La Matanza de Badajoz. Parte 2. Los responsables y los testigos

La historia de cómo sucedió y quiénes perpretaron una de las mayores matanzas de los franquistas al principio de la guerra

Teniente Coronel Juan Yagüe


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El máximo responsable fue, sin duda, el teniente coronel Juan Yagüe.

Yagüe ya había tenido una destacada actuación en la feroz represión que se ejerció en Asturias tras la revuelta de octubre de 1934. Tal era su ansia represiva que tuvo un fuerte enfrentamiento con el general López Ochoa, cuando éste llegó a un acuerdo con los obreros llegándole a acusar de ser cómplice de los insurrectos. Tenía pues experiencia en masacrar poblaciones civiles. En Badajoz nadie puso reparos a sus crueles represalias.

En segundo lugar están los militares que mandaban las tres columnas que entraron en Badajoz: el comandante Castejón, y los tenientes coroneles Asensio y Tello; ellos permitieron que las tropas a su mando realizaran todo tipo de tropelías, incluso en ocasiones las animaron.

Yagüe nunca se arrepintió de lo ocurrido en Badajoz; es más, se vanagloriaba de ello. Al periodista francés Jacques Berthel le dijo: Es una espléndida victoria. Antes de avanzar y ayudados por falangistas vamos a acabar de limpiar Extremadura. En una entrevista concedida al periodista norteamericano John T. Whitaker, cuándo éste le preguntó si era cierto que había fusilado a miles de personas, contestó: Naturalmente que los hemos matado. ¿Qué suponía usted? ¿Iba a llevar a 4.000 prisioneros con mi columna, teniendo que avanzar contra reloj? ¿O iba a dejarlos en mi retaguardia para que Badajoz fuera roja otra vez? Esta contestación demuestra claramente el talante inhumano de Yagüe.

Pero no solo fueron los militares los que tienen responsabilidad en la matanza de Badajoz; contaron con la inestimable colaboración de falangistas, religiosos y demás “gente de orden”, tanto en la práctica directa de asesinatos como en la elaboración de las listas de los que deberían ser eliminados. El falangista Mariano Ramalho -un sobrino suyo, Luis Ramalho, fue el primer presidente de la Junta de Extremadura-; el sacerdote Isidro Lomba, encargado de realizar las listas de los que había que ejecutar; Juan Galán Bermejo, también sacerdote, y que se jactaba de haber asesinado él mismo a más de cien “rojos”; Arcadio Carrasco que irónicamente fue nombrado marqués de la Paz y presidente del Sindicato Vertical; Jorge Pinto, terrateniente de Olivenza, que hacia bailar a las mujeres antes de asesinarlas abriéndoles el vientre y sacando sus órganos.

Avelino Villalobos, Leopoldo Ríos, Antonio Ardillas, Agustín Carandell, que asesinó a treinta y cuatro presos atados entre sí en la puerta del ayuntamiento; el marroquí Ahmed Mohamed Muley, que se ponía el traje de torero y asesinaba a sus víctimas clavándoles una bayoneta en el cuello; Eduardo Esquer, que postriormente sería diputado en las cortes franquistas; y un largo etcétera de personas para las que la vida humana no tenía ningún valor.

Juan Galán Bermejo «El cura de Zafra»
Arcadio Carrasco

 

Yagüe intentó quitarse la responsabilidad de encima; meses más tarde les dijo a los falangistas Dionisio Ridruejo y Alcázar Velasco, que la orden de realizar la matanza de Badajoz partió del falangista Arcadio Carrasco. No es creíble que un falangista actuara de forma independiente, y menos creíble aún que éste tuviera poder sobre los militares.

Testigos extranjeros

Mario Neves

Neves era un periodista portugués que actuó como corresponsal del Diario de Lisboa en Extremadura. Fue el primero, junto al francés Jacques Berthet de Le Temps; Marcel Dany, también francés de la Agencia Havas; y John T. Withaker, del New York Herald Tribune, y el fotógrafo francés René Bru, en llegar a Badajoz.

Carnet del periodista Mario Neves

Mario Neves no simpatizaba con las fuerzas republicanas; aún así dio un ejemplo de honradez al denunciar las atrocidades de las que fue testigo. En su primera crónica, emitida el día 15, decía: Escenas de horror y desolación en la ciudad conquistada por los rebeldes […] Acabo de presenciar un espectáculo de desolación y de espanto que se apagará de mis ojos […] Junto a las paredes de la Comandancia Militar, la calle está salpicada de sangre […] Le preguntamos a Yagüe si había muchos prisioneros, nos respondió que sí – y fusilamientos… decimos nosotros. Parece que ha habido dos mil…; el comandante Yagüe se sorprendió con la pregunta declara ¡No deben ser tantos! […] Estas notas redactadas minuciosamente […] no conseguirán dar una pálida idea del espectáculo de desolación y de horror que han visto mis ojos.

Al día siguiente remitió otra crónica al Diario de Lisboa: Nos afirman varias personas que nos acompañan que los legionarios del Tercio y los marroquíes “regulares” encargados de ejecutar la decisión militar deseaban conservar durante algunas horas los cadáveres en exposición, en tal o cual punto, para que el ejemplo produzca sus efectos.

Finalmente la crónica que envió el día 17 fue censurada por las autoridades portuguesas que obligaron a Neves a retractarse y negar que hubiera habido alguna matanza, so pena de ser encarcelado.

Los ataques que sufrió Neves por parte de los propagandistas franquistas fue atroz. El que dio el pistoletazo de salida para la persecución historiográfica de Mario Neves fue el militar británico McNeill-Moss (que también negó el bombardeo de Guernica). Aducía el propagandista inglés que las crónicas de Neves no coincidían con las de otros periodistas. McNeill tergiversa hasta lo indecible el artículo de Neves; por ejemplo omitiendo párrafos que no le interesaban, como: Algunos cuerpos estaban tumbados aquí [Puerta de la Trinidad]… El mismo espectáculo se repetía en la calle san Juan, junto a la que fueron fusilados los milicianos que habían caído en manos de los rebeldes. Por otra parte, McNeill no hizo alusión alguna al segundo despacho enviado por Neves.

Ante la sarta de mentiras de McNeill -repetida por múltiples panfletistas franquistas nacionales y extranjeros-, Neves se vio obligado a enviar una carta a los periódicos desmintiendo el panfleto de McNeill-Moss: El autor McNeill-Moss, intentando defender un determinado punto de vista, utiliza mi nombre y mi documentación […] escrita por mi después de la toma de Badajoz por las tropas del coronel Yagüe. Sin embargo McNeill-Moss da un sentido falso a lo que yo escribí, empleando mis palabras para enfrentarlas a las informaciones de otros compañeros que fueron conmigo, padeciendo los mismos peligros y las mismas emociones […] No sólo el comandante McNeill-Moss ha dado una interpretación errónea a mis crónicas objetivas, sino que deshecha una parte importante de mis textos y no duda en producir un artículo del que elimina las líneas que no le gustaron, sin indicar siquiera esas mutilaciones […], dado que ha usado mi nombre para hablar de hechos que no corresponden exactamente con lo que yo escribí, he decidido escribir esta carta y pediros que la publiquéis. (citado SOUTHWORTH: 39)

A pesar de los intentos de la historietografía y de los publicistas franquistas, las crónicas de Mario Neves han quedado como el más vivo reflejo de la barbarie con la que se emplearon los sublevados en la ocupación y represión de Badajoz.

Jay Allen
Jay Allen

El periodista norteamericano Jay Allen no estuvo en Badajoz en los primeros días, pero su crónica sobre lo sucedido recorrió el mundo al ser una de las más impactantes escritas durante la guerra civil española. Allen llegó a Badajoz el día 23 de agosto; su artículo titulado Slaugther of 4.000 at Badajoz City horrors, fue publicado el día 30 por el Chicago Tribune y el London News Chronicle.

Para su crónica, Allen entrevistó a múltiples testigos de los sucedido. Según él se asesino a 4.000 personas, 1.800 de ellas en tan sólo doce horas en la plaza de toros. A las cuatro de la mañana introdujeron en la plaza por la puerta donde las cuadrillas inician el paseillo en las corridas de toros. Les esperaban las ametralladoras. Después de la primera noche, se calculaba que en el extremo más alejado de la plaza la sangre había penetrado un palmo de profundidad en el suelo. No lo pongo en duda. Mil ochocientos hombres -también había mujeres- murieron allí en poco más de doce horas. Hay más sangre de la que parece en mil ochocientos cuerpos.

En las fechas en que estuvo Allen en la capital pacense, aún se producían cincuenta asesinatos por día. Allen también fue el que testimonió la ayuda del régimen del dictador portugués Salazar a Franco; denunció que las autoridades portuguesas entregaban a Franco a los republicanos que habían huido de Badajoz; y como los aviones de los sublevados utilizaban los aeródromos portugueses para bombardear las poblaciones extremeñas.

Jay Allen, al igual que Neves, sufrió los ataques de los servicios de prensa franquistas dirigidos por Luis Bolín. Uno de los que salió en su defensa fue John T. Whitaker: Jay Allen fue el primer corresponsal que entrevistó a Franco, y en general está considerado como el periodista mejor informado sobre los asuntos españoles. Su narración fue atacada y difamada por hombres pagados de un extremo a otro de Estados Unidos. Uno de los trucos más empleados fue negar que Allen hubiera estado en Badajoz durante la toma de la ciudad. El comunicado de Allen dice rotundamente que llegó más tarde, que no pudo enviar un informe procedente de un testigo ocular, pero que citaba las informaciones franquistas.

La prensa extranjera

Gracias a los periodistas extranjeros se pudo conocer la verdad de lo ocurrido en Badajoz, sin su testimonio, el genocidio perpetrado en la capital extremeña hubiera sido uno más de los ocultados por los franquistas. En un intento baldío de ocultar lo ocurrido en Badajoz; Yagüe prohibió la entrada de periodistas en la ciudad pacense, así lo atestigua el periodista portugués Leopoldo Nunes, que era simpatizante del bando sublevado. Corrobora esta prohibició el francés Émile Condroyer, que fue el primero en narrar las peripecias que pasó René Bru por plasmar en imágenes el horror que vio cuando llegó a Badajoz.

Además de Neves y Allen, fueron varios los periodistas que enviaron sus crónicas sobre lo sucedido a diversos medios de información europeos y americanos. El día 15 de agosto Marcel Dany envió un telegrama a la agencia Havas: La ciudad de Badajoz ha caído esta noche enteramente en poder de las tropas rebeldes. Ha habido ejecuciones masivas. Ese mismo día apareció en Temps, una ampliación de la noticia: Hasta el momento alrededor de 1.200 han sido fusilados bajo la inculpación de resistencia armada o de graves crímenes […] Los arrestos y ejecuciones en masa, en la Plaza de Toros, continúan […] Solamente en la calle san Juan hay numerosos cuerpos […]. El día 16 apareció en Le Populaire un despacho de la agencia Havas, firmado por Marcel Dany: En la plaza del ayuntamiento, en particular, están tumbados numerosos partidarios del gobierno que fueron alineados y ejecutados contra la pared de la catedral. Han corrido por las aceras ríos de sangre. Por todas partes se encuentran charcoscoagulados. (citado SOUTHWORTH: 386).

No menos contundente fue otro periodista francés, Jacques Brethel, cuyo relato publicó Temps: Los milicianos y los sospechosos arrestados por los rebeldes han sido pasados de inmediato por las armas… cerca de mil doscientos han sido fusilados. (citado SOUTHWORTH: 386).

El día 17 de agosto se lee en los titulares del Temps: NO SON 500, SINO MÁS DE 4.000 MUERTOS. En las páginas interiores aparecía una crónica de Berthet: En estos momentos [15 de agosto] alrededor de mil doscientas personas han sido fusiladas […] Hemos visto las aceras de la Comandancia Militar empapadas de sangre […], los arrestos y ejecuciones en masa continúan en la Plaza de Toros. Las calles de la ciudad están acribilladas de balas, cubiertas de vidrios, tejas y de cadáveres abandonados. Sólo en la salle san Juan hay trescientos cuerpos […](citado TENORIO, 1978: 9). Ese mismo día aparecía en París Soir una crónica de Henri Danjou: Las fuerzas del Tercio hacían blanco sobre los cadáveres, a los cuales se empezaba ya a dar sepultura. Esto es un ejemplo de la crueldad sin sentido que emplearon las tropas franquistas.

El periodista portugués de extrema derecha, Arthuro Portella escribió, en tono triunfalista, en el Diario de Lisboa, que el número de fusilados en Badajoz se elevaba a 4.000 personas. Un caso trágico fue el de otro periodista portugués, Mario Pires, corresponsal del Diario de Noticias, tal impresión le causó lo que vio en Badajoz que enloqueció, teniendo que ser recluido en un centro siquiátrico: En la plaza de toros el sol bate de lleno el ruedo y sobre las formas siniestras de marxistas fusilados. Aquí se hace la concentración de presos. Entran dos grupos de “manos arriba”. Quinientos, tal vez seiscientos. No hablan, no protestan. Ninguno de ellos grita su inocencia […] Unos amigos prueban la no culpabilidad de uno de los detenidos. Lo devuelven a la libertad; a la vida. Nunca vi ni espero ver, expresión como la de esa hombre, en el momento de salir de la Plaza de Toros. Nunca vi ojos más brillantes, más expresivos, más dolidos […] (citado ESPINOSA: 209)

El escritor católico francés, François Mauriac publicó un artículo el día 18 en Le Figaro condenando los asesinatos cometidos en Badajoz. Estos hechos y los ocurridos posteriormente en Guernica hicieron que el eminente escritor francés cambiara radicalmente su opinión sobre lo que estaba ocurriendo en España.

El periodista norteamericano Peter Wyden clasificó lo sucedido en Badajoz como una premonición de Auschwitz. Estas opiniones no las compartía Yagüe.

El periodista John T. Withaker, que acompañó a las tropas de Yagüe durante algunas semanas, escribió: El coronel Yagüe que mandaba las fuerzas franquistas en Badajoz, se reía al oir los desmentidos sobre las matanzas: “Naturalmente que los hemos fusilado -me dijo- ¿Qué se podría esperar? ¿Pensaban que iba a llevar conmigo a cuatro mil rojos cuando mi columna avanzaba luchando contra reloj? ¿Tenía que dejarles en libertad en mi retaguardia para que Badajoz volviera a ser una ciudad roja? Whitaker no era sospechoso de ser un “rojo” empedernido; habia sido condecorado por Mussolini en agradecimiento a las crónicas que envió desde Abisinia.

Varios de estos periodistas fueron posteriormente represaliados. René Bru fue detenido por orden de Luis Bolín, la Casa Pahté para la que había realizado las fotos tuvo que devolver los behativos para que fuera puesto en libertad. Marcel Dany fue detenido y posteriormente expulsado de Portugal por denunciar la entrega de cincuenta y nueve civiles españoles a los franquistas por parte de las autoridades postuguesas -ya había sido expulsado de España-. Neves fue detenido e interrogado por la policía portuguesa y obligado a retractarse. Jean D’Esme también fue expulsado de España. Arthur Koestler, quién en 1937 defendió la información que proporcionó Neves frente a las insidias de McNeill Moss, fue apartado de su labor periodística en España, cualquier medio que diera cobertura a sus escritos perdería la corresponsalía en la zona controlada por los sublevados.

No cabe duda que gracias a la integridad de estos periodistas la verdadera cara del franquismo quedó al descubierto. Como apunta Francisco Espinosa: La importancia de las informaciones de los periodistas extranjeros radicaba en que de un solo golpe habían hecho caer dos mitos: el de una guerra civilizada y el de la neutralidad portuguesa. (ESPINOSA: 205)

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