La última carta de Pascual Duarte

Carta ficción sobre la obra de Cela

Querida madre,

Sé que tú nunca recibirás esta carta, ya que yo mismo te maté, aunque confío en que desde el cielo consigas leerla, pues necesito contarte el porqué.

Todavía recuerdo aquellos días en nuestro querido pueblo de Badajoz, con aquella plaza donde se encontraba el ayuntamiento, la casa de don Jesús, y como no, la parroquia con su campanario. También recuerdo nuestra humilde casa, dónde tú y papá discutíais y os dabais palizas constantemente. Detrás de nuestra casa había un riachuelo, donde yo solía pescar anguilas, aunque yo prefería la caza, porque lo veía más de hombres, cosa que demostré posteriormente con mi sed de muerte y de venganza que tan horriblemente ha caracterizado mi trágica vida.

Recuerdo con añoranza esos días en el pueblo, los mejores que tuvimos. Todo cambió cuando nació Rosario. Mi padre se puso furioso y te empezó a dar palizas como nunca lo había hecho. Esto hizo que tu carácter cambiara y se volviera más rudo, y que nuestra relación empeorara de manera estrepitosa. Aun así yo te veía como una mujer fuerte y que se crecía ante las adversidades de la vida.

Pero también eso cambió cuando Manuel, mi único hermano, murió. Lo único que recuerdo de su funeral fue tu cara, madre ¡Cómo no pudiste llorar la pérdida de tu hijo, era tu hijo madre, era tu hijo, la criatura que tu misma creaste!. Aquellos acontecimientos desfiguraron mi opinión sobre tu persona. De una mujer fuerte y luchadora pasaste a ser un ser sin alma para mí. Después de aquello todo era rencor hacia ti.

Pero no todo fue malo en ese día, ahí por fin le dije lo que sentía a Lola, y lo recuerdo como no de los momentos de más felicidad de mi vida. Pero en mi existencia nada puede salir bien desgraciadamente. Lola estaba embarazada, todo parecía feliz, pero la maldita burra hizo que mi querida esposa abortara. No tuve más remedio que asesinar a la burra que tanta felicidad me había arrebatado.

Mis ansias de matar crecían cada vez que algo malo sucedía, ya no me podía controlar, mi rabia podía conmigo. Quería que todo el mundo sufriera, yo no podía ser el único que lo hiciera y para conseguirlo hacía sufrir a los demás. Lo sé, soy un psicópata.

Te cuento esto madre para intentar justificar lo que nunca podré justificar, tu asesinato a manos de tu propio hijo. Todas las penurias que he pasado a lo largo de mi vida me han llevado a esto, a estar en la cárcel condenado a muerte, cosa que me merezco, por todo el dolor que he causado.

El momento que hizo consolidar todo mi odio hacia ti fueron aquellos días en el pueblo. Lola, tú y yo vivíamos juntos. Esa fue la peor etapa de mi vida. Había continuos comentarios inoportunos sobre el niño cuya muerte tanto dolor me había causado. Cómo se os ocurrió hacerme eso, sabíais que había sido el momento más duro de mi vida y no teníais ningún tipo de pudor en hacer comentarios sobre ello.

Eso me ocasionó más odio interno del que ni te puedes imaginar. Como sabes yo me marché del pueblo, casi sin que lo supierais. Lo que no sabes es la verdadera razón por la cual lo hice. Esa razón es simplemente que si me hubiera quedado os hubiera matado, a las dos. Mi odio hacia vosotras era incontrolable.

Llegué hasta Coruña, dónde salen los barcos hasta las américas. Nada más llegar me di cuenta de que el dinero no me daba y desgraciadamente me tuve que volver

La gota que colmó el vaso fue cuando a la vuelta Lola cayó muerta al intentar contarme que estaba embarazada de otro hombre. Justamente del hombre al cual más rencor y odio tenía: Paco, “el estirao”. La muerte de Lola terminó consumiéndome por dentro, mi alma era oscura completamente. Si hubiera encontrado a Paco en ese momento lo hubiera asesinado, no tengo ninguna duda. Menos mal que ahí estaba mi queridísima hermana Rosario, la única persona que me hacía retornar del lado oscuro. Ella me calmó, pero no fue suficiente, yo ya estaba perdido.

Un día me lo encontré por el pueblo y mi rencor resucitó instantáneamente. No le hice nada en un primer momento, tal como le había prometido a Lola, pero sus comentarios ofensivos hacia mí desataron mi rabia y lo terminé matando. Ya no había vuelta atrás. Ya había destrozado tantas vidas que me era imposible seguir viviendo normal.

Mi alma se desvanecía aquella noche la cual te maté. Llevaba muchos días pensándolo y finalmente lo hice. Te maté, te maté como si nada. Había matado a mi madre, la persona que me trajo a este mundo y ni siquiera lloré. Ni siquiera te maté yo, yo ya ni existía en este mundo, solo era un cuerpo sin alma deambulante.

Te he escrito esta carta,madre, la hora antes de ser ejecutado a garrote, pues en lo único que pienso ahora es qué hubiera pasado si nuestra vida hubiera sido diferente. Y si papá y tú nunca os hubierais pegado, y si Manuel nunca hubiera muerto y si mi hijo no nos hubiera dejado,  y si Lola estuviera viva…

Pero eso ya da igual ahora, supongo que yo estaba destinado a esta vida. Nos vemos arriba, aunque ahora que lo pienso creo que no tendrás muchas ganas de verme.

Pascual

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