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Reflexiones y emociones sobre la exhumación de Colmenar Viejo

El reciente sábado 27 de agosto viví una de mis mayores experiencias como ser humano, fui testigo de la exhumación de la fosa común, con más de 100 personas fusiladas a lo largo de 1939, situada en una tapia del cementerio parroquial de Colmenar Viejo.

Parroquial sencillamente significa que pertenece a la Iglesia y no es de propiedad municipal. El señor párroco (muy poco colaborador por decirlo suave) tuvo que obedecer a su superior (el Arzobispado de Madrid), que al parecer también recibió “sugerencias divinas” de su superior (la casa del Obispo de Roma) para cumplir con algo que para cualquier cristiano debería ser sagrado, que todo el mundo tiene derecho a enterrar a sus muertos con dignidad y donde ellos quieran, es decir, poder exhumar a los miles de personas que todavía están bajo las tapias de muchos cementerios. No es que vayan a ayudar, sino más bien no poner muchos palos en las ruedas, aunque sea a regañadientes.

Tras años de presentar proyectos a todos los pueblos y distritos del norte afectados se consiguió (gracias a la ley de Memoria y tras mucho insistir en los plenos municipales) obtener las licencias de excavación.

Cuando me enteré de que se empezaba la exhumación no dudé que tenía que visitar un acontecimiento tan conmovedor, y más cuando es la primera en la CAM. Un interés que va más allá de mi condición de historiador, pues lo supera el interés emocional y de reconocimiento.

Excavación de una de las fosas

Llegué por la tarde y todavía quedaba un pequeño grupo de personas observando y cuidando a los integrantes de la cuadrilla de arqueólogos encargada de hacer las prospecciones (Aranzadi). Organizado por la Asociación Comisión de la Verdad  de San Sebastán de los Reyes (ACVSSR), ha sido financiado pobremente con poco más de 20.000 € por el Gobierno. También ha recibido la ayuda del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes y el visto bueno del resto de municipios, a excepción del concejal de distrito de Fuencarral-El Pardo, que ni siquiera los atendió (este señor se ha caracterizado por ponernos por todos los barrios del distrito banderas de España XXL por toda rotonda que pillara, con el objetivo, me imagino, de  recordarnos que no vivimos en Portugal o Luxemburgo). Para más inri el próximo 31 de agosto deberá cerrarse y enterrarse, al no disponer de más tiempo.

Esta asociación lleva años organizando eventos por la Memoria y luchando por el reconocimiento y exhumación de los miles de madrileños del norte de la región represaliados al acabar la guerra. En esta fosa hay gente de Colmenar, de Sanse, de varios pueblos de la Sierra norte y de los distritos de Fuencarral  y Hortaleza. Un total de 108 personas. Casi todos ellos sindicalistas, concejales o simples militantes de partidos de izquierda.

Nunca fueron abandonados, pues esta Asociación y otras mantuvieron el recuerdo con un homenaje anual en la antigua tapia donde les fusilaron.

Es importante recalcar que estos asesinatos se cometieron cuando ya había acabado el conflicto armado, es decir, que estos fusilamientos fueron literalmente un crimen de estado, y de los crímenes de estado siempre se debe hacer cargo precisamente el “Estado”. Que hayan pasado 40 años de democracia y estemos así todavía debería ser una vergüenza nacional.

Trabajos de prospección en la fosa

En un ambiente agradable y extremadamente respetuoso me puse a hablar pronto con las personas presentes, desde una descendiente directa de un fusilado (junto a su madre Benita que no se apartaba de la valla de seguridad que separaba la excavación del resto del cementerio) hasta unas jóvenes impactadas y emocionadas por lo que estábamos viendo. Una de ellas estaba a punto de publicar un libro con la memoria de sus abuelos represaliados, el simple hecho de recordar lo sufrido por los familiares en esos años nos llevaba a un estado en el que las emociones nos desbordaban. En estos sitios hay muchas lágrimas.

Me contaron los de la asociación como tuvieron que soportar a un matrimonio del pueblo (posiblemente visitando la tumba de un familiar) que tras acercarse a observar no hicieron otra cosa que comentarios despectivos sobre la excavación, terminando con el clásico “esto es abrir heridas” y demás mantras franquistas.

Es esto precisamente lo que me gustaría recalcar, esa falta de empatía, esa carencia total de humanidad, esa crueldad… Existe una parte importante de nuestra sociedad que todavía confunde reparación con venganza. Para mí las personas así son simplemente eso, malas personas, que nadie lo dude.

Es incomprensible que España sea el único país del mundo que no ha hecho nada por recuperar los restos de sus ciudadanos durante décadas, algo que repito no pasa en ningún lugar del mundo.

¿Cuándo perdieron su humanidad? ¿cuándo decidieron que pondrían por delante intereses políticos sobre los derechos humanos? Porque por desgracia la lobotomía social franquista de “olvidar” el pasado ha calado en mucha gente de nuestro país, demasiada gente.

Y todo para negar lo que fue la represión franquista, un auténtico genocidio político, donde había que hacer desaparecer cualquier recuerdo de lo que fue la II República, que no fue más que un intento de modernizar y hacer más justo a este país. Los cuerpos han estado tanto tiempo sepultados porque era el mensaje que había que dejar a los perdedores: Aquí acabarán todos los que vuelvan a intentar sublevarse contra los señoritos, la Iglesia y el orden establecido.

Francisco Javier García Martínez
Francisco Javier García Martínez
Licenciado en Historia, T. Superior electromedicina y autodidacta. Redactor y articulista de Revista Asamblea Digital

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