Hipatia de Alejandría, mártir de la Ciencia

Historia de una mujer excepcional

Si hay algún símbolo que defina la lucha entre el conocimiento y la búsqueda de la verdad, frente a la irracionalidad y la intolerancia, esa es Hipatia.

Hipatia fue una mujer que llegó a ser directora del Museo de Alejandría por méritos propios, en un mundo masculino, entre los siglos IV y V, que no dejaba ningún resquicio a la formación y libertad de las mujeres. Lo que sin duda lo hace más grande aún.

Con su asesinato desapareció definitivamente la irrepetible Biblioteca y Museo de Alejandría, la mayor acumulación de conocimiento de la Edad Antigua, pues ella fue su última directora.

Hipatia nació en Alejandría en el año 370 d.C., así pues, en plena decadencia del imperio romano, al que todavía pertenecía el Egipto helenizado y romanizado siglos antes.

De su madre no tenemos referencias, sin embargo, su padre era bastante conocido, Teón de Alejandría, gran filósofo y matemático de la época; fue además el referente y maestro de su hija en su formación. Teón además trabajaba en el Museo y era reconocido como un gran erudito.

Teón quería que su hija fuera un individuo “perfecto” y así le fue impuesto un régimen de aprendizaje, tanto intelectual como físico, desde que era una niña.

Por las mañanas temprano empezaba con varias horas de ejercicios físicos para mejorar el estado de forma. Después de unos baños relajantes a mediodía, dedicaba la tarde al estudio de ciencias, artes y música (imprescindible en el modelo de formación griego).  Todos estos cuidados en su educación tuvieron su fruto e Hipatia superó ampliamente a su padre en conocimiento y sabiduría.

Para completar su formación viajó a Italia y Atenas, donde adquirió grandes conocimientos de filosofía e incluso llegó a trabajar de profesora. Sus conocimientos principales abarcaban la astronomía, matemáticas, mecánica, física, filosofía y lógica.

A su vuelta a Alejandría se convirtió en la mente más reconocida de su época, se dedicó tanto a la enseñanza como a la investigación. Para escuchar sus lecciones venían gentes de todo el mundo conocido, sobre todo su explicación de “La aritmética de Diofanto”, en donde se hablaba de ecuaciones de primer y segundo grado. Son precisamente las matemáticas la ciencia que más ha trascendido de su conocimiento y por la que actualmente es más conocida.

En investigación destacan sus aportaciones a la astronomía en la creación del astrolabio y la esfera plana. En física creó un dispositivo de obtención de agua destilada y otro para medir los niveles de los líquidos. Además, hizo grandes estudios sobre el peso específico de los líquidos, inventando un densímetro.

Sin embargo, su pasión fue la Filosofía a consecuencia de su paso por Atenas, y llegó a convertirse en uno de los grandes miembros del pensamiento Neoplatónico. De hecho, sus compañeros del Museo la llamaban “la Filósofa”. Su casa siempre estuvo abierta a quien quisiera aprender de sus ideas.

Alrededor del año 400 su inteligencia y dedicación científica se vieron recompensadas con su elección como directora del Museo y la Biblioteca.

No tuvo mucha suerte, pues corrían malos tiempos para la ciencia y el pensamiento libre. Desde el año 391 el cristianismo se convierte en religión oficial y única del Imperio, prohibiéndose todos los cultos paganos.

Hacía más de 400 años que la Biblioteca se había trasladado al Templo de Serapis y esto fue su sentencia de muerte. Las nuevas hordas cristianas, inspiradas por el obispo Teófilo, consideraban todo el conocimiento griego y científico como pagano. Todo lo que no viniera de la Biblia era destruído, incluidos todos los templos no cristianos.

                                                                                                        

Fueron unos años muy difíciles, con grandes revueltas y muertes. Hipatia y unos seguidores consiguieron sobrevivir, en parte porque el gobernador romano le ayudó frente a la nueva jerarquía cristiana cada vez más poderosa.

Sin embargo, la crisis continuaba, a los problemas religiosos se unió una gran crisis económica y social, pues el sistema económico esclavista de producción había llegado a su límite. Al cabo de pocos años un tal Cirilo, sobrino de Teófilo, se convirtió en el nuevo Obispo de Alejandría.

En el año 415 Hipatia se dirigía a trabajar a lo que quedaba del Museo cuando un grupo de seguidores de Cirilo la apresaron. El odio era tan grande hacia ella, pues representaba la ciencia pagana y encima mujer, que le fue arrancada la piel con conchas y posteriormente descuartizada. Con ella murió el último resquicio de racionalidad y pensamiento científico del mundo antiguo.

Cuesta creer que la Iglesia católica considere a San Cirilo de Alejandría como “padre y doctor de la Iglesia”, su “gran” aportación a la humanidad fue su lucha contra el paganismo y la herejía de Nestorio. Mientras que los sabios de su ciudad se habían preocupado, durante siglos, por investigar, aprender y desarrollar ciencia desde un punto de vista racional, la lucha de Cirilo contra Nestorio fue si la Virgen María era “madre de Dios” o “madre de Cristo humano” (un tema sin duda apasionante).  Entre los nombres con los que todavía la Iglesia Oficial sigue denominando a Cirilo destacan algunos como “Caudillo de la Ortodoxia”, “Juez del Orbe de la Tierra”, “Doctor del Dogma de la Encarnación” y “Defensor de la fe católica”. Sin comentarios.

Como compensación por su trabajo Cirilo fue más tarde elevado a los altares como santo por la Iglesia, cada 27 de junio el santoral católico nos recuerda lo que, para ellos, y las religiones en general, significa el conocimiento y la ciencia.

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