Las huelgas estudiantiles de 1986/87. Episodio 3: Historia de una rebelión contada paso a paso

La rebelión de la generación EGB

Manifestación de estudiantes por Atocha

Tal y como adelantamos en el episodio 1, todo estaba preparado para la tormenta perfecta en otoño de 1986: conflictos sociales, huelgas de trabajadores, la Selectividad y las nuevas dificultades para entrar en la universidad, las subidas de tasas y el éxito de las manifestaciones de los estudiantes franceses (un millón de manifestantes en París), junto a un ambiente rebelde juvenil propiciado por el pacifismo anti-mili y anti-OTAN, la herencia familiar en barrios populares de lucha obrera y la sensación de que nos estaban robando el futuro fue lo que definitivamente prendió la chispa.

Si bien los universitarios de la Asamblea de los No Admitidos llevaban desde octubre organizando asambleas y manifestaciones por no haber podido elegir carrera, el elemento más sorprendente fue sin duda la creación masiva,  generalizada y espontánea por parte de los estudiantes de instituto de un increíble movimiento asambleario, como ya explicamos en el episodio 2.

A principios de noviembre, tras una pequeña manifestación estudiantil por Gran Vía que terminó a palos con la policía, en cada instituto público se empiezan a crear asambleas; regidos por democracia directa y donde se eligen portavoces que trasmiten la voluntad de la asamblea. Pronto se organiza una Coordinadora de Estudiantes de Enseñanzas Medias, que intentará coordinar la acción de los institutos. Al mismo tiempo aparece el llamado Sindicato de Estudiantes (SE). Ambas organizaciones intentarán liderar las protestas, aunque realmente ninguna llegó a controlar el movimiento.

Empieza la rebelión (noviembre 1986)

Al igual que pasará en el posterior 15M de 2011, Madrid será el origen de la mecha que encenderá al resto del estado, no solo por estar la sede del Ministerio de Educación y ser fácil ir a manifestarse en la puerta, sino porque llevará el peso de las protestas al principio, y fue referente para el resto en poco tiempo. En los ochenta todavía solo existía la televisión pública (La 1 y la 2), y las imágenes que salían en los telediarios (que veía todo el mundo) pronto contagiaron al resto del país, desde ciudades a pueblos, convirtiéndose en un movimiento a nivel estatal.

Archivo RTVE

El 12 de noviembre de 1986, y convocados por los alumnos expulsados de la universidad por la Selectividad (Asamblea de los No Admitidos) poco más de dos mil chavales intentan llegar hasta las Cortes acosados por ultraderechistas y policía, que les impedirán llegar a su objetivo. Curiosamente este simple hecho encenderá la indignación de muchos estudiantes. Esto, sumado  al crecimiento de las protestas estudiantiles en Francia a finales de noviembre por la Ley Devaquet (las reivindicaciones francesas eran parecidas a las españolas),  no hace más que acrecentar el movimiento asambleario en los institutos y la movilización de los jóvenes durante el resto de noviembre. Se empiezan a crear las primeras coordinadoras locales (barrios y pueblos) que intentarán aunar esfuerzos y reivindicaciones.

Desde entonces se extienden las manifestaciones, los encierros o los cortes de tráfico por cualquier parte de la ciudad. Aunque las reivindicaciones todavía no estaban depuradas, ya se exigía por los estudiantes la bajada de tasas, democratización de la educación, aumento del presupuesto, la eliminación de la Selectividad y poder elegir facultad.

Pellas, palos y lucha (diciembre 1986-febrero 1987)

El día 4 de diciembre más de 20.000 estudiantes de instituto recorren el centro de la capital hasta el Ministerio de Educación. Fue convocada por el SE, algunas Coordinadoras y la CNT. Todos eran jóvenes de BUP, COU y FP. Fue la primera manifestación que sorprendió por su asistencia, demostrando que los adolescentes tenían “músculo” para seguir hacia delante. Al comenzar la marcha el grupo violento neonazi Bases Autónomas intentó apropiarse de la manifestación y han de ser los propios estudiantes los que releguen a este grupo a la cola de la manifestación. A la altura de Plaza de España los ultras cargan contra el grueso de la manifestación con bates de beisbol y cascos de motos, intentando disolverla. Finalmente, tras un enfrentamiento, la manifestación logra rehacerse.

El día 8 de diciembre el gobierno francés de Chirac retira la reforma educativa de la Ley Devaquet, ante la presión de las movilizaciones estudiantiles. Los jóvenes españoles ven que la presión funciona y se lanzan definitivamente a la lucha sin cuartel.

Las reivindicaciones, ratificadas en la mayoría de las asambleas-institutos mediante votación directa, se sintetizarán en unos puntos que, más o menos, se mantendrán hasta el final del conflicto. Serán principalmente la «admisión en primera opción a la Universidad, no a la Selectividad, mantenimiento de los exámenes de septiembre y congelación o eliminación de las tasas académicas».

A partir del 9, 10 y 11 de diciembre parte de los institutos de todo el estado entrarán en huelga indefinida de forma casi espontánea, y se producirán continuas manifestaciones en Madrid, así como en Asturias, Barcelona, Valencia, Bilbao, Zaragoza y Pamplona. El aumento masivo de estudiantes en las calles será proporcional a la intimidación policial y de la ultraderecha, siendo las manifestaciones cada vez más violentas y descontroladas.

El ministerio, sorprendido por la determinación de los estudiantes y las convocatorias de huelga indefinida, intentará abrir unas conversaciones sin contenido que desactiven el movimiento estudiantil. Sin embargo, los estudiantes no caerán en la trampa y el día 12 de diciembre la huelga es definitiva en casi todo el estado.

Paralelamente en los institutos de Madrid, durante esa misma semana, se eligen comités de huelga independientes que proponen votaciones por clases en los centros que están en huelga indefinida. Se decide crear una Coordinadora de Madrid de centros en huelga o en proceso de movilización que canalice la unidad de acción. A pesar de la invitación a los universitarios, estos prácticamente no entrarán en serio hasta febrero.

El 16 de diciembre se constituye una asamblea abierta, en la facultad de Geografía e Historia de la Complutense, donde se creará la Coordinadora de Estudiantes de Enseñanza Media y Universidad de Madrid, integrada por representantes de 55 institutos de bachillerato, 12 de F.P. y 17 facultades (aunque todavía no había comenzado el proceso asambleario en la Universidad).

La reunión decide que la soberanía reside en las asambleas de los centros (institutos y facultades), y que la Coordinadora es sólo un mecanismo de coordinación de propuestas y movilizaciones; los representantes de los centros no tienen poder decisorio, y se limitan a traer las propuestas formuladas en sus asambleas, contando cada centro con un voto en la coordinadora, independientemente del número de representantes. También se acuerda elegir una mesa permanente de portavoces para encabezar las manifestaciones, dar ruedas de prensa y ser portavoz de las futuras negociaciones ante el ministerio.

Ya aquí empezaron las primeras fricciones en el movimiento con el Sindicato de Estudiantes (de orientación Marxista), pues estos no eran partidarios de que el modelo de organización fuera asambleario. Además desconfiaban de que muchos delegados hubieran sido elegidos de forma democrática, algo que también ocurría muy a menudo.

Sin embargo, al final se llega a un consenso y se acuerda como medida de presión al Gobierno una jornada de huelga general y manifestaciones masivas para el 17 de diciembre. En la reunión se aprueban por votación los 4 puntos reivindicativos básicos: No a la selectividad, congelación de tasas y progresiva disminución posterior, paridad en los órganos de gobierno y aumento de presupuestos para educación.

El 17 de diciembre de 1987 el paro es total en prácticamente todos los institutos del estado, que terminarán en las primeras manifestaciones masivas en todas las capitales de provincia y grandes ciudades españolas. En Madrid, más de 50.000 chavales saldrán de Luca de Tena hasta el ministerio. Como novedad aparecerán los líderes sindicales de CCOO y UGT (invitados por el SE), que serán abucheados por apropiarse de la cabecera. A estas alturas los sindicatos de clase apoyaban claramente al Sindicato de Estudiantes, algo que no gustaba a muchos por querer mantener la independencia del movimiento. Tras la experiencia de los ataques neonazis en la mani anterior, se organiza un servicio de autodefensa y seguridad que tendrá que intervenir cuando un crepúsculo juvenil falangista aparece de improviso para reventar la manifestación. Como clásico final la policía cargó para dispersar a los estudiantes antes de llegar al ministerio.

A pesar de la histórica huelga y manifestaciones, el gobierno no cede y ni siquiera intenta abrir negociaciones, esperando que las vacaciones de Navidad calmasen a los jóvenes y se les pasara el calentón.

Y sí, los jóvenes se fueron de vacaciones e hicieron una tregua, pero lo que no imaginaba el gobierno fue que los estudiantes volvieran todavía con más ganas de guerra, y encima descansados.

Las clases empezaron el 8 de enero con relativa normalidad, aunque ya el día 10 tanto la Coordinadora como el SE (ya definitivamente separados en la estrategia y la organización) comienzan a preparar las futuras movilizaciones ante la inacción gubernamental. Mientras la Coordinadora plantea una huelga indefinida a partir del día 16, el SE prefería huelgas generales ocasionales y presionar con manifestaciones.

Siguiendo el modelo asambleario se vota en casi todos los institutos las propuestas, saliendo por mayoría en casi todos los centros la huelga indefinida, así como una gran manifestación para el día 16 de enero. Ya por entonces en algunas provincias ya habían empezado la huelga indefinida. También, y para tener una organización más dinámica, se divide la Coordinadora de Enseñanzas medias y Universidades en dos independientes (Coordinadora de Enseñanzas Medias y Coordinadora de Universidades), aunque manteniendo siempre la unidad de acción. El objetivo era sobre todo movilizar a los universitarios, que hasta entonces no estaban teniendo ningún protagonismo, sin retrasar a su vez el imparable impulso de los adolescentes.

Fuente: Carmen Barrios

El 16 de enero tiene lugar en Madrid una mani, solo convocada por la Coordinadora, desde Moncloa hasta el ministerio. A la altura de Gran vía volvieron a aparecer falangistas y neonazis de Bases Autónomas que intentarán reventar la manifestación a palos. Sin embargo los estudiantes, que ya estaban alertas y enojados de anteriores ataques, responderán rápidamente a los atacantes y son expulsados de forma contundente. Fue tan contundente la reacción que la ultraderecha no volverá a reventar manifestaciones el resto del conflicto.

Tras este nuevo éxito en todo el país el día 17 se crea la Coordinadora Estatal (por primera vez en España organizada por autonomías) para tener una organización conjunta más amplia, aumentado todavía más la presión al ministerio y ser un portavoz único en las negociaciones. Su primera acción fue convocar una manifestación unitaria y masiva para el 23 de enero, que dejara clara sus intenciones de llegar hasta el final.

A partir del día 20 se unirá también el SE, que iba un poco a su aire pues no quería someterse al “ente” superior que era la Coordinadora (sobre todo por los problemas de representatividad); sin embargo al final primó la unidad de acción con lo que se consigue en Madrid y en el resto del estado un paro total.

A partir de entonces se suceden los cortes de tráfico, encierros y otras movilizaciones por parte de estudiantes de instituto y universitarios por todos los barrios y ciudades españolas. Todas ellas reprimidas fuertemente por las fuerzas policiales cuando les era posible. Es de destacar que los universitarios empezaron ya definitivamente a movilizarse, lo que hace que las acciones se multipliquen. En un primer momento se une la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) a la huelga indefinida por la negativa a aceptar un borrador del gobierno para la Universidad. En pocos días se irán uniendo el resto de Campus.

En contraste, en Valencia, aprovechando las primeras descentralizaciones autonómicas, la Coordinadora valenciana aceptará un pacto con la Generalitat, desactivando a una parte muy importante del movimiento a nivel estatal.

El 22 de enero, en una reunión en el CAUM (Club de Amigos de la Unesco) entre todos los actores (Coordinadora, SE, CCOO, CNT, Coordinadora de profesores y asociaciones de padres) para consensuar la cabecera de la gran manifestación. Se llega finalmente a un acuerdo, aunque hubo grandes tensiones que provocaron que se decidiera que no hubiera siglas de ningún grupo, Al final se aprueba un lema unitario y sencillo: «Contra la política educativa del gobierno».

Como ya comentamos en capítulos anteriores, la manifestación del 23 de enero fue sin duda el gran hito de las movilizaciones estudiantiles. Más de 100.000 adolescentes y universitarios en Madrid (y un millón a nivel estatal) desbordarán todas las previsiones. La mani terminó con una violencia enorme con la policía, que obligó al ministerio a abrir negociaciones ante las espectaculares imágenes que inundaban los telediarios de la época. Antes de que llegara la propia cabecera la policía empezó a cargar contra los primeros jóvenes que iban adelantados; mientras, miles de estudiantes siguen subiendo por Alcalá viendo los desmanes desproporcionados de la policía. El resto ya lo sabemos: botes de humo, camiones de agua, disparos, heridas de bala, el Cojo Manteca, decenas de heridos y horas de lucha callejera que dejaron un paisaje devastador en la Calle Alcalá tras la batalla campal.

Jose Hinojosa

Tras estos incidentes, y viendo que los estudiantes van en serio y han resistido la presión, el ministerio convoca una reunión con los representantes estudiantiles para el día 28, condicionado si abandonaban la huelga indefinida. El SE desconvoca la huelga el día 26, sin embargo la dinámica asamblearia hace que la mayoría de los institutos continúen la huelga indefinida por su cuenta.

Antes de la reunión con el ministerio la presión no dejó de actuar. El 27 de enero los profesores, agrupados en la Coordinadora de Profesores de Enseñanzas Medias, inician una huelga de tres días para protestar por el borrador del futuro Estatuto del Profesor. Además, unos 8.000 jóvenes se plantan frente a la antigua dirección de la policía (DGS), en la Puerta del Sol, para protestar por las detenciones y actuación policial en la manifestación y disturbios del 23 de enero.

El día 28 se produce la primera rueda de conversaciones con el ministerio. En ella, a parte de la Coordinadora y el SE, se presenta la CEAE (Confederación de Asociaciones de Estudiantes), una organización oficialista incluida por el gobierno y muy afín a éste, que provocó la indignación del resto pues en realidad no representaban a nadie. Lo único reseñable fue la oferta del ministerio de aumentar las becas con un presupuesto mínimo anual. Las conversaciones se rompen ante esta actitud gubernamental.

El 29 de enero se produjo una filtración sobre la reforma del plan de estudios para las facultades de humanidades. En un estallido espontáneo los alumnos de la Facultad de Gª e Historia y de Filología de la Complutense inician una huelga que pronto se propaga por el resto de las facultades y universidades del estado, entrando definitivamente los universitarios en la lucha estudiantil. Se toman edificios e incluso rectorados, en un ambiente cada vez más reivindicativo e imparable.

Sin embargo, el movimiento en los institutos empezaba a quebrarse ante la competencia entre la Coordinadora y SE por liderar el conflicto, con acusaciones mutuas de romper la unidad de acción y de conformismo frente al ministerio. Además, ante el agotamiento de los jóvenes por la huelga indefinida muchos institutos cambian la estrategia por huelgas intermitentes y seguir con las manifestaciones multitudinarias aprovechando la unión con los universitarios.

Agotamiento y negociación (febrero-abril 1986)

A pesar de los problemas, el 3 de febrero (convocados por la Coordinadora) se produce otra gran manifestación que intentará llegar a las Cortes. Como ya es habitual la policía cargará con todas sus fuerzas contra los estudiantes, terminando otra vez la manifestación en una batalla campal. La represión continuará los días siguientes en Madrid y resto del estado (sobre todo Barcelona) desalojando violentamente Consejos de universidades o la Bolsa.

Ante esta escalada de violencia la Coordinadora vuelve a convocar, junto a los universitarios, una gran manifestación para el día 6 de febrero. Con varias columnas desde diferentes lugares de Madrid (según la coordinadora local), la idea era confluir en el Arco de Moncloa para unirse a los estudiantes de la Ciudad Universitaria y dirigirse todos juntos directamente al Palacio de la Moncloa. La Delegación del Gobierno (Gobierno Civil que se llamaba antes) ya avisó que la manifestación era ilegal y respondería con violencia. Y así fue, antes de llegar las columnas de los institutos a Moncloa ya empezaron las brutales cargas policiales. También se apaleó a los universitarios que estaban en la Facultad de Historia y que intentaron dirigirse al palacio gubernamental. En pocas manis se repartieron tantos porrazos por parte de la policía, lo que produjo cientos de heridos.

Toda esta violencia es aprovechada por el gobierno para romper las negociaciones con la Coordinadora (acusándola de lo que hoy llamaríamos “antisistema”), y negándose a sentarse hasta que se abandonaran las medidas de presión de los alumnos. Además querían obligarles a firmar un documento oficial de que “acatarían la legalidad vigente”. Otro problema añadido para la Coordinadora Estatal fue la autoproclamación de un estudiante (David Blesa) como representante, algo que no fue aceptado por casi nadie.

A partir de ahora se producirá una acoso por parte de la prensa desprestigiando a la Coordinadora, tildándola de antidemocrática y radical. En una reunión de la Coordinadora Estatal se acusa a Maravall, y sobre todo al ministro de interior Barrionuevo, de ser precisamente ellos los que provocaban los disturbios, y negándose a firmar un documento tan ridículo y solo hecho para desprestigiar el movimiento frente a la opinión pública.

Para desafiar estos ataques a la rebelión estudiantil vuelve la unidad de acción, y tanto el SE como la Coordinadora  convocan para el día 9 de febrero otra manifestación desde Luca de Tena hasta el ministerio. Tras varias manifestaciones en las que los estudiantes fueron brutalmente agredidos por la policía, esta sería la venganza de muchos y la calle Alcalá quedará devastada tras una jornada de “ira”.

El 12 de febrero el ministerio, tras ver que el movimiento no cede, decide volver a abrir las negociaciones. Sin embargo, el ministro elige reunirse solo con el autoproclamado David Blesa. A pesar del intento de la Coordinadora de Madrid para evitar este encuentro (reconocida por el resto del estado como la legítima para negociar) el ministro consigue hacerlo intentado romper la unidad del movimiento.

Ante esto, y los nuevos ataques de la prensa criminalizando a los jóvenes, el SE convoca en solitario el 13 de febrero una nueva manifestación hasta el ministerio. Esta vez vendrán más de cincuenta mil alumnos, muchos de otras partes del estado, demostrando el SE tener bastante fuerza para poder negociar por sí mismo. Como siempre la mani terminó a palos en Alcalá.

A pesar de la encomiable actitud de los estudiantes los efectos de la huelga indefinida se irán notando durante febrero, volviendo muchos institutos a la actividad.

Todo lo contrario que en la Universidad, que cogió el testigo de los agotados estudiantes de instituto, y sus acciones aumentaron masivamente durante varias semanas, con ocupaciones de Campus por parte de la policía que no se veían desde la época de los “grises”.

Tras estos acontecimientos el ministerio reacciona y convoca urgentemente a los representantes estudiantiles (SE, Coordinadora y la CEAE), con el mediático representante del SE Juan Ignacio Ramos a la cabeza, pues le interesa cerrar definitivamente un conflicto que se ha enquistado durante meses. Los estudiantes de enseñanzas medias, que también se sienten muy presionados (prensa, padres, agobio por perder el curso, etc..) buscarán también un acuerdo. Los universitarios quedan al margen pues ya tenían su guerra propia que durará hasta abril.

El 18 de febrero, en una reunión en la que la mayoría de la Coordinadora Estatal no reconoce a su propio representante (David Blesa), el ministerio ofrece un documento de 18 puntos, en donde a los habituales ofrecimientos del ministerio como el aumento de becas, presupuesto o democratización del sistema, añadirán la gratuidad de la Enseñanzas Medias (algo ridículo pues costaba 25 € anuales). Respecto a la continuación de la selectividad se convence a los estudiantes diciéndoles que «aprobarán la mayoría».

Rubalcaba negociando con representantes alumnos

Finalmente será firmado por casi todos los actores excepto por la Coordinadora de Madrid (que representaba también a muchas Coordinadoras de otras partes del estado), que no lo aceptará por considerarlo una traición a las reivindicaciones de los últimos meses. Continuarán con la lucha unas semanas más, aprovechando que la mayoría de los institutos de Madrid no lo aprobaron en asamblea (y otros muchos de otras partes del estado), quedándose la capital como último baluarte de la rebelión.

El 24 de febrero, en un intento por mantener la dignidad de la revuelta, se convocará la última manifestación convocada por la Coordinadora de Madrid y el resto de las asambleas del estado que la apoyaban. A pesar de ser un nuevo éxito poco a poco las diferentes asambleas y coordinadoras irán aceptando el acuerdo ante el definitivo agotamiento del movimiento y los propios estudiantes. Aún así, algunos institutos de barrios obreros de Madrid se mantendrán en huelga hasta abril.

Poco a poco volvió la normalidad a los institutos, se reanudaron las clases, se hicieron los exámenes y se retornó a esa idealizada vida despreocupada del adolescente. En pocos meses estos sucesos quedaron para el recuerdo romántico de la juventud de muchos de nosotros.

Conclusión

A pesar del tiempo pasado, y el olvido generalizado, los acontecimientos ocurridos entre noviembre de 1986 y abril de 1897 se pueden considerar como la movilización estudiantil más grande e importante en la historia de España. La rebelión de la generación EGB. Una generación marcada por los conflictos sociales de los años ochenta y que fue capaz de absorber una conciencia crítica y rebelde, y también con una gran responsabilidad social y defensora de lo “público”. Que la mayoría de los estudiantes fueran adolescentes menores de edad les otorgan a estos sucesos una grandiosidad todavía mayor a este ejemplo de reivindicación justa, con desparpajo juvenil y valiente.

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Interesantes vídeos de la época que nos harán entender mejor esos días: