¿Podemos o no podemos?

Nunca en las páginas de ASAMBLEA hemos realizado una crítica de los que entendemos son partidos de izquierda (léase Podemos e IU). No estimábamos que estuviera dentro de nuestro cometido el decir que tenían que hacer estos partidos dentro de sus organizaciones. Pero ante las discusiones que está habiendo dentro de Podemos, y la inminencia de su segundo congreso en Vista Alegre, no podemos quedarnos impávidos ante una situación que, si nadie lo remedia, llevará a un nuevo fracaso de la izquierda española.

El problema de crear un partido de laboratorio es que algunos de los que lo fundan no lo hacen bajo unos planteamientos ideológicos, sino más bien como vehículo para participar de forma activa en el debate político institucional. Es decir, prima el lograr representación parlamentaria a la defensa de una ideología.

Estamos viendo como en Podemos se dan actualmente tres corrientes en la lucha por imponer su programa dentro del partido. Por un lado tenemos a Iñigo Errejón –alumno predilecto de Jorge Verstrynge- que, sinceramente, parece que estaría mejor encuadrado, por su ideología claramente socialdemócrata, en el PSOE que en Podemos. Es asimismo uno de los más acérrimos contrarios a cualquier tipo de unión con IU. Por otro lado tenemos a los de Izquierda Anticapitalista, que se autodenominan herederos del ¡POUM!, y que, con la honrosa excepción de algún miembro como Teresa Rodríguez, con escasos conocimientos de teoría política más allá de repetir de memoria alguna consigna sacada de algún texto de Trotsky y poco más. La tercera es la que podríamos denominar oficialista, encabezada por Pablo Iglesias.

Es sabido que Podemos se crea a partir del fracaso de IA y algunos otros, de hacerse con el poder dentro de IU; es decir: « creó un partido porque no pudo hacerse con el poder en otro». Esto demuestra qué intereses priman en algunos de los componentes de la cúpula de Podemos. Y en esta línea van algunas de las facciones que se han creado en el partido morado. Errejón ahora defiende que la lucha política ha de hacerse desde el Parlamento, olvidándose de la calle – igual táctica que llevaron a cabo PSOE, y también el PCE, durante la Transición al desmovilizar la calle con el fin de poder llegar a acuerdos con los residuos franquistas encargados de dirigir el cambio de régimen. Se olvida el señor Errejón que es la calle la que debe ordenar que deban defender los diputados por ellos elegidos en la Cámara, y no al revés; que sean las élites de los partidos los que movilicen, o no, a las masas en función de sus intereses.

No se lea en estas líneas una defensa de la política que lleva Pablo Iglesias –él también defendía hace pocos meses la desmovilización callejera-, sino un llamamiento a que dejen de dar el espectáculo lamentable que están ofreciendo para mayor regocijo de PP, PSOE y Ciudadanos. Debemos aprender de nuestro pasado y ver adonde nos llevó la desunión de la izquierda en tiempos no tan remotos como los de la Segunda República, o la Transición.

Hoy es más necesario que nunca que la izquierda se muestre unida ante los múltiples desafíos que se nos presentan tanto en el presente como en el futuro. Algunos dirán que la unión dio resultados fallidos en la última convocatoria electoral con la pérdida de más de un millón de votos. Votos que supuestamente eran de izquierdas, y que sus poseedores decidieron quedarse en casa, en la mayoría de los casos porque se creen que son más «progres» que nadie y por eso no pactan (a pesar de tener el nefasto antecedente de la CNT durante la Segunda República), o simplemente por tener tal nivel de egolatría que se creen que solamente lo que ellos piensan es lo correcto, anteponiendo, en la mayoría de los casos, sus deseos personales a los fines que debe llevar tener un ideario progresista.

Pedimos desde estas páginas que todo aquel que de verdad sienta que el mundo ha de ser más justo, solidario, en definitiva más humano, deje a un lado su ego y arrime el hombro para una verdadera consolidación de la izquierda y, por qué no, llegar a vencer en unas elecciones.