No aprendemos nada

Ley electoral que pergeñó la UCD, partido salido de las filas del franquismo, con la aquiescencia del PSOE.

 Cuando escribo estas letras aún no se sabe cómo se conformará el próximo gobierno o si, por el contrario, habrá que acudir a una nueva convocatoria electoral. En cualquier caso, si algo han dejado claro las últimas elecciones generales es que los españoles no aprendemos nada. Y digo esto por dos razones, que paso a exponer. La primera es que parece realmente increíble que un partido que cuando ha estado gobernado ha intentado destrozar la sanidad y la educación pública; un partido que ha dejado a la Ley de Dependencia reducida a su máxima expresión; un partido que ha conseguido que España sea el país con la mayor desigualdad social de la eurozona; un gobierno rodeado de una corrupción que llega a límites que no serían comprensibles en ningún país occidental medianamente democrático. Pues a pesar de todo eso, el PP ha sido el partido más votado.

Para que esto haya ocurrido se han coaligado varios factores, de los que haré referencia a alguno. Por un lado, una ley electoral que es cualquier cosa menos democrática. Ley electoral que pergeñó la UCD, partido salido de las filas del franquismo, con la aquiescencia del PSOE. La ley electoral actual provoca que el voto de un ciudadano de Soria tanga mucho mayor peso que el de un ciudadano de Madrid, por poner un ejemplo; una ley que, con la excusa falaz de dar representación territorial, favorece a las provincias más despobladas, en el caso de España, Castilla, feudo ancestral de la derecha más cavernícola, y a los partidos nacionalistas. Y no fue casualidad. Por un lado, la derecha, que en aquellos tiempos era UCD, sale beneficiada por los escaños que suma en las dos Castillas, sobre todo en Castilla-León, y de esta forma se asegura disponer siempre de un mullido colchón de votos; por el otro lado se hacía que los nacionalismos – catalán y vasco- estuvieran más o menos contentos y no, permítaseme la coloquial expresión, la liaran parda.

Entre otras cosas, esta ley ha hecho que un partido/coalición como UP-IU, al que han votado casi un millón de españoles, solamente obtenga dos escaños. Otro factor muy importante, por no decir decisivo, es la encefalografía plana que presentan un buen número de españoles, que no tienen la más mínima capacidad crítica, en parte debido a la poca cultura política que aún persiste en gran parte de la población –sobre todo en los mayores de sesenta años; por no decir la poca cultura en general que tienen los españolitos. A lo mejor debería imponerse pasar un examen antes de poder ejercer el voto. ¡No se escandalicen amables lectores! Puede que mi propuesta no suene democrática, pero tampoco me parece muy democrático que el voto de una persona que va, permítanme otra expresión coloquial, a piñón fijo, con su elección decida quién dirige los destinos del país.

La segunda razón por la que la derecha postfranquista y sus retoños –léase Ciudadanos- hayan ganado las elecciones ha sido, una vez más, la desunión de la izquierda. Esta desunión que ha reflejado que a muchos líderes les importa bastante menos la victoria de una ideología que su triunfo personal. Si la izquierda se hubiera unido, en lugar de tener los 69 diputados de Podemos (junto a las coaliciones electorales que se han presentado en Cataluña, donde han vencido, Valencia o Galicia) más los dos diputados de UP-IU, hubieran obtenido 86 escaños si hubieran ido coaligados en todo el territorio. Esta coalición a la que se unirían los nueve diputados de ERC, los dos de Bildu, los 86 del PSOE – que sí, que admito pulpo como animal de compañía-, más algún otro, hubiera conseguido la mayoría suficiente para formar un nuevo ejecutivo y expulsar al PP del gobierno de España. Y en estos momentos es bueno echar mano de la Historia –ya conocéis mi debilidad por esta ciencia. En las elecciones de 1933 vencieron las derechas mediante el pacto establecido entre el Partido Republicano Radical, de Lerroux y la CEDA de Gil Robles. Esta victoria se produjo por la desunión entre los partidos republicanos de izquierda y centro izquierda, y los partidos “obreristas”. Pero los políticos progresistas de entonces sí hicieron una buena lectura de los resultados y sacaron sus consecuencias; esto hizo que en las elecciones de 1936, las fuerzas progresistas se alzaran con el triunfo en las elecciones a través de la unión de todas ellas en lo que conoció como Frente Popular. Esta realidad histórica hace que saque dos conclusiones: la primera, que los políticos de entonces eran más inteligentes que los de ahora; la segunda, y quizás la más importante, que los políticos progresistas del 36 anteponían el bienestar de los españoles a sus intereses personales o partidistas.

Tras los resultados electorales, las posibles soluciones son: que el PP & Ciudadanos consigan el apoyo de otros partidos para obtener el suficiente respaldo parlamentario para que el PP forme gobierno; otra posibilidad que PSOE –muy complicado, ya que al parecer este partido lo dirige la extrema derecha del mismo, léase Susana Díaz-, se una a Podemos/Confluencias, UP-IU, ERC, Bildu y algún otro; esta unión, visto lo visto, se me antoja imposible; y por último, la repetición de elecciones. Con respecto a esta última posibilidad, mi impresión personal es que haría que el PP obtuviera más diputados; posiblemente el PSOE se quedara más o menos como está o ganaría algunos escaños, igual pasaría con Ciudadanos, y habría una pérdida de votos de Podemos, no así en los lugares en los que se han presentado en coalición, con el resultado final de un beneficio para la derecha.

Una última posibilidad sería que se hiciera el “gran pacto” de los “constitucionalistas”, es decir PP, PSOE y Ciudadanos. Y mucho me temo que esta será la que se lleve a efecto, porque estoy prácticamente seguro que Pedro Sánchez será desbancado del liderazgo del PSOE para ser sustituido por Susana Díaz – ya sabéis quién apoyó su investidura en Andalucía-, y ésta, en bien de la unidad de destino en lo universal, perdón por el lapsus, de España, dará el paso para un nuevo gobierno de España.

Y visto lo visto, y aunque sea ateo confeso, que Dios nos pille confesados. Y todo porque no aprendemos nada.