Fusión ¿la energía del futuro?

Una característica que predomina entre los humanos, consistente en no mirar más allá de unos pocos años, nos va llevar a enfrentar grandes crisis en las próximas décadas. El crecimiento desbocado del consumo en los países ricos y el aumento imparable de la población en los países en vías de desarrollo no va a conducirnos a nada bueno.

Uno de los principales peligros que vamos a sufrir más pronto que tarde vendrá dado por la falta de energía o por el uso desbocado de métodos perniciosos para los ecosistemas. Uno de estos es la energía nuclear convencional.

La energía nuclear fue descubierta a partir de la archifamosa ecuación de Einstein E=MC². El tema da mucho de sí, pero para el asunto que nos ocupa podemos verlo por encima.

Energía nuclear de fisión

La energía de fisión es la que se utiliza en las centrales nucleares actuales y se comenzó a emplear en las primeras bombas atómicas, las que Estados Unidos lanzó sobre Japón con unas excusas bastante pobres. Se basa en romper (fisionar) núcleos atómicos pesados, principalmente de Uranio y de Plutonio. En el proceso se obtienen elementos químicos más ligeros y se libera una gran cantidad de energía.

La ventaja de esta forma de energía es que no causa efecto invernadero en la atmósfera, pero el principal problema se halla en los elementos ligeros resultantes, los cuales son radiactivos y por tanto conllevan un tremendo peligro para la vida y de ser liberados en caso de accidente como se ha visto varias veces. Lo peor es que en los casos más extremos su actividad radiactiva dura miles de años, y por tanto no existe lugar lo bastante seguro para aislarlos.

Otro problema de la fisión, del que se habla poco pero que es evidente, es que el Uranio y el Plutonio, al igual que el Petróleo, no van a durar siempre, y entonces estamos ante una solución temporal y extremadamente peligrosa.

Esquema del proceso de fisión
Energía nuclear de fusión

La fusión funciona de manera contraria que la anterior. Se trata de unir dos o más núcleos atómicos ligeros para crear uno más pesado, el cual cuenta con menos masa que la suma de sus partes, de forma que el excedente se convierte en energía, en una cantidad muy superior a la obtenida mediante fisión, como lo atestiguan las estrellas, las cuales arden mediante fusión, y además sin desprender ningún tipo de residuo radiactivo. Allí se combinan núcleos de hidrógeno obteniendo helio y calor.

Hasta ahora con nuestra tecnología sólo hemos conseguido reproducir este proceso a gran escala de manera descontrolada, en las llamadas bombas de hidrógeno, las cuales son tremendamente más potentes que las primeras bombas atómicas del tipo de la de Hiroshima. La dificultad se encuentra en que para conseguir la fusión es necesaria mucha energía, tanta que en las explosiones de este tipo se utiliza una bomba atómica de fisión que a su vez activa la reacción de fusión. Pero el calor necesario para activarlas es considerablemente menor que el obtenido, por lo que sería rentable en centrales energéticas.

Los pasos dados hasta ahora encaminados a desarrollar centrales eléctricas basadas en este modelo no son excesivos. Los poderes capitalistas y los políticos vendidos a ellos lo tienen claro: mientras podamos seguir quemando petróleo y fisionado uranio ¿para que vamos a mirar al futuro? Los mayores logros para controlar el proceso han durado unos pocos segundos y la energía conseguida ha sido menor que la empleada.

Esquema del proceso de fusión

EL Proyecto ITER

El ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor, en español Reactor Termonuclear Experimental Internacional) es un proyecto encabezado por la Unión Europea, quien lo financia en un 50 por ciento, y que cuenta como socios con Estado Unidos, Rusia, China, Japón, India y Corea del Sur, que aportan la otra mitad del presupuesto total, previsto en unos 10.000 millones de euros gastados a lo largo de 30 años

Su objetivo es desarrollar la tecnología necesaria para convertir la fusión en una energía limpia, barata e inagotable. Limpia porque no produce residuos, barata porque la materia prima se obtiene del agua, e inagotable por esta misma razón.

Sin embargo, la cosa no es tan bonita como parece. Para empezar, el tipo de reactor que se pretende investigar es un viejo invento soviético de los años 50 del Siglo XX, el llamado Tokamak, que no es la panacea que debería ser la fusión nuclear. Este modelo de reactor no está libre de residuos, aunque es cierto que son mucho menos duraderos que los de la fisión.

Interior de un Tokamak

Además, las previsiones más optimistas hablan de obtener resultados útiles para el 2050. No parece tener mucha prisa esta gente.

Cierto es que se trata de un proyecto de envergadura, pero 10.000 millones de euros a emplear en 30 años no es más que calderilla para las mayores potencias del planeta, en cuyas bolsas se mueven cantidades inmensamente mayores, que se traducen en cualquier cosa menos bienestar para la mayoría. Tampoco por gastar 10 o 20 veces más se iban a reducir los plazos en la misma proporción, pero es evidente que ayudaría y que posibilitaría investigar vías mejores y más limpias que el Tokamak.

Interior de tubo del ITER

La trascendencia que tendría el hecho de resolver, de una vez por todas, la cuestión de la obtención de energía merece multiplicar esfuerzos, pero nuestros políticos no se enteran o no quieren enterarse. Claro está, que tenemos los gobernantes que nos merecemos.