Cuando continuar tu formación universitaria es sinónimo de emigración. José Ignacio Borrego García

En base a mi caso particular y, no siendo el único español o latinoamericano: me permito hacer este inciso geográfico en el caso de que el artículo sea leído por algún lector de América Latina; fui un estudiante español que en su día formalizó y remitió una preinscripción a alguna de las universidades francesas. En el transcurso de mi tiempo en Nantes la mayoría de mis amigos tanto españoles como latinoamericanos hemos coincidido en una misma frase: ¿qué tendrá Francia que, en lugar de estudiar en nuestros países de orígenes, hemos decidido venir a hacerlo a aquí?

Sin olvidarnos de la apreciación geográfica, me centraré en mi caso y trataré de dar a conocer por qué vine a estudiar y a seguir mi formación académica a Nantes (Francia).

Desde una perspectiva un tanto escéptica, en materia educativa no hemos sabido encontrar un programa que sea homologable al conjunto de la nación teniendo en cuenta todas sus vicisitudes regionales, socioeconómicas y políticas y sea, a la vez, aceptable por los diferentes partidos que constituyeron y constituyen el Parlamento español. Creo recordar, una vez aprobado el último proyecto educativo, la controvertida L.O.M.C.E. a finales del año 2013, en virtud a la mayoría absoluta que tenía el partido del actual gobierno, han sido sancionadas siete leyes educativas diferentes[1]. Esta nueva ley educativa y, actualmente en vigor, no recibió una respuesta favorable por ninguna institución y/o agrupación social que componen el conjunto de la educación española. Un proyecto educativo que no sólo se ceñía a las asignaturas que debían ser impartidas en las aulas de los centros educativos, sino también al derecho a las becas, así como al precio de las tasas de las matrículas universitarias.

A lo largo de los cinco años, desde que comenzara mis estudios universitarios en el año 2008, ya en el último curso tanto mis compañeros becarios como yo, fuimos conscientes de una reducción considerable en lo relativo a la cuantía de nuestras becas con respecto a la de los cursos precedentes. En función a las características socioeconómicas de mi familia, esta disminución notable supuso una dificultad puesto que debía hacer frente a múltiples gastos derivados de mis estudios universitarios en la ciudad de Cáceres. Soy de un pequeño municipio de la provincia de Badajoz, por lo que estudiar una carrera en la facultad de Filosofía y Letras ubicada en Cáceres, obligaba a desplazarse a dicha ciudad. Como otros tantos estudiantes universitarios en Cáceres, debíamos compartir pisos, pagar alquileres, comer, pagar el transporte y demás gastos de la vida cotidiana de un joven universitario.

Tras la finalización de mi licenciatura en el año 2013, en función a mi ambición personal de querer dedicarme en un futuro a la docencia, comencé a estudiar un máster especializado en la formación de futuros pedagogos por la rama de Historia, Geografía e Historia del Arte en la misma facultad cacereña. En este año también fueron reducidas las becas de forma considerable.

Para el pago de las becas, de forma general, se aplicó una fórmula compleja encaminada a intentar explicar a los alumnos cómo iban a ser becados: un sistema casi tan difícil como entender un recibo de la electricidad en España. A partir de la entrada en vigor de la última ley educativa, he conocido a muchos coterráneos que tras terminar con éxito el bachillerato y haber superado la Selectividad, accedieron a la Universidad de Extremadura. Sin embargo, muchos de ellos al año siguiente de haber empezado tuvieron que abandonar las aulas de la Universidad. La exigencia de aprobar un porcentaje alto, por no decir el 100% de los créditos en el primer curso, junto a la obligación de obtener una nota media conforme a las calificaciones conseguidas en los exámenes de las asignaturas, fueron las principales causas que les impidieron continuar con sus respectivas carreras universitarias.

A diferencia de España, Francia otorga a los universitarios una segunda oportunidad. A fin de cuentas, el Estado nunca es consciente de si el alumno ha sufrido algún tipo de problema a lo largo del curso universitario que le haya impedido cumplir favorablemente los requisitos marcados para conseguir la beca. No obstante, en contraste con lo que sucede en España, el Estado francés, pese a no aprobar las asignaturas, hace una renovación de la beca con una condición: aprobar el curso completo.

Asimismo, Francia da prioridad a la situación socioeconómica que tengan las familias de los estudiantes universitarios o a las condiciones también socioeconómicas en el caso de que seas un joven emancipado de la casa familiar. Estudiar en Extremadura, dado que el nivel adquisitivo de muchas familias extremeñas es bajo, provoca que una gran mayoría de los estudiantes lo tengan que hacer a base de becas. Es descorazonador que un padre y una madre tengan que decir a sus propios hijos «lo sentimos mucho pero no podemos financiar tus estudios universitarios» o que muchos paisanos jóvenes te tengan que decir, una vez que han dejado sus estudios «antes que cualquier carrera, está la familia». Padres que no pueden ayudar a sus hijos en sus estudios, que en definitiva bloquea sus formaciones de cara al futuro, o hijos que en esta situación prefieren dejar sus estudios a fin de ayudar económicamente a sus familias o no repercutir negativamente con un gasto. En un país donde la tasa de desempleo entre los jóvenes españoles es muy elevada pese a estar muchos de ellos bien formados académicamente, no encuentran trabajo. Consecuencia: no pueden hacer frente por sí mismos a la financiación de sus estudios en la Universidad. A ello debemos añadirle que aquellos universitarios en régimen de becados no pueden trabajar con un contrato puesto que derivaría en la suspensión de la beca para el próximo curso en el caso de que superen los requisitos antes descritos. En Francia, es todo lo contrario. Este país apremia a que los jóvenes universitarios encuentren un empleo, sin importar el sector, y que puedan desenvolverse como ciudadanos que buscan comenzar una vida independiente.

Al igual que en España, también en Francia ha habido a lo largo de su democracia diferentes gobiernos cuya ideológica política era distinta. Sin embargo, a pesar de que esa alternancia gubernativa pueda suscitar en la mente de un ciudadano español que también en Francia hubo reformas universitarias a nivel económico, es totalmente una idea falsa. Los precios de las tasas universitarias en Francia son fijas y asequibles para todos aquellos jóvenes que quieran comenzar una carrera en alguna de las universidades. Abajo les adjunto una noticia del diario El Mundo que recoge el precio público de las universidades en el marco de la Unión Europea[2].

España ha superado un récord y, no ha sido por ser el país que permite estudiar en la Universidad de manera gratuita como ocurre en algunos países del Este, sino de ser uno de los países dentro de la Unión Europea en donde cursar estudios universitarios es más caro. Sumando a los obstáculos antes citados, debemos hacer hincapié en el incremento drástico del precio de las tasas de las matrículas en España. Cifras que en muchas ocasiones te absortan o te provocan risa, por no llorar. En esta línea, han sido muchos los que han tenido que abandonar las aulas ante una imposibilidad de poder pagar las tasas de las matrículas. Por este motivo, han sido muchos los españoles, que, ante la bondad del país vecino, es decir, Francia, han hallado una alternativa de poder continuar con sus estudios. Asimismo, estudiar en un país extranjero es una verdadera oportunidad de poder aprender una nueva lengua. Un idioma muy valorado y, a la vez hermoso, pese a sus dificultades lingüísticas, pero que, en un mundo cada vez más competitivo y políglota, es positivo saberlo y hablarlo.

 

[1]En el conjunto de los siete programas educativos en España, he introducido la <<Ley General de Educación>> que se aprobó en 1970 durante los últimos años de la dictadura franquista.

[2]http://www.elmundo.es/sociedad/2016/04/15/570f9b3ce5fdea6d578b45cd.html