «cuanto peor mejor» de los que no quieren dar un paso atrás (imprescindible para negociar cualquier cosa), y que solo hace retrasar una salida digna, democrática y dialogada al conflicto. Un conflicto territorial llevado a lo emocional y que nos puede llevar a todos por delante.

Como siempre que el tema territorial toma el control de los medios de comunicación el discurso social desaparece como por arte de magia. Ya no existen la dependencia, las pensiones, la violencia de género, la educación pública o la sanidad. Por ello es más importante que nunca promover el discurso social ante la posible desmovilización de la izquierda. Podemos perder lo poco que queda si nos quedamos en casa por un enfado infantil (aunque realmente se lo merezcan).

Las consecuencias de un gobierno de derechas o del PSOE con apoyo del PP y Cs (algo nada improbable por mucho que diga Sánchez), serán más recortes, privatizaciones y precariedad. Es decir, que las crisis la paguen siempre los mismos

Para mayor inri se hizo una desastrosa gestión por parte del gobierno con la salida de la momia del dictador de Cuelgamuros, que se retrasmitió en directo como si fuera un acto con honores de estado (salida a hombros, saludo de los pilotos a familiares, etc…). Esto no ha hecho más que envalentonar, aun más, a un sector adormecido del franquismo social que todavía perdura con nosotros en su actual «brazo político»: Vox. Ese sector no se va a abstener, no.

Las consecuencias de que este miembro imprescindible del trifachi llegue al poder pueden ser incalculables: más precariedad laboral, retroceso en igualdad y violencia de género, bajada de impuestos a ricos, ignorar el cambio climático y vete a saber qué barbaridad con Cataluña.

El PP, que parece haber tomado las riendas del trifachito en la sombra,  no duda en hacer una campaña obscena, antidemocrática y en “B”, como es el juego sucio de promover la abstención de la izquierda con campañas falsas, como las utilizadas en las elecciones de Trump y el Brexit. Mientras tanto, calla su política económica continuista con los recortes.

Con una posible recesión o “desaceleración” a la vista, qué mejor excusa para no recuperar todo lo que se perdió en la crisis-estafa de esta década. No avanzar en temas sociales claves mientras se siguen bajando los impuestos a los ricos, claro.

Las consecuencias de un gobierno de derechas o del PSOE con apoyo del PP y Cs (algo nada improbable por mucho que diga Sánchez), serán más recortes, privatizaciones y precariedad. Es decir, que las crisis la paguen siempre los mismos.

El 10N hay que volver a salir a votar, opciones progresistas hay para elegir, aunque todos sabemos que el PSOE hace tiempo que perdió lo de socialista y obrero. Hay que convencer a los indecisos o perezosos, no hay más opciones si no querenos retroceder aún más en aspectos básicos de la vida, y no digamos si hablamos de un futuro sostenible ambientalmente.

Más que nunca se necesita una izquierda fuerte, que busque salir de la dinámica de que siempre las personas pierden y la economía gana, o de que una nación es más importante que un pueblo. Porque aunque sea agotador, y parodiando a la famosa película y recordando a un curioso documental de 1977, ¡Votad malditos votad!