Mujeres del mundo en defensa la II República

Cartilla racionamiento
Cartilla racionamiento

La guerra civil española fue el preludio del enfrentamiento que tras nuestra contienda enfrentó en el mundo al fascismo con las democracias occidentales. Es de sobra conocido que los sublevados contaron con mucha más ayuda –sobre todo de Italia y Alemania- que el gobierno republicano; y que, sin duda, esta ayuda fue decisiva para el desenlace final de la guerra. Pero en lo que venció de forma rotunda la República fue en la calidad de los que vinieron en ayuda de ambos bandos. Mientras que el bando franquista se nutria de mercenarios, la República recibió la ayuda de hombres y mujeres a los que solamente movía su idealismo y su tenaz resistencia al avance del fascismo.

La ayuda humana a la República quedo sobre todo reflejada en las Brigadas Internacionales, integradas por héroes y heroínas de 54 nacionalidades. Los primeros brigadistas llegaron a España el 14 de octubre de 1936 y prácticamente sin tiempo a descansar entraron en combate. Sobre estos héroes se han vertido ríos de tinta, pero mucho menos papel se ha gastado en darnos a conocer a las mujeres – en torno a las 600- que vinieron dispuestas a defender la libertad y la democracia, muchas de ellas dejaron su vida en los campos de España. Es a todas estas mujeres que dejaron sus vidas en sus países de origen a las que va dedicado este artículo. Sirva como homenaje a su memoria.

Esencialmente las mujeres que se incorporaron a las Brigadas Internacionales fueron enfermeras, médicas; pero también conductoras de ambulancia, enlaces, traductoras, y en algunos casos combatientes en primera línea de combate. Pasemos a recordar a algunas de estas heroínas que lucharon con todas sus fuerzas por parar la barbarie del fascismo. No están todas las que fueron, pero si fueron todas las que están. Del amor que sentían por la causa republicana recordemos las palabras de la australiana Aileen Palmer –secretaria de la Unidad Médica británica- España fue la primavera de mi vida.

Como hemos comentado, muchas de estas mujeres prestaron servicios sanitarios como la norteamericana Lini de Vries, jefa del Hospital Americano nº 3, que en 1937 escribió una emotiva carta sobre lo que estaba viviendo en España: Tal vez nunca en la vida vuelva a estar con personas de tantos países y tan idealistas, inteligentes y nobles. Aquella era cruzada por la libertad del hombre. Salaria Kea, la enfermera nacida en Harlem, que ejerció con la Brigada Lincoln. Anteriormente Salaria había sido rechazada por la Cruz Roja aludiendo a que, al ser negra, causaría más problemas que ayuda pudiera dar. Salaria fue apresada por los franquistas, aunque afortunadamente logró huir. En 2007 en Nueva York se le tributó un homenaje dentro de la exposición Frente al fascismo Nueva York y la guerra civil española.  La también norteamericana Frederika Martin, que en una carta escrita el 20 de marzo de 1937 explicaba cómo era la vida de las enfermeras durante la contienda: es imposible que ninguna enfermera trabaje menos de 16 horas o más por día […] Estos pacientes son nuestros compañeros, son parte nuestra […] El mejor regalo que traje de España fue el sentido de la camaradería. Y como no mencionar a las 26 enfermeras belgas que prestaban sus servicios en el hospital de Onteniente, conocidas como Las mamás belgas.

Algunas de estas sanitarias dejaron su vida durante la contienda; como la alemana Augusta March asesinada por los franquistas en 1936; la británica Felicia Brown que falleció el 25 de agosto de 1936 en Tardienta (Huesca) cuando formada parte de una columna del PSUC. Felicia era también una excelente pintora que siempre decía como carta de presentación: Soy miembro de los comunistas de Londres y puedo luchar como cualquier hombre. O la judía alemana Margaret Timbal “Putz” muerta en combate.

Las hubo que destacaron por su heroísmo en las trincheras: la polaca Golda Friedmann que peleó bravamente en las luchas callejeras que se llevaron a cabo en Barcelona en agosto del 36. La norteamericana Marion Merriman que ingresó en las Brigadas junto a su esposo Robert, y que alcanzó el grado de sargento. La filósofa francesa Simone Weill, incorporada a la Columna Durruti.  La intrépida Elizaveta Parshina; esta soviética formó parte de un grupo de sabotaje conocido como Los niños de la noche, que comandaba el que posteriormente fue su esposo Artur Sprogis. Elizaveta nos dejó unas entrañables memorias La brigadista. Diario de una dinamitera en la guerra civil (Madrid, 2002)

Pero sin duda la que más destacó en el ámbito militar fue la argentina Mika Etchebère – Mika Feldman de soltera-. Llegó a alcanzar el grado de capitán, tomando el mando de una columna motorizada del POUM. Mika llegó a España junto a su esposo Hipólito Etchebère, que murió luchando en Guadalajara. El teniente coronel Perea decía de ella: usted es el mejor oficial del sector y que logra mantener en la compañía una moral ejemplar. Nos ha impresionado, tanto al general Kléber como a mí, ver que incluso enfermos, sus hombres no quieren abandonar el frente. Mika también nos legó sus memorias bajo el título Mi guerra de España (Barcelona, 1987).

Algunas de ellas pagaron su compromiso con la República con penas de cárcel: Sofía Mach, polaca de nacionalidad, que actuó como intérprete del SSI (Sistema Signos Internacional), hecha prisionera en Brunete y condenada a muerte, aunque posteriormente se le conmutó por 20 años de cárcel; perdiéndose su pista en la prisión de Santurrarán. También sufrieron las cárceles franquistas las francesas Elena Sensel Issarny, Antonieta Bressanini, Eugenia Cabannes; la yugoslava Arcadia Dienicht, o la holandesa Stepahni Calander.

Numerosas fueron también las mujeres que con su pluma lucharon a favor de la República, unas cubriendo la guerra como corresponsales, como fue el caso de las estadounidenses Martha Gellhorn – tercera esposa de Hemingway, considerada por muchos como la primera mujer corresponsal de guerra-; Louis Strong o Josephine Herbst. Habría que añadir a las fotógrafas Gerda Taro, esposa de Robert Capa, que murió en un trágico accidente durante la batalla de Brunete; y la húngara Kati Horna, contratada por el gobierno republicano para que hiciera fotografías sobre la guerra para posteriormente utilizarlas como propaganda. Kati estuvo en los frentes de Teruel, Aragón, Valencia y Cataluña.

Otras mujeres lucharon desde sus países dando todo el apoyo que podían a la causa republicana; sobre todo denunciando el perverso Tratado de No Intervención. Destacaron en esta labor las parlamentarias inglesas Eleanor Rathouse, Ellen Wilkinson, y, sobre todo, Katherine Atholl (duquesa de Atholl), conocida como La duquesa roja, autora de What I saw in Spain, en donde narró la cruel represión en Asturias en octubre de 1934.

Terminaré estas líneas con la declaración de una miliciana en el Comité Ejecutivo de Mujeres Antifascistas el 5 de diciembre de 1938: Mi corazón no puede permanecer impasible viendo la lucha que están llevando a cabo mis hermanos […] Y si alguien os dice que la lucha no es cosa de mujeres, decidles que el desempeño del deber revolucionario es obligatorio de todos los que no son cobardes.  Pocos días después esta mujer murió combatiendo contra los fascistas.

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