María Domínguez Remón, la primera alcaldesa de la II República

El acceso a la alcaldía por parte de la mujer llega durante la dictadura del general Primo de Rivera

El nombramiento de alcaldesas entraba dentro del proyecto de regeneracionismo que intentó llevar a cabo el dictador en diversos ámbitos sociales y políticos. Hay discrepancias en torno a quién fue la mujer que primero obtuvo el bastón de mando municipal.

Unas fuentes apuntan a Matilde Pérez Mollá, nombrada alcaldesa del municipio alicantino de Catretondeta el 17 de octubre de 1924; otras señalan a  Concepción Pérez Iglesias nombrada alcaldesa de Portos (Pontevedra) en el mismo año. Un total de siete mujeres ocuparon el sillón consistorial durante el periodo; a las que habría que sumar sesenta y dos concejalas.

Sin quitar mérito a estas mujeres que supieron realizar sus funciones de una manera satisfactoria para sus convecinos, debemos resaltar la labor de la primera mujer nombrada alcaldesa en un régimen democrático. Este honor recayó en María Domínguez Remón nombrada alcaldesa de Gallur (Zaragoza) el 29 de julio de 1932.

María Domínguez nació en el pueblo zaragozano de Pozuelo de Aragón el 1 de abril de 1882. Segunda hija de una humilde familia de campesinos tuvo que ayudar al mantenimiento del hogar desde muy temprana edad. Este hecho la privó de poder recibir educación, siendo su formación totalmente autodidacta.

María sufrió una vieja costumbre de los tiempos que corrían en muchos pueblos de España, siendo obligada a casarse con tan sólo dieciocho años con Bonifacio Ba Cercé, con el fin de aumentar las  propiedades.

Infausto matrimonio durante el que María sufrió todo tipo de malos tratos. Harta de vivir durante más tiempo su penosa situación conyugal, María huyó con el dinero que le prestó una amiga a Barcelona, donde trabajó como sirvienta para poder subsistir mientras ampliaba su formación.

En 1917 comenzó a ejercer de maestra –aunque no disponía aún del título- en Almandoz, pequeña pedanía del valle de Batzán. Poco antes ya había comenzado a colaborar como articulista en el diario madrileño El País; también se publicaron algunos de sus poemas en diversos medios de información. Se vio obligada a abandonar su trabajo al contraer en 1918 la conocida como “gripe española”, teniendo que regresar a su pueblo natal, permaneciendo un año en cama.

Nada arredró a esta luchadora. Adquirió una máquina de coser medias con la que pudo ganarse la vida, aunque tuviera que soportar las insidias pueblerinas que no entendían como una mujer podía abandonar al marido y ganarse el sustento por ella misma. Pero como decía la propia María Domínguez: “No tengo que ser esclava de nadie”.

En 1926 una vez que enviudó se casó con Arturo Ramos, un campesino que compartía su jornada laboral con la propagación de las ideas socialistas. Aunque María ya había destacado en sus artículos por la defensa de los derechos de las mujeres, los derechos sociales y, sobre todo para que la educación llegara a todos, es cuando comienza una más intensa labor política –aunque nunca militó en ningún partido-, ayudando a su marido a crear la UGT en su pueblo.

En julio de 1932 el ayuntamiento de Gallur dimite en pleno debido al poco respaldo que tenía de los vecinos de la localidad. Ante esta situación el gobernador civil de Zaragoza la nombra presidenta de una comisión gestora para hacer cargo de la gestión municipal. Se convierte así en la primera mujer al frente de un  ayuntamiento democrático en España. María Domínguez era algo más que maestra, escritora, poetisa; era una luchadora por los derechos de la mujer en particular y por la justicia, la libertad y la igualdad en general, y sobre todo una tenaz defensora de la educación como único medio de construir una sociedad nueva.

De su obra Opiniones de Mujeres, publicada en 1934 podemos extraer algunos de los pensamientos de esta ejemplar mujer: “La verdadera civilización no se consigue con las balas, sino con los libros”; “Una corona grande puede llevarse sobre una cabeza hueca, pero una cabeza grande puede sobreponerse a una corona”. En una entrevista concedida al Heraldo de Aragón, María demuestra tener muy claro cuál ha de ser el papel de la mujer republicana:

“El principal papel debe ser hacer una intensa labor contra la guerra; desear y fomentar la paz, tanto interna como en el exterior. Como es natural, la mujer en el Parlamento debe ayudar a legislar en favor de la clase trabajadora y aún de la misma mujer, que hasta hace poco tiempo ha estado postergada a las labores domésticas. La mujer debe laborar intensamente por mejorar la condición social de las demás mujeres”

La vida de María Domínguez se truncó, como la de tantas otras mujeres, un triste 7 de septiembre de 1936 cuando fue asesinada en las tapias del cementerio de Fuendejalón, pueblo cercano al suyo. Poco antes su marido, Arturo Romanos había sido asesinado en Tabuenca. Su delito; luchar por la libertad y porque todos y todas tuvieran una educación que les ayudara a ser más