El juicio de la vergüenza

El juicio sobre el procés es, a día de hoy, y sin lugar a dudas “el juicio». Quizá en España no se esté viviendo con tanta intensidad (al principio parecía que sí pero poco a poco ha ido perdiendo pistonada) pero en Catalunya no hay conversación entre amigos, conocidos o incluso compañeros de trabajo que se precie donde no se le haga alguna alusión

Todavía queda mucho juicio por delante (hay más de 500 testigos llamados a declarar), pero ya se van intuyendo algunas cosas, vamos conociendo quién es quién y a día de hoy se puede ya hacer un balance de lo que están dando de sí este juicio.

Para empezar, querría resaltar el bajo nivel de la mayoría de los abogados del Estado y los fiscales que estamos viendo. Algunos de ellos no vocalizan bien, tartamudean o necesitan de otros para terminar sus preguntas, pues parece que se atascan porque no saben qué decir. Vamos, que la justicia española está dando un espectáculo lamentable.

Por otro lado, en cambio, a destacar la profesionalidad y el buen hacer de los abogados de las defensas (Jordi Pina, Andreu van den Eyden y Marina Roig, especialmente), muy acertados en la mayoría de las ocasiones y que ponen muy nerviosos a testigos, fiscales y jueces ante las contradicciones evidentes del sumario y acusaciones.

A destacar sería como a la mayoría de los testigos independentistas se les pregunta si tienen el carnet de Omnium Cultural o de la ANC, y en cambio el juez Marchena no cree adecuado preguntar a la secretaria judicial sobre su pertenencia a páginas de Facebook fascistas, muy demócrata, sí, señor.

Testigos como Rajoy, Santamaría y Zoido pueden contestar repetida e impunemente “no recuerdo, no sé, no me consta”, y en cambio cuando lo hace Jaume Mestre (responsable de Difusió de la Generalitat), el juez Marchena lo alerta directamente de que se comete delito no sólo mintiendo, sino con respuestas inexactas (como si las de los testigos que he citado anteriormente no lo fueran… y en cambio a éstos no les alertaron de nada). Y aún más, el fiscal pide que el Sr. Mestre sea investigado en el juzgado 13 de Barcelona, inaudito.

Testigos como el de Enric Millo, delegado del Gobierno en Catalunya durante el Referéndum, que hablan de armas (de destrucción masiva, jejeje) ¡como el Fairy! Sí, lectores, habéis leído bien, los independentistas colocaban trampas tirando Fairy al suelo para que los piolines se resbalaran. O cuando se le pregunta al major Trapero sobre las botellas de agua que los manifestantes lanzaban contra el séquito judicial demuestran claramente que no tienen ninguna prueba del delito de rebelión del que acusa a los imputados.

Observadores internacionales están “flipando” viendo cómo se violan una y otra vez los derechos de los encarcelados (jornadas judiciales maratonianas, el juez no deja que se emitan videos demandados por la defensa, el juez le dice a uno de los abogados defensores “yo le puedo interrumpir a usted, pero usted a mí no”, etc.), cosa que puede ser muy legal, pero difícil de comprender para la gente “normal”.

Una acusación popular (VOX) de extrema derecha (fascista, machista y homófoba) y unos jueces cercanos al PP (según Ignacio Cosidó, portavoz de PP en el Senado: “Controlaremos la Sala Segunda desde detrás”, comentario que escribió en un grupo de whatsapp en noviembre del año pasado (2018), cuando hubo el reparto de jueces en el Consejo General del Poder Judicial: 10 para PSOE y 10 para el PP, siendo el presidente del PP, y cuyo voto sirve para desempatar) dejan un panorama más bien pesimista para los enjuiciados.

Lo peor del tema es que todos somos conscientes de que las sentencias ya están escritas, y no serán para nada favorables a los presos políticos. Cuando este caso llegue a instancias superiores: Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, hará lo mismo que otros tribunales europeos (Bélgica, Alemania, Suiza, etc.) han hecho ya: no admitir que hubo rebelión. Al fin y al cabo, estas personas sólo han cometido un “delito”: cumplir lo que prometieron en su programa electoral, pero esto será dentro de muuuuchos años, y mientras tanto, ellos pudriéndose en prisión, privados de libertad, de poder estar con su familia y ver crecer a sus hijos.