No ha habido «fumata» blanca

Sin acuerdo, ni se espera

Se ha cerrado el plazo para la formalización de un nuevo gobierno, lo que supone que todos los españolitos nos veremos obligados a volver a las urnas para decidir quién se hará cargo del gobierno durante los próximos cuatro años.

Desde el primer momento, Mariano Rajoy abandonó la idea de intentar formar gobierno debido a la falta de apoyos. Tras sus cuatro años de mandato, en donde cada día hemos visto un caso de corrupción en el que estaban envueltos miembros del PP (más de doscientos, una docena de ellos ya ingresados en prisión) y a pesar de que los españoles le volvieron a colocar como el partido más votado – algo que merecería ser estudiado por los sociólogos- reconoció que se encontraba en la soledad más absoluta. Soledad que ellos mismos se habían buscado por haber estado durante su mandato gobernando a golpe de decreto ley –como hacia Franco- despreciando del modo más absoluto al resto de formaciones políticas representadas en el Congreso.

El que sí se lanzó al ruedo fue el secretario general del PSOE Pedro Sánchez, que quiso presentarse en sus primeras intervenciones como el adalid que nos llevaría a la formación de un gobierno regenerador que pusiera patas arriba todo lo hecho por el PP. Y algunos pensaron: “¡Tendremos un gobierno progresista!” Quizás pensaron eso porque desconocen la trayectoria del PSOE a través de su historia. Y podía haberlo hecho pues contaba para ello con el apoyo de Podemos y sus aliados, IU y CC. Solamente necesitaba que los partidos nacionalistas, o alguno de ellos, se abstuviera.

Pero no. El PSOE con el primero que pactó, y único, fue con Ciudadanos, ese mismo partido al que el propio Sánchez había calificado como las Nuevas Generaciones del PP, partido de derechas donde los haya. Y en esto el PSOE fue consecuente con su historia, desde Pablo Iglesias hasta Rodríguez Zapatero pasando por Largo Caballero, Julián Besteiro, Felipe González, etc. Arguyeron que ellos no podían pactar con partidos que defendían la desmembración de España; como si ellos nunca hubieran pactado con partidos independentistas, por ejemplo, PNV y Convergencia i Unió; cuando la realidad es que el mandato de la Ejecutiva del PSOE, con la reaccionaria, (sí, han leído bien) de Susana Díaz a la cabeza, ha sido ¡Con los rojos ni agua! Lo mismo que ocurrió en el Congreso del PSOE celebrado en 1945, en donde se aprobó una resolución convocando a la unión de todos los partidos antifascistas con excepción de los comunistas.

La actitud del PSOE durante los meses que ha durado el proceso de intentar formar gobierno ha sido vergonzosa, mintiendo, tergiversando y echando la culpa de la falta de acuerdo con las fuerzas situadas a su izquierda; la respuesta que han dado a la última propuesta realizada por Compromís es de tener poca vergüenza. Los que sí han mostrado la verdadera cara del PSOE, y es de agradecérselo, han sido personajes como Felipe González o José Bono clamando por un gran pacto de estado con el PP; o Alfonso Guerra, que ha comparado a Podemos con los golpistas del 23-F.

Ahora todos los españoles tenemos la posibilidad de que la actual situación cambie. Para ello es necesario que se cumplan dos premisas. La primera, que los españoles no voten ni al PP ni al PSOE; la segunda, y quizás la más importante, es que se forme una coalición entre las fuerzas de izquierda. Esta alianza que no se forjó en las últimas elecciones es condición sine qua non para que de verdad las cosas cambien en este país. No va a ser fácil, sobre todo por la postura que mantiene un sector de Podemos, liderado por Iñigo Errejón –aventajado alumno de Jorge Verstrynge- que impone unas condiciones que no son aceptables, amparándose en que no se trata de hacer una sopa de siglas; o Cayo Lara –ex falangista valeroso- por parte de IU; que piensan más en intereses partidistas que no en lograr que por segunda vez en España una coalición de izquierdas se haga con el poder.

Todos los estudios realizados apuntan a que si esta coalición de izquierdas se llevara a cabo sería, como poco, la segunda fuerza más votada, colocándola por encima del PSOE. Si esto ocurriera, no tengan la menor duda, amables lectores, que el PSOE, siguiendo su histórica política de arrimarse al sol que más calienta, aceptaría de buen grado sumarse a un pacto que alejaran al PP, y sus cachorros de Ciudadanos, del poder.

De ahí que desde estas páginas haga un llamamiento a los partidos de izquierda para que dejen sus egos, sus intereses partidistas, sus demagogias, en muchos casos baratas, para confluir en la unión de fuerzas que consiga la derrota de los partidos conservadores. También hago un llamamiento para que las españolitas, españolitos y demás gente de mal vivir voten a la izquierda –que por supuesto no incluye al PSOE- si de verdad quieren que en esta vieja piel de toro se pueda respirar cierto aire de justicia social y libertad. Y ¡ojo!, abstenerse supone, debido a la ley electoral que tenemos, dar el voto a los partidos más votados que, recordad, en las últimas elecciones fueron el PP y el PSOE.

Si finalmente la unión de la izquierda no se produce, y los españoles siguen con esa amnesia que les hace que sigan votando a corruptos, como ya he escrito en otras ocasiones, el resultado será que al final gobernará España una coalición formada por el PP y el PSOE. Avisados estáis.