La Tribu

Muchas criaturas del planeta Tierra, llevadas por la llamada de sus genes, se organizan en pequeños colectivos

Estamos en el año 2017 después de Jesucristo. Toda la Península Ibérica está ocupada por el capitalismo. ¿Toda? No, una región poblada por irreductibles portugueses resiste al invasor

Y la vida no es tan fácil para las guarniciones de Merkel, JP Morgan, Goldman Sachs y Lehman Brothers. Allí la gente lucha.Hay otra región al noreste que también lucha, pero no me he enterado de por qué.

Estos, los del noreste, se definen a sí mismos por sus antepasados y no por el presente en que viven, que es el mismo que viven los de su península, los de su continente y los de su planeta. Aquellos tipos dan importancia al linaje por delante de asuntos realmente útiles para su día a día, como la sanidad, la educación o algo tan básico como los sueldos y las condiciones laborales. La conciencia de clase planetaria para sus trabajadores es tema menor para ellos, frente a la conciencia de tribu local.

Son una tribu, han vuelto a la organización primigenia de la humanidad y dan por falacia los métodos posteriores más complejos que han ido unificando a lo largo de las edades a los pequeños grupúsculos en colectivos mayores, más efectivos, más fuertes y más útiles.

Muchas criaturas del planeta Tierra, llevadas por la llamada de sus genes, se organizan en pequeños colectivos. Algunos se llaman manadas, otros se llaman cardúmenes, no faltan los que se llaman bandadas y también existen las piaras, los rebaños o los hormigueros. El equivalente en humanos se llama tribu. Ese reducto irreductible del noreste de la península ibérica ha decidido ponerse a la altura de las manadas, cardúmenes, bandadas, piaras o rebaños.

Estamos pues ante una tribu, indistinguible de un hormiguero. El problema es que, como todo hormiguero, necesita un trozo de tierra, y aquí empiezan los problemillas teóricos, porque no es tan fácil conseguir un trozo de tierra para hacer el nuevo agujero donde iría el hormiguero, al cual algunos llaman frontera, otros nación, otros país y otros, como yo, falacia.

Así pues, y en esta bola perdida en la Vía Láctea llamada Planeta Tierra, tenemos un grupo que quiere crear un subgrupo y, para ello, se basa insistentemente en la democracia.

Poca gente en nuestro entorno duda de que la democracia es el camino, al menos en público, pero sería interesante saber qué es la democracia, porque la democracia está en boca de todos y nadie explica qué es eso. Sin meterse en muchas consideraciones, casi cualquiera apoya que la democracia “es un pueblo gobernándose a sí mismo”. Pero hay variantes. Cada variante se inventa lo que quiere al respecto. Algunos dicen que hay que votar a representantes cada 4 o 5 años, o 6 o 7, da igual, y dejar manejar a esos representantes a su libre antojo todos esos años. Otros creen que los gobernantes han de someterse a su población para cada decisión importante. Mucho más interesante para mí es cuando se vota desde los pueblos y barrios y desde allí surgen las leyes. No falta quien opina que sobran los gobernantes y que el pueblo se gobierna a sí mismo en forma de asamblea.

En cualquier caso, se trata de representantes decidiendo, de representantes preguntando o de falta de necesidad de representantes, y con cualquiera de estas organizaciones posibles, al principio o al final, acaba la gente votando entre varias opciones posibles ante lo que nos atañe para el día a día.

Es difícil discutir que la gente tiene derecho a opinar, a votar y a manifestarse acerca de sus intereses. Poca persona demócrata estaría en contra de votar acerca de las reformas, también llamadas recortes, o dicho de otra manera; que los de siempre vivan bien y los demás que traguen con los fracasos del capital..

Sin embargo, en Cataluña, no quieren votar acerca de ello, para ellos son temas sin demasiado interés. Algunos al principio porque les convenía, y otros detrás por falta de formación de izquierda, han decidido que la democracia consiste en decidir acerca de la propiedad de la tierra. Porque esa tribu catalana no es nómada, resulta que son sedentarios y resulta que han decidido que la tierra que pisan es suya y que se puede someter a referéndum.

No es así. Esa tierra que pisan lleva aquí cinco mil millones de años y no es suya, ni fue de los dinosaurios ni nunca será de nadie ese dibujo en el mapamundi que esa tribu llama su zona de influencia. Hay cosas sobre las que no se puede votar. Y una muy importante sobre la que no pueden decidir unos pocos, o no deberían, es sobre la propiedad de lo que no es nuestro.

Porque nada es nuestro más que nosotros mismos, y el resto es de todos o de nadie salvo tópicos sin fundamento. Uno de esos tópicos se llama nacionalismo, otro independentismo y otro patriotismo, todas ellas palabras que no sostienen un debate serio.

Dijo un astrofísico, desgraciadamente desconocido, llamado Carl Sagan: “Somos materia de estrellas que piensa sobre las estrellas, somos ciudadanos del Cosmos”. Comparar este principio básico con los del Esquerra, CUP, o PdeCat es de muy mal gusto. También con los del PP, Ciudadanos… o Trump. Los humanos no andamos en nuestro mejor momento.

Sea como sea, y dejando a un lado las tribus y los hormigueros, espero que al final los trabajadores de Catalunya y Castilla y Extremadura y Aragón y Euskadi y etc., sigamos unidos y después con toda la península y con Europa y después con más y más de todo el mundo, porque los que manejan el capital ya están unidos. Pero, más importante, que en un sentido u otro predomine como herramienta la paz y la tranquilidad entre gente teóricamente civilizada.