El juicio de los políticos catalanes

Fuente: El País

Hace poco se ha publicado en esta revista un artículo de la compañera Judit Sorribes sobre el proceso que se está llevando a cabo contra diversos líderes políticos y civiles catalanes en el Tribunal Supremo. Quizás algunos lectores hayan pensado que el artículo de Judit es sesgado y de tendencia independentista; por eso he decidido escribir este que, amablemente, están leyendo.

Antes de nada, quiero decir que estoy en total oposición al independentismo catalán, por lo tanto no tengan en duda, estimados lectores, que mi opinión no está mediatizada por la defensa de la independencia de Cataluña; todo lo contrario.

Lo que es cierto es que el juicio es lo más parecido a una ópera bufa en donde algunos de los actores repiten un guión previamente escrito pero que parece que no entienden o no comparten. La actuación que están teniendo tanto la fiscalía como la abogacía del Estado es patética, buscando opiniones, que como todos sabemos son subjetivas, en lugar de presentar pruebas claras que demuestren la culpabilidad de los acusados en los delitos de los que se les acusa.

El presidente del Tribunal tampoco les va a la zaga, aunque este sí parece compartir el guión que le han presentado; con una actuación muy distinta cuando delante del tribunal está un testigo de la acusación, de la defensa o uno de los acusados. No es de recibo que un testigo que al parecer no estaba diciendo lo que fiscales y jueces querían oír sea amenazado por el presidente del tribunal por un posible perjurio.

Incluso se les hacen preguntas para que den respuestas que sirvan a los intereses de las acusaciones, respuestas como yo creo que había una situación de insurgencia; la gente estaba en actitud hostil; con tanta gente en la calle yo no me sentía segura; etc. Es decir todo pura subjetividad.

Cada vez que escucho a algún tertuliano, presentador, articulista decir que los políticos catalanes no son presos políticos, sino políticos presos, mi estado de cabreo suele subir a altos niveles. Y me cabreo mucho porque ya estoy harto de que toda esta gentecilla, o gentuza, como ustedes prefieran, estimados y sufridos lectores, me tomen por imbécil, insultando a mi inteligencia.

Porque esto, señoras y señores, es un juicio político cargado de una inquina contra Cataluña que raya la sicopatía. Porque no es solo el juicio – o el que se está celebrando contra Sandro Rosell, expresidente del Barça, que es otro dislate-, es lo que tenemos que oír de algunos de estos políticos neofascistas que amenazan, y no es ninguna broma, con gobernar el país y que lo primero que tienen en su agenda son medidas contra Cataluña, pasándose, entre otras cosas, la Constitución por el forro.

Y saben cómo acabará esto: con una sentencia que ya está escrita, en la que a los procesados les va a caer un montón de años de condena. Y que después el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo echará atrás, dejando una vez más con el “culo al aire” a nuestro sistema judicial e incluso a nuestra democracia.