La matanza de Badajoz. Parte 3. Testimonios reales frente a la historiografía franquista

Plaza de toros de Badajoz
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Amén de las crónicas de los periodistas extranjeros desplazados a Badajoz, también contamos con el testimonio de personas que vivieron aquellos terribles momentos. Gracias a ellos podemos conocer con más detalles lo ocurrido en la capital extremeña.
Testimonios

Alfonso González Bermejo: “La gente no quiere hablar por el pánico que tienen todavía en el cuerpo sesenta años después. Aquella fue la mayor salvajada del mundo. En Extremadura murieron más de cincuenta mil personas. Legionarios y moros violaban a mujeres y niñas, castraban a los hombres y, sin escrúpulos, se ponían los testículos en la boca como trofeos. La sangre corría por las calles como el agua”. (citado DISFEITO). Estas declaraciones realizadas en el 1996 podrían escucharse hoy mismo. En las investigaciones que estoy realizando en la actualidad sobre la represión franquista en pueblos de la comarca de Barros, me encuentro, en la mayoría de las ocasiones, con la negativa a hablar de las personas que fueron testigos de la época -cada vez quedan menos- de lo ocurrido en 1936 y años posteriores. El miedo sigue firmemente instalado en el pensamiento de la gente.

Un defensor de Badajoz, Manuel García Moreno, nos relata cómo fueron los últimos momentos de la defensa: “Estaba defendiendo la Puerta del Pilar el 14 de agosto y la abandonamos cuando ya estaban encima de nosotros […] salimos por Villanueva del Fresno y les destrozamos la columna Castejón. Cuando lo tomaron mataron a todos los que cogieron. Los que escaparon nos contaban que los llevaban a la plaza de toros, les colocaban banderillas como a las reses. En el cementerio mataron a dos tíos míos, después de obligarles a cavar su propia tumba, junto con diez mujeres y dieciocho hombres”. (citado DISFEITO)

Jorge Morales: “El 19 de agosto se celebró un acto cívico-militar con la presencia de obispos y las nuevas autoridades, y al final de la misa, ante todos los asistentes, fue fusilado el exalcalde republicano de la ciudad junto a otros doce compañeros. Mientras, la banda militar amenizaba el terrible espectáculo. Los cadáveres de los asesinados estuvieron tres días expuestos al sol, con un letrero que decía “estos son los asesinos de Badajoz”. Al hijo de un teniente que mataron los republicanos, le preguntaron los moros que quería a cambio de la muerte de su padre, y él pidió que liquidasen a cuatrocientas personas de los pueblos cercanos. En la finca de Los Bonales, fue el fusilamiento; y aunque han pasado setenta años, aún queda alguna señal que otra”. (citado DISFEITO)

El diario de la familia Pinna también sirve de recordatorio de aquellas fechas: […] “en la plaza de toros, los nacionales metían a todos los dudosos, el que era acreditado por alquien quedaba en libertad. Días después, ya en la cárcel, suponemos que una vez realizada esa depuración sacaban cada día a cien presos y los fusilaban”. (citado ESPINOSA: 96-97)

Era tal el estado de ánimo de la población que el coronel Eduardo Cañizares -gobernador militar de la ciudad- no sabía cómo mejorar esta situación, así se lo comunicó a Franco en un telegrama enviado el 22 de agosto: “Muy abatida en el campo y en la plaza. Para levantarla he organizado un desfile, unas manifestaciones y gran propaganda, pero son poco sensibles y el susto no acaba de salírseles del cuerpo”. ¿Pero cómo se les iba a pasar el miedo, si en la fecha del telegrama aún se continuaba asesinado a gente de forma indiscriminada?

Historiografía franquista

El primero en cuestionar lo que ocurrió en Badajoz fue el militar -metido a historiador- británico, McNeill-Moss en su obra The legend of Badajoz (Londres, 1937). Si analizamos mínimamente los argumentos de McNeill-Moss para negar la matanza, vemos que estos se basan en una sarta de mentiras sin pies ni cabeza.

Ya hemos referido anteriormente como el propio Mario Neves refutó uno de los argumentos del militar inglés, que negaba la veracidad de sus crónicas porque no coincidían, según él, con las de otros corresponsales. Otra de las supuestas “pruebas” de McNeill-Moss es que el comunicado que publicó la United Press estaba firmado por Reynols Packard, y éste nunca había estado en Badajoz. Lo que no decía McNeill es que los comunicados de prensa de las agencias se atribuían siempre al corresponsal jefe, fuera él o no el autor material de la noticia. La United Press desmintió que Packard fuera el autor de la noticia, pero nunca desmintió la veracidad de la misma. No me extenderé en derribar los argumentos de McNeill-Moss, ya lo hicieron sobradamente Herbert R. Southworth en El mito de la cruzada de Franco, Arthur Koestler en Spanish Testament (Londres, 1937) (Koestler fue detenido por orden Luis Bolín, pasando varios meses en la cárcel); el propio Mario Neves, o Marcel Dany en una carta que remitió a Herbert Southworth: “Contrariamente a los que dicen los señores MacNeill-Moss o Dahma… Mario Neves sí que estaba en Badajoz con el señor Berthet y conmigo durante las primeras horas de la mañana después de la toma de la ciudad […], es decir, mientras las tropas seguían limpiando el barrio alto, mientras se efectuaban registros y arrestos, mientras se fusilaba en la plaza de toros y en las calles y dentro de la catedral todavía estaban los cadáveres de civiles y militares republicanos”.  (SOUTHWORTH: 392)

Aunque ningún historiador mínimamente serio, por no decir decente, niega lo ocurrido en Badajoz; el legado de McNeill-Moss tuvo, y tiene, amplia difusión en los historiadores, publicistas y juntaletras neofranquistas. Por ejemplo Juan José Calleja, que en su biografía, mejor dicho hagiografía, sobre el general Yagüe, se limita a decir que se reprimía en ambos bandos, y que los “rojos” (sic) tergiversaron lo ocurrido en Badajoz. En similares términos se manifestaron Ramón Salas Larrazábal y Martínez Bande; ambos militares que combatieron en las filas franquistas. De la Cierva y su discípulo más aventajado, Pío Moa, mantienen que se creó la leyenda de Badajoz para tapar los asesinatos de la cárcel Modelo.

En 2010 apareció el libro La matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda. Los autores son Francisco Pilo Ortiz, Fernando de la Iglesia y Moisés Domínguez, estos “historiadores” tienen la poca vergüenza de decir que Yagüe prohibió la entrada de periodistas para protegerles; ¿de quién? ¿de los muertos que yacían tirados en las calles como perros?; también niegan, porque según ellos los periodistas no lo vieron, la matanza en la plaza de toros; se olvidan de mencionar el testimonio de Berthet, que si lo oyó, porque estaba en la entrada de la plaza de toros, y que vio como sacaban los cadáveres. También mienten cuando dicen que hubo entrevista de Whithaker con Yagüe, ya que esta, según ellos nunca se publicó. Se ve que leen poco, Whitaker la publicó en su artículo Prelude to world war. A witness from Spain, publicada en Foreign Affairs, vol. 21 (1942-1943), pp. 104-106. “La auténtica leyenda de Badajoz no es otra que la puesta en circulación por la propaganda franquista y su pretendida historiografía”. (REIG TAPIA: 187)

Conclusiones

Las columnas comandadas por Yagüe fueron dejando un rastro de terror por todas las poblaciones que iban ocupando. Si en Badajoz redoblaron sus sádicos esfuerzos fue por la resistencia que ofreció la ciudad. Ha quedado confirmado, incluso por el propio Yagüe, que los asesinatos que se produjeron se hicieron sin atender a las más mínimas normas de guerra.

El que hubiera que quemar los cadáveres con gasolina para evitar brotes epidémicos es una muestra de la magnitud de la matanza. Nadie que tenga un mínimo de humanidad puede negar, a pesar de los intentos de todos aquellos que “con Franco vivían mejor”, de manipular la verdad histórica, que no es otra que en Badajoz se cometió un genocidio.

Bibliografía sucinta
  • ALONSO GARCÍA, Héctor (2006): La cuestión de las cifras en la batalla de Badajoz; ponencia presentada en el Congreso La Guerra Civil Española 1936-1939. Madrid.
  • CALVO TRENADO, Raúl (2005): La masacre de Badajoz por el ejército franquista en 1936, enhttp://www.profesionalespcm.org/_/MuestrasArtículos2php?id=5855
  • CEBRIÁN VÁZQUEZ, Gonzalo (2014): Los sucesos de Badajoz. 77 años después, en Extremadura. Revista de Historia, nº 1, pp. 228-243
  • DISPEITO, A., GARCÍA RIBERA, A. PÉREZ GALDÓS, F. (2007): Agosto de 1936: la sangre de miles de “rojos” inundó la plaza de toros de Badajoz, en El Otro País (17-8-2007)
  • ESPINOSA, Francisco (2003): La columna de la muerte. Barcelona
  • MARTÍN BASTOS, Javier (2015): Pérdidas de vidas humanas a consecuencia de las prácticas represivas franquistas en la provincia de Badajoz. Tesis doctoral
  • MERINO BASTOS, Javier (2005): Se definen los frentes, en Guerra Civil española. Mes a mes. Madrid.
  • NEVES, Mario (2007). Matanza de Badajoz. Mérida.
  • PECHERO MERCHÁN, José (2012): La guerra civil en Badajoz,http://www.guerracivilbadajoz.com
  • PRESTON, Paul (2011): El holocausto español. Barcelona
  • REIG TAPIA, Alberto (2006): La cruzada de 1936. Mito y memoria. Madrid.
  • SANZ, Ricardo (1977): Los que fuimos a Madrid. Barcelona.
  • SOUTHWORTH, Herbert R. (2011): El mito de la cruzada de Franco. Barcelona
  • VILA IZQUIERDO, Justo (1984). Extremadura: la guerra civil. Badajoz
  • ZUGAZAGOITIA, Julián (1968): Guerra y vicisitudes de los españoles, vol. 1. París.

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