Las Brigadas Internacionales. Parte 2. Creación y reclutamiento

Como ya comentamos en el anterior capítulo, el 23 de octubre de 1936 se crea la División Orgánica de Albacete, con la intención de organizar rápida y eficazmente a todos los voluntarios que estaban llegando, y ante el avance franquista en todos los frentes, sobre todo en Madrid. Esta organización se encuadraría dentro del nuevo Ejército Popular de la República, en el que se fusionaba a casi todas las milicias políticas y sindicales

 

Anterior a esto y ya a finales de septiembre del 36, se reunieron en Moscú la Komintern y Profintern (Internacional sindical), donde se acordaba organizar a escala mundial la ayuda a los “revolucionarios” españoles haciendo un llamamiento a todos los trabajadores del mundo. De la administración de los fondos que se recaudaran se encargaron el francés Thorez, el italiano Togliatti y los españoles Largo Caballero, José Díaz y “La Pasionaria“.

Aunque al principio hubo reticencias del Gobierno republicano encabezado por Largo Caballero por la influencia que estaban ganando los comunistas españoles del PCE (a los anarquistas y troskistas les hacía menos gracia todavía), al final tuvieron que ceder ante la evidencia del abandono por parte de las democracias europeas, con el Pacto de no Intervención (Reino Unido y Francia), y la necesidad urgente de material bélico y soldados formados.

Esta ayuda militar urgente solo se la podía dar la Komintern. Pues la Internacional Comunista, que en esa época ya dominaba la URSS y Stalin, priorizó la política de creación y apoyo de Frentes Populares en Occidente, en unión con socialistas y anarquistas.

Además tanto la IOS (Internacional Obrera y Socialista) como la FSI (Federación Sindical Internacional) respaldaban el Tratado de No Intervención. Postura que mantenían igualmente la mayoría de los partidos socialistas europeos.

En París, en la sede del Partido Comunista Francés de la Rue Lafayete, llegaron a acuerdos para intensificar la recluta de voluntarios y solicitar el envío masivo de material bélico. Aunque estos trabajos siempre se hicieron desde la clandestinidad, pues la mayoría de los países penalizaban enrolarse a un ejército extranjero.

Más tarde, el 20 de octubre, una comisión fue a Madrid para preparar el terreno y entrevistarse con los más altos dirigentes republicanos y en concreto con el propio Manuel Azaña.

El Reclutamiento de Voluntarios

El visto bueno dado por el Gobierno de Largo Caballero para la formación de las Brigadas Internacionales puso en movimiento una máquina ya prácticamente montada. La intensa propaganda a favor de la democracia española iniciada nada más estallar la guerra había dado sus frutos, siendo muchos los voluntarios que, por medio de mil formas y procedimientos, pero irregular y caóticamente siempre, cruzaban la frontera. A pesar de todo, con casi todos los pronunciamientos favorables, se organizaría y se realizaría el verdadero alistamiento.

Habitualmente se entraba al territorio republicano por la frontera francesa pasando a pie por los Pirineos, aunque también se llegaba por mar a través de Barcelona y Alicante hasta que los submarinos alemanes lo hicieron imposible. Como dificultad añadida habría que sumar los recelos de los anarquistas, que controlaban los sindicatos ferroviarios, e impidieron muchas veces el fluído de voluntarios que consideraban comunistas.

Fueron sobre todo los partidos comunistas locales de toda Europa y del resto del mundo los que principalmente organizaron y coordinaron el reclutamiento y propaganda por todo el mundo. Pero también fue importantísimo el apoyo masivo de asociaciones izquierdistas muy variadas. Destacaron muchos partidos socialistas (aunque la mayoría apoyaron el Pacto de No Intervención), infinidad de sindicatos (comunistas, socialistas y anarquistas, y a pesar de las presiones de sus países que casi les inutilizaron) o asociaciones pacifistas o de ayuda humanitaria como El Socorro Rojo Internacional, Comité Mundial contra la Guerra y el Fascismo, Amigos de la España Republicana, etc.

Eran momentos en donde las noticias sobre España abrieron durante meses los titulares de los periódicos, por lo que era muy conocido lo que pasaba.

La base central de reclutamiento era París, en la famosa “Maison des Syndictas”, pero su red se extendía por todo el estado francés, teniendo las principales delegaciones en Marsella, Lyon, Toulouse y Perpiñán.

Hombres notorios en esta organización de alistamiento serían Maurize Thorez, Karol Swierczwski (más conocido como el general “Walter”) y José Broz “Tito”, más tarde dirigente de Yugoslavia. Destacaron también los exiliados italianos Togliati y Luigi Longo .

Aunque el control del reclutamiento por la Komintern era innegable, los voluntarios que empezaban a nutrir los batallones eran de muy variada condición, clase e ideología política. Esto reforzaba que las BB. II. debían ser una fuerza “democrática”, un frente popular en el que hubiera todo tipo de ideales progresistas y antifascistas. De hecho, su eslogan era muy abierto y genérico, un sencillo “los voluntarios de la Libertad“. Así como también su escudo, una estrella roja de tres puntas, símbolo de los frentes populares.

Albacete, Fortín de Babel

Esta comarca manchega tenía un gran valor estratégico y logístico, al ser el centro de las comunicaciones que enlazaban Madrid con Levante y Andalucía, estando alejada de los diferentes frentes de guerra. Además, sus alrededores tenían suficientes recursos agrícolas y ganaderos como para alimentar a un gran número de hombres.

La nueva División se le asignó en un principio al General Martínez Monje, hombre de toda confianza que había hecho fracasar el alzamiento en Valencia, pero pronto quedó claro que sería un organismo autónomo y que estaría gestionado por los consejeros de la Komintern.

Sin embargo, el tiempo apremiaba, Franco se estaba acercando a Madrid y una avalancha de extranjeros estaba a punto de presentarse en la capital manchega cuando oficialmente todavía no se habían formado las Brigadas. Pronto se tuvo que crear el llamado Comité de Organización, encargado de recibir a los voluntarios, vestirlos e instruirlos. Este comité se formó en un principio por los italianos Longo y Di Vittorio, el alemán Hans Khale y por el eslavo Kalmanovich. Más tarde se convirtió en Comité Militar, con Marty a la cabeza y el comandante Vidal como jefe del Estado Mayor.

Andrè Marty, político del PCF francés que organizó las primeras salidas de voluntarios desde París y hombre de confianza de Stalin, iba a ser la máxima autoridad de la base. Era secretario de la III Internacional y había protagonizado en 1919 una revuelta en un buque francés en apoyo de los bolcheviques. Por su insistencia con la disciplina y exigencias en batalla le llegaron a dar el calificativo de “el carnicero de Albacete”. No fueron pocos los disciplinados, encarcelados o incluso fusilados por motivos considerados graves.

El otro baluarte “político” era Luigi Longo (“Gallo”), gran revolucionario y al parecer más eficiente, abierto y humano que Marty. Su cargo oficial fue el de Inspector.

Respecto a las responsabilidades militares destacaron también los franceses. El jefe del Estado Mayor de la Base fue George Vidal junto al famoso coronel Vicente.

André Marty (centro) con Hans Kahle
André Marty y Luigi longo
La llegada a Albacete

Cuando los voluntarios llegaban a Albacete se les fichaba y reconocía en la Plaza de Toros, luego se les alojaba y encuadraba, marchando seguidamente a los centros de instrucción que estaban repartidos por pueblos de la comarca.

A La Roda iban los franceses y alemanes; a Madrigueras los italianos e ingleses; a Tarazona de la Mancha los polacos y a Villanueva de la Jara los balcánicos y americanos.

La instrucción era muy difícil y dura, y en muchos casos muy corta por las necesidades de guerra. Se impuso una disciplina militar muy severa, en donde no faltaban los castigos y cárcel por hechos graves como emborracharse en el frente. Todo para crear un ejército organizado y eficiente y no solo cargado de ilusión y fervor revolucionario (algo que el frente de Aragón demostró que no era suficiente).

Brigadistas recién llegados empezando la instrucción
Patio del Cuarte General en Albacete

Los primeros integrantes de las brigadas fueron los mismos que sobrevivieron en las primeras Centurias y Columnas de los primeros meses (junto a los que llegaban en ese momento desde la frontera), aunque muchos continuaron en sus milicias afines (anarquistas y POUM). Cada brigada estaría formada por entre tres y cinco batallones. Cuando a finales de octubre se consiguió organizar los primeros cuatro batallones se formó la primera Brigada, la número XI, siguiendo así la correlación numérica con los nuevos batallones que se estaban creando en el Ejército Popular.

La independencia de las BBII no sería total. Aunque no estaban subordinados al gobierno republicano, sí lo estaban en cuanto a operativos y tácticas. Los mandos militares eran nombrados por la cúpula de las Brigadas, pero para el nombramiento de comandantes y jefes del Estado Mayor tenían que ser autorizados por las autoridades del Ejército Popular Regular de la República.

En el siguiente capítulo veremos la formación de las primeras cinco Brigadas  Internacionales, quizás las más carismáticas y conocidas.

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