La memoria subterránea

Visita a un refugio antiaéreo

El grupo se coloca en los diferentes cubículos del pasillo; los menos, sentados en una banqueta y apoyando sus espaldas contra la pared polvorienta; los más, de pie, compartiendo su espacio personal con gente que ha conocido hace tan solo unos minutos. La niña, que hasta ahora no se ha separado de su abuelo, mira divertida cómo encienden la vela que lleva entre las manos. Es entonces cuando empieza a sonar una fuerte sirena, una alarma que avisa del avistamiento de aviones del bando sublevado. A continuación, empieza a atronar el sonido de las explosiones. Algunas se escuchan tenues, lejanas; otras hacen retumbar las paredes del refugio con su estruendo. Los sonidos se van sucediendo hasta que tiembla el refugio y las luces eléctricas se apagan, dejando como única luz el tenue resplandor de la vela, que ilumina los ojos bien abiertos de la niña.

Aunque no lo parezca, estamos en 2017, a no mucha distancia de las calles más comerciales de Alicante y de su puerto deportivo. Esta recreación, parte del recorrido por uno de los muchos refugios antiaéreos de la ciudad, hace que los visitantes se pongan en la piel de aquellos que, huyendo de los aviones del ejército rebelde, del italiano y del alemán provenientes de las bases de las Islas Baleares, entraban para salvar su vida sin saber cuándo iban a poder salir de allí y volver a su casa, si es que esta seguía en pie. Gente que al menos esta vez tenían la fortuna de poder guarecerse, a diferencia de las trescientas personas, en su mayoría mujeres y niños, que perecieron cuando una bomba les cayó del cielo en pleno Mercado Central, mientras compraban algo de comida para poder subsistir en los momentos más crudos de la contienda.

Durante los casi tres años que duró la guerra civil, Alicante sufrió casi cien bombardeos por parte de las tropas fascistas, de los cuales, la mitad se produjeron en 1938. Debido a ello, se construyeron numerosos refugios que ahora el ayuntamiento de la ciudad, a través de su concejalía de memoria histórica, está catalogando, restaurando y dando a conocer a todo aquel que quiera acercarse al centro de interpretación. Este centro, que pronto será ampliado, se encuentra junto al refugio de la plaza de Séneca, donde tiene lugar la recreación antes mencionada, y que fue descubierto durante las obras de rehabilitación de la plaza tras el derribo de la vetusta estación de autobuses que antes albergaba. Fue entonces cuando se descubrió a ras de suelo una enorme placa de hormigón armado con dos escaleras separadas por 20 metros y que bajaban a cada uno de los extremos de este pasillo subterráneo con numerosos cubículos a cada lado.

Durante la visita, llama la atención las numerosas inscripciones que se conservan en las paredes dando indicaciones de cómo comportarse para hacer llevadera una estancia insufrible. Entre esas indicaciones, las que más pueden llamar la atención son aquellas que dicen que “el espía oye” y que “el ojo ve”, recordando a los ocupantes que la persona que se hacina junto a ellos puede ser alguien del otro bando que también busca refugio.

Durante la visita que actualmente ofrece el ayuntamiento, no solo se accederá a este pasillo refugio, sino que también se podrá conocer, siempre acompañado de un guía, el refugio que permanece bajo la ahora tranquila plaza del Dr. Balmis y cuya estructura no podría ser más diferente. Aunque también es subterráneo, este otro refugio fue construido en una de las zonas más pudientas de Alicante y en él podremos ver restos de algunas de las cenefas que adornaban la estancia. Para algunos, la decoración no estaba reñida con la supervivencia.

En estas fechas en las que muchos nos acercamos a la región alicantina a sobrellevar los calores estivales, merece la pena llevar a cabo esta visita para poder entender mejor lo que sufrió nuestro pueblo en una de nuestras horas más oscuras.

Para más información:
http://www.alicante.es/es/noticias/memoria-historica-ofrece-nuevo-programa-visitas-guiadas-al-refugio-plaza-seneca

Print Friendly, PDF & Email